Celtic se desangra ante Ferencvaros en su estreno europeo
Celtic Park pasó en noventa minutos de la esperanza al hartazgo. Del murmullo ilusionado al abucheo áspero. Ferencvaros se llevó un 1-3 que desnuda, otra vez, las mismas grietas defensivas que ya habían quedado expuestas en el Old Firm y en la eliminación de la League Cup.
Martin O'Neill había prometido reacción tras el golpe ante Rangers. Lo que obtuvo fue un calco: errores en cadena atrás, falta de contundencia en las áreas y una grada que empieza a perder la paciencia.
Buen arranque, mismos viejos fantasmas
El partido no nació torcido. Al contrario. Celtic entró con ritmo, con James Forrest encendido por la izquierda, como si rebobinara sus mejores años. A los ocho minutos, su centro encontró a Camilo Duran dentro del área. Doble control, disparo… y el balón se marchó rozando el poste. Primer aviso, primer suspiro ahogado.
El dominio era claro, la pelota era verde y blanca. Pero el marcador, en cuanto Ferencvaros se asomó, se tiñó de verde húngaro.
Al 20’, Kieran Tierney midió mal un centro desde la derecha. El balón cayó a los pies de Bamidele Yusuf, que armó el disparo. La trayectoria se desviaba en Liam Scales y la pelota terminaba en propia puerta. 0-1 y la sensación de déjà vu: un fallo individual, un castigo inmediato.
Ferencvaros olió la inseguridad. Daniel Arzani encaró a Cameron Carter-Vickers y obligó a Viljami Sinisalo a una buena estirada a los 23 minutos. Celtic respondía con llegadas, centros de Forrest, apariciones de Haissem Hassan, un disparo de Callum McGregor desviado a córner. El equipo producía, pero no mandaba.
El espejismo del empate… y el mazazo al instante
Cuando el descanso asomaba y el murmullo crecía, Celtic encontró aire. Minuto 44. Tierney, esta vez sí, puso un centro tenso desde la izquierda. Mika Baur atacó el balón y lo reventó hacia la red. Gol y estallido en Celtic Park. El momento perfecto para cambiar la historia del partido.
Duró segundos.
En la siguiente jugada, el equipo de O'Neill se autodestruyó. Yusuf ganó el duelo a Tierney, McGregor llegó tarde para despejar y el balón quedó servido para Kristoffer Zachariassen. Toque sutil, balón por encima de Sinisalo y 1-2 en el 45+1. Del éxtasis al estupor en un parpadeo.
Los goles, otra vez, nacían de errores propios. No de la brillantez rival, sino de la fragilidad de un bloque que se rompe con demasiada facilidad.
Arzani sentencia y los cambios no responden
Si O'Neill buscaba ajustar cosas en el descanso, el plan se vino abajo nada más reanudarse el juego. Minuto 47. Pérdida absurda en salida de balón, desorden general, y Daniel Arzani cazó el regalo en la frontal. Control, latigazo a la escuadra. 1-3. Silencio pesado en la grada.
El tanto dejó tocado a Colby Donovan, recién convocado con Escocia esta semana y señalado en la acción del tercer gol. Un debut europeo para olvidar en una noche que exigía jerarquía atrás y ofreció dudas.
Celtic lo intentó a empujones. Carter-Vickers buscó en largo a Duran, que sirvió un centro que Kasper Hogh no llegó a rematar por centímetros. Benjamin Nygren probó con un disparo cruzado que se marchó cerca del palo. Sebastian Tounekti obligó a Adam Varga a una buena parada con un tiro potente desde la frontal. Nygren, acto seguido, intentó sorprender desde lejos con el portero adelantado, pero su remate salió por encima del larguero.
Hubo ocasiones. Hubo intención. No hubo colmillo ni claridad para meterse de nuevo en el partido.
Fichajes que no despegan y un once sin dueño
O'Neill movió el equipo con cuatro cambios respecto al once que cayó ante Rangers. El impacto fue mínimo. Ni se blindó la defensa ni se vio una versión más afilada arriba.
Las miradas empiezan a posarse sobre los nombres propios del verano. Duran, Hogh… fichajes pensados para marcar diferencias en noches como esta, todavía lejos de ese nivel. El contraste con la responsabilidad que asumieron veteranos como Forrest resulta inevitable.
El propio técnico reconoce que sigue buscando su mejor once. El calendario, sin embargo, no espera. El margen para experimentar se encoge cuando encadenas dos derrotas seguidas y el siguiente partido es, de nuevo, ante Rangers.
“Lección europea” y una grada que ya no perdona
Tras el pitido final, los abucheos fueron claros. No sorprendieron a O'Neill, que recordó haber vivido algo similar hace 25 años. Pero el ruido no deja de ser un mensaje: la hinchada no compra excusas cuando los goles en contra nacen una y otra vez de decisiones mal ejecutadas y pases hacia atrás que matan cualquier intento de agresividad.
El técnico habló de una “lección europea”, de la necesidad de “re-energizarse” y de no regalar la posesión cuando el equipo está bien plantado. También de asumir riesgos, pero en las zonas correctas del campo. Justo lo que Celtic no hizo ante Ferencvaros.
Lo preocupante no es solo el resultado, sino el patrón. Errores calcados, dudas idénticas, gestos de frustración repetidos. Más preguntas que respuestas.
Rangers en el horizonte y una presión que sube
La tabla de la Premiership ofrece un pequeño colchón: pase lo que pase el domingo, Celtic llegará al parón internacional en lo más alto. Sobre el papel, un dato tranquilizador. En la realidad emocional del club, apenas un consuelo menor.
Porque el escenario es evidente: dos derrotas seguidas ante Rangers, sumadas a este tropiezo europeo en casa en apenas ocho días, no tendrían perdón para una afición que se acostumbró hace solo unos meses a celebrar un doblete de liga y copa.
El domingo no es solo un clásico más. Es un examen directo a la capacidad de reacción de un equipo que se descompone atrás a la mínima y de un entrenador que, entre rotaciones y probaturas, aún no ha encontrado la fórmula.
La pregunta ya flota en el ambiente: ¿cuánto tardará en convertirse la presión sobre O'Neill en algo más que un simple murmullo en la grada?






