Sullivan y el nuevo ciclo de la USMNT
El niño prodigio ya está aquí. Con apenas 16 años, Sullivan aterriza en su primer campamento con la USMNT con una mezcla de expectación, curiosidad y una certeza silenciosa dentro del cuerpo técnico: el chico no está por el ruido, está por lo que hace con el balón.
Su ascenso no es nuevo. Lleva años en el radar, pero esta temporada la producción, por fin, ha alcanzado a la fama. Goles, asistencias, impacto real en partidos de verdad. Eso es lo que ha convencido a Pochettino, un entrenador que no se deja impresionar por las redes sociales, sino por el rendimiento.
“Se merece todos los elogios que está recibiendo”, subrayó el técnico. “Está rindiendo bien. Da asistencias, marca goles, y tiene 16 años. Lo importante es ayudarle, estar con él, darle una estructura sólida y apoyo, porque todavía necesita demostrar, mejorar, evolucionar y ser más maduro. Es un niño, pero se ha ganado la oportunidad de estar con nosotros en la selección”.
La apuesta es clara: exponerle al máximo nivel cuanto antes, incluso a riesgo de que falle. De eso va este campamento. Sullivan puede llegar y dominar como ha hecho casi en cada escalón que ha pisado, o puede chocar con el techo de un fútbol más duro, más exigente. En el fondo, el resultado inmediato importa menos que el proceso. Lo que cuenta es que tenga el escenario para probarse.
Cada una de estas convocatorias suma experiencia, cicatrices, aprendizaje. Si la idea es tenerle listo para ser una estrella con 20 años, en 2030, no hay tiempo que perder. El foco ya está sobre él, como casi siempre. Ahora el siguiente paso depende solo de Sullivan.
Pulisic, ausente y con cuentas pendientes
La gran ausencia tiene nombre propio: Pulisic. Viene de una lesión, apenas ha reaparecido esta temporada, y arrastrarlo a un viaje transatlántico para cuatro partidos en dos semanas habría sido una temeridad deportiva y física. La lógica médica se ha impuesto.
Eso no quita que sea un problema. Sin él, los relatos que quedaron tras un Mundial decepcionante siguen flotando en el ambiente, sin posibilidad de respuesta inmediata. Hay sectores de la afición que le exigen más carácter, más pasión, más liderazgo visible. Este otoño no tendrá escenario para contestarles.
Para Pulisic, es una realidad incómoda. Tiene algo que demostrar, pero el juicio se aplaza. Su proceso de reivindicación tendrá que empezar en otra ventana, en otro contexto, con el reloj del próximo Mundial todavía marcando cuatro años por delante.
Pochettino, mientras tanto, traza otra hoja de ruta. “Ahora el enfoque es completamente diferente al del pasado”, explicó. “El Mundial es en cuatro años. Tenemos que trabajar con objetivos distintos y metas distintas, y por diferentes razones esta lista es la mejor que podemos diseñar para este campamento”.
El regreso de Musah: una segunda oportunidad
En medio de las nuevas caras y las ausencias ilustres, hay un regreso que pesa: Musah vuelve a la USMNT tras más de año y medio fuera del mapa. Y no vuelve por nostalgia, sino por méritos recientes.
Su trayectoria reciente ha sido áspera. Se estancó en Milan, no encontró demasiada alegría en su cesión a Atalanta. Pocas certezas, poca continuidad. Ahora, de nuevo en Milan y con minutos importantes, el mediocampista ha recuperado confianza y, con ella, la fe de Pochettino.
Tiene 23 años, pero en este grupo se mueve casi como veterano. Aun así, su techo está lejos de haberse definido. Su desarrollo ha sido todo menos lineal, lleno de frenazos y desvíos, pero le ha devuelto al lugar que deseaba: la selección.
“Yunus sigue siendo joven”, recordó Pochettino. “No estuvo en el último Mundial, pero ahora, viendo desde el inicio de la temporada que está rindiendo como esperamos… algunos jugadores pueden jugar todo el partido y no rendir como queremos. Por eso le llamamos de nuevo. Está todo muy abierto, como para el resto de jugadores”.
Esta concentración es, para él, algo más que una simple convocatoria. Es un examen de reingreso. Necesita convencer, dejar una segunda impresión fuerte, consolidar que su nombre vuelve a contar en los planes de futuro. Si responde, este campamento puede marcar el punto de inflexión de su carrera internacional.
Un nuevo ciclo, viejas jerarquías en riesgo
De los 28 jugadores llamados, solo 13 estuvieron en el Mundial de este verano. Los pilares siguen: Tyler Adams, Chris Richards, Antonee Robinson, Sergiño Dest, Matt Freese. Las ausencias entendibles también: Pulisic, Weston McKennie, Folarin Balogun, todos con problemas físicos. Tim Ream, a sus 38 años, queda en una especie de limbo: no está, pero tampoco ha anunciado adiós, y Pochettino no ha cerrado la puerta.
Para los que no fueron titulares en ese Mundial, el panorama se ha endurecido. Matt Turner, Max Arfsten, Mark McKenzie, Joe Scally, Cristian Roldan, Brenden Aaronson, Tim Weah, Alejandro Zendejas… todos con experiencia mundialista, todos ahora fuera de la lista.
El mensaje del seleccionador es firme: nadie está vetado, nadie está blindado. Pero cuando se ensancha la base del grupo, los que ocupaban los puestos 15 al 26 en un Mundial son los primeros en sentir el aliento en la nuca. La competencia ya no es teórica; ha empezado.
“La puerta está abierta para todos”, insistió Pochettino. “Es un nuevo comienzo. Es un nuevo ciclo. No se trata de lo que pasó hace un año, año y medio, o en el Mundial. Es un inicio fresco. Esta es la lista que consideramos la mejor para este periodo”.
Albert, el proyecto a largo plazo
Hay un caso que resume mejor que ningún otro hacia dónde mira Pochettino. Si Albert disputa 93 minutos en este campamento, habrá jugado más con su selección absoluta que con su club. Y aun así, el técnico ha decidido que merece estar aquí.
No es un premio a su impacto inmediato. A diferencia de Sullivan, Neil Pierre o Adri Mehmeti, su convocatoria no se explica solo por lo que ha hecho sobre el césped en partidos oficiales. El matiz es contundente: juega en un gigante europeo. Dortmund confía en él, le ha acercado al primer equipo con apenas 17 años. Ese tipo de respaldo no se regala.
Albert es el más verde del grupo, pero quizá también el que tiene el techo más alto. Pochettino quiere verle de cerca, entender qué tipo de futbolista puede llegar a ser, medirle en un entorno exigente y controlado. Para el jugador, es una clase acelerada de fútbol internacional; para la selección, una inversión a futuro.
Este campamento, al final, funciona como una radiografía del nuevo ciclo: jóvenes lanzados al fuego, veteranos cuestionados, estrellas con cuentas pendientes y proyectos a largo plazo puestos bajo la lupa. La USMNT se reconfigura. Y los que sepan aprovechar este momento no solo se ganarán un puesto en la próxima lista, sino un lugar en la selección que quiere llegar a 2030 con algo más que promesas.






