PSG manda en el clásico ante Marsella y se aferra a la Ligue 1
El marcador dice 2-1. La historia del partido, bastante más.
PSG necesitaba algo más que tres puntos. Venía de un arranque doméstico áspero, lleno de dudas, y se plantaba ante un Marsella siempre hostil, siempre dispuesto a aguarle la tarde al gigante parisino. El guion previo hablaba de goleada, de paseo, de “baño” asegurado. El césped contó otra cosa: un clásico tenso, trabajado, con un Paris Saint-Germain dominante pero obligado a sufrir hasta el final.
El triunfo, sin embargo, no admite discusión.
Desde el inicio, el equipo parisino impuso ritmo y territorio. Mandó en la posesión, encontró espacios entre líneas y fue acumulando ocasiones que, en cualquier otra noche, habrían inflado el resultado. Marsella resistió como pudo, agarrado a su orgullo y a un plan defensivo que, aunque por momentos se resquebrajó, mantuvo vivo el partido hasta el pitido final.
Ahí apareció la figura de Vitinha, no solo en el césped, también en el discurso. Camino de la zona mixta, el centrocampista portugués cortó de raíz la narrativa de la supuesta decepción por no haber goleado.
“Decís que todos esperaban una paliza, pero nosotros no, os lo aseguro. Siempre es difícil jugar aquí”, recordó, citado por MaxiFoot, con la serenidad de quien sabe lo que acaba de firmar su equipo.
La presión acabó teniendo premio. PSG encontró los huecos, golpeó cuando debía y sostuvo la ventaja cuando el partido se calentó. El 2-1 final deja la sensación de marcador corto para lo que se vio durante muchos tramos: un conjunto visitante que manejó los tiempos, aceleró por fuera, filtró pases por dentro y generó suficientes ocasiones como para matar el clásico mucho antes.
Vitinha lo subrayó sin rodeos: “Marsella tiene un buen equipo y lo ha demostrado hoy. Creo que hicimos lo necesario para tener una ventaja de varios goles, pero al final ganamos 2-1. Tuvimos muchas ocasiones, así que el resultado ni se discute. Esta victoria es totalmente merecida”.
La frase resume el sentir del vestuario parisino. No hay lamentos por la falta de goleada, sí satisfacción por un triunfo que puede marcar un punto de inflexión en la Ligue 1. Ganar en un contexto hostil, con la presión externa exigiendo espectáculo y con un inicio de temporada bajo la lupa, vale algo más que una simple victoria.
Ahora, el club se detiene, pero los jugadores no. Llega el parón internacional y Vitinha cambia de chip. Del escudo del PSG al de la selección de Portugal, con la UEFA Nations League en el horizonte inmediato.
La agenda lusa aprieta: duelo ante Gales el 24 de septiembre, después doble cita frente a Noruega el 27 de septiembre y el 4 de octubre, con un compromiso intercalado ante Dinamarca el 1 de octubre. Un calendario comprimido, sin respiro, que pondrá a prueba tanto al centrocampista como al bloque portugués.
Vitinha se marcha con la sensación de misión cumplida en París. Deja atrás un clásico que no fue la goleada que muchos pronosticaban, pero sí una victoria que refuerza el mensaje: este PSG, incluso en construcción y bajo sospecha, sigue sabiendo ganar donde más duele.






