Kimmich: ¿es el verdadero líder que necesita la nueva Alemania de Klopp?
La era de Jürgen Klopp al frente de la selección alemana ni siquiera ha echado a rodar del todo y ya tiene su primera gran polémica. Max Kruse, 38 años, exinternacional con 14 partidos a sus espaldas, ha puesto el dedo en la llaga: para él, en el vestuario de la Mannschaft faltan líderes de verdad. De los de arista afilada, carácter incómodo y peso propio. Y en ese diagnóstico, Joshua Kimmich sale señalado.
Kruse se alineó públicamente con la tesis, muy discutida en su día, del exdirector de la selección Oliver Bierhoff: Alemania ha ido perdiendo figuras con personalidad fuerte, tipos reconocibles, hasta convertirse en un grupo demasiado plano. “Todo se ha alisado”, lamenta el exdelantero, que mira con desconfianza al gigantesco grupo de 44 jugadores convocados por Klopp.
En ese contexto, su juicio sobre el capitán del Bayern München es tajante. Kimmich, 31 años, brazalete en el club y voz influyente en el vestuario, no encaja en su idea de jefe sobre el césped. “Para mí, Joshua Kimmich tampoco es un jugador líder, a pesar del brazalete en el Bayern”, sostiene Kruse.
No se queda ahí. Explica su concepto de mando en el campo, muy alejado de la simple simbología. Para él, el liderazgo no se reduce a una cinta en el brazo ni a ir fuerte al choque. Es presencia, gestión de momentos, capacidad de arrastrar al resto cuando el partido se tuerce. “El liderazgo no se muestra solo a través del brazalete de capitán y las entradas duras, el liderazgo es mucho más. Para mí, Kimmich no es el hombre adecuado para eso”, remata el exinternacional.
Klopp se planta: Kimmich, eje del centro del campo y líder central
Mientras fuera se discute su figura, dentro Klopp lo tiene clarísimo. El nuevo seleccionador ve en Kimmich una pieza estructural, tanto en el juego como en la jerarquía del grupo. Y, sobre todo, lo quiere donde el jugador siempre ha dicho sentirse más cómodo: en el centro del campo.
En el último Mundial, las urgencias obligaron a desplazarlo al lateral derecho. Un parche. Una solución de emergencia. Esa etapa, para Klopp, está cerrada. El técnico lo dejó cristalino al hablar de su plan para el futbolista del Bayern: “Lo vemos como centrocampista. No hemos tenido ni una sola conversación en la que hayamos hablado de él como lateral derecho”.
Nada de dudas, nada de experimentos. Kimmich volverá a organizar por delante de la defensa, como ancla del equipo y primera pieza del engranaje defensivo. Ahí quiere Klopp a su capitán sobre el césped: en el corazón del juego y en el foco de la responsabilidad.
El entrenador, eso sí, no le regala nada. Le lanza un desafío directo, casi un aviso a todo el vestuario: la nueva Alemania se construirá desde atrás. “La estabilidad solo viene desde la defensa, desde cómo trabajas defensivamente, y para eso necesito a cada uno”, subraya el técnico. No hay excepciones. “De lo que se trata ahora es de que nos comprometamos con eso. Eso se aplica a Jo igual que a todos los demás”.
El mensaje es claro. Klopp blinda públicamente a Kimmich como líder y mediocentro, pero le exige que encarne esa idea de sacrificio colectivo, de solidez sin balón, que ha marcado toda su carrera en los banquillos. Afuera, Kruse reclama líderes con aristas. Dentro, el seleccionador apuesta porque Kimmich se convierta precisamente en eso.
La cuestión, en realidad, ya no es qué piensa cada uno, sino qué versión de Kimmich verá el mundo cuando la nueva Alemania de Klopp empiece a competir de verdad.





