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Gary O'Neil y el desafío emocional antes del partido

Gary O'Neil afronta uno de esos fines de semana que ponen a prueba algo más que la pizarra. El técnico llega a un partido grande apenas unos días después de la muerte de su padre, con el duelo todavía a flor de piel y la obligación profesional de mantener firme el timón del vestuario.

“Las últimas 24 horas han sido duras”, admitió, dejando ver la carga emocional del momento. Entre el dolor y la rutina, se ha repartido entre su familia y el equipo, tratando de sostener a ambos. El luto seguirá, los recuerdos también, pero O'Neil ha decidido que el foco, al menos durante 90 minutos, esté en el césped. “Estoy deseando llevar al club a un gran partido mañana”, remató, casi como una promesa.

Un once sin jerarquías fijas

Lejos de refugiarse en automatismos, O'Neil dejó claro que su equipo no funciona por decreto. No hay un once intocable, ni una alineación grabada en piedra. Todo se mueve.

“La alineación no está fijada y no estoy atado a un once inicial”, explicó. Cada jornada se convierte en un examen: forma, rendimiento, rival. Quien se gane el puesto, juega. Quien se relaje, se sienta. Esa es la lógica competitiva que quiere imponer.

Parte médico y un parón que llega a tiempo

En lo físico, el panorama es casi ideal. Solo Jack Taylor sigue fuera, aunque ya ve la luz al final del túnel. O'Neil reconoció que el parón internacional llega en el momento justo para el centrocampista, que está “muy cerca” de volver. Si no surgen contratiempos, tendrá una plantilla prácticamente completa tras el descanso liguero.

Azor Matusiwa es el otro nombre propio. El mediocentro ya trabaja con el grupo, participa en los ejercicios de 11 contra 11 y acumula carga, pero el cuerpo técnico no quiere precipitarse. Ha estado fuera demasiado tiempo como para lanzarlo al fuego sin red. “Tenemos muchos centrocampistas y muchos jugadores en forma”, recordó el técnico, que busca el instante preciso para reinsertarlo en la rotación. Estará disponible mañana; otra cosa es cuánto y cómo participe.

Buenas noticias también con Emersonn Correia da Silva. El problema en el cuádriceps ha quedado atrás tras una semana limpia de sobresaltos y minutos útiles en el último partido. “Está bien y disponible”, confirmó O'Neil, que suma así una pieza más en ataque.

Dos victorias, un aviso y un examen llamado Everton

El arranque de temporada ha dejado dos triunfos ante rivales alejados del escaparate de los “grandes clubes”. Para O'Neil, no es un detalle menor. Son puntos que construyen confianza y cimentan el proyecto. “Las dos victorias han sido excelentes para nosotros”, valoró, aunque no se dejó llevar por la autocomplacencia. Falta pulir, falta crecer. Y el próximo obstáculo sube el nivel.

Everton aparece en el horizonte como una prueba seria. Su fortaleza en casa es conocida y el técnico no se engaña: el escenario será hostil, el margen de error, mínimo. “Serán una prueba. Son excelentes en casa, siempre lo son”, reconoció.

Pese a todo, el mensaje hacia dentro es de convicción. El equipo ha entrenado bien, la preparación ha sido intensa y el vestuario viaja con fe. O'Neil lo resumió con una frase que suena a declaración de intenciones: entra en el partido con “confianza y una enorme creencia” en los suyos.

En medio del dolor personal y de la exigencia competitiva, el técnico se planta ante un cruce que puede decir mucho de su grupo: cómo compite, cómo responde bajo presión, cómo sostiene el paso cuando el calendario aprieta y la vida golpea fuera del campo. La respuesta, como siempre, llegará cuando ruede el balón.