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Harry Kane y el Balón de Oro: ¿Bastarán los Goles?

La lista del Balón de Oro se hace oficial el martes y todas las miradas apuntan al mismo nombre: Harry Kane. Los pronósticos le sitúan al frente tras una temporada descomunal con club y selección. Goles, registros, constancia. Todo está ahí.

Lo que no está tan claro es si eso será suficiente.

Porque el Balón de Oro, desde 1956, rara vez se decide solo en el área. Se decide en los grandes escenarios, en los torneos que marcan épocas, en los veranos que cambian carreras.

Un premio que siempre miró a los grandes torneos

El galardón nació de la mano del periodista Gabriel Hanot en las páginas de France Football. El primero en levantarlo fue Sir Stanley Matthews, en 1956. Durante casi cuatro décadas solo los europeos podían aspirar a él; no fue hasta 1995 cuando se abrió a todas las nacionalidades.

Ese detalle histórico es clave para entender el peso de los grandes campeonatos. Raymond Kopa fue el primer ganador en año de Mundial, tras llevar a Francia a las semifinales de 1958. Años después, para celebrar el 60º aniversario del trofeo, France Football revisó todas las ediciones previas a 1995. El veredicto fue demoledor: Pelé habría sido el Balón de Oro de 1958, con 17 años, guiando a Brasil a su primera Copa del Mundo.

La revisión siguió la misma línea en 1962, con Garrincha como gran figura del bicampeonato brasileño, y en 1970, otra vez Pelé al frente del Brasil tricampeón. El patrón ya era evidente.

En los años siguientes, el Mundial se convirtió casi en una autopista hacia el Balón de Oro: Bobby Charlton en 1966, Paolo Rossi en 1982, Lothar Matthäus en 1990, Zinedine Zidane en 1998, Ronaldo en 2002, Fabio Cannavaro en 2006. Todos coronados campeones del mundo, todos coronados también como mejores del planeta.

Incluso las excepciones oficiales respetan el guion: Johan Cruyff en 1974, tras llevar a Países Bajos a la final; Luka Modric en 2018, conduciendo a Croacia al mismo escenario.

Cuando el Mundial no basta… o ni siquiera está

No siempre hizo falta levantar la Copa del Mundo, pero el torneo siguió marcando el relato. Kevin Keegan ganó el Balón de Oro en 1978 pese a que Inglaterra ni siquiera se clasificó para el Mundial. Aun así, en su revisión histórica, France Football señaló que el más merecedor habría sido Mario Kempes, máximo goleador y campeón con Argentina.

Lo mismo concluyó la publicación con Diego Maradona en 1986 y Romario en 1994: si el premio hubiera estado abierto a todos, cada selección sudamericana campeona del mundo entre 1958 y 1994 habría aportado un Balón de Oro.

El mensaje de esa revisión fue claro: la Copa del Mundo condiciona el voto, incluso cuando las reglas de la época no lo reflejan en el palmarés.

Del Mundial a la Champions: el peaje de los títulos

En la era moderna, el filtro se ha ampliado. Ya no manda solo el Mundial. La Champions League, la Eurocopa y la Copa América también pesan como piedras en la balanza.

Los números son contundentes: solo cuatro de los últimos 19 ganadores del Balón de Oro no levantaron ni Champions, ni Mundial, ni Eurocopa, ni Copa América en el año de su triunfo. Cuatro. En casi dos décadas.

Esas excepciones llevan nombre y apellido: Lionel Messi y Cristiano Ronaldo. Messi se impuso en 2010 pese a caer en cuartos del Mundial con Argentina, y volvió a hacerlo en 2012 y 2019 sin conquistar un gran título internacional o continental. Ronaldo ganó en 2013 aun viendo a Portugal quedarse en el repechaje mundialista, impulsado por otra temporada monumental con el Real Madrid.

Su grandeza individual fue tal que borró el déficit de trofeos. Pero no siempre ocurre.

Wesley Sneijder firmó un triplete histórico con el Inter y alcanzó la final del Mundial en 2010. Franck Ribéry fue alma del triplete del Bayern en 2013. Mohamed Salah pulverizó registros en 2017-18. Ninguno levantó el Balón de Oro. Los votantes eligieron otras narrativas, otros símbolos de una época.

Ese es el muro invisible al que se enfrenta ahora Kane.

Rodri, Yamal, Mbappé, Messi: rivales con relato

El inglés no compite solo contra sus propios números. Compite contra historias completas.

Rodri aparece como su rival más fuerte. El centrocampista fue el gran faro de España durante el torneo, hasta el punto de llevarse el Balón de Oro del Mundial y comandar el camino hacia un segundo título mundial para su selección. No solo jugó bien: dominó partidos, marcó ritmos, dio estructura a un campeón.

En la misma selección se asoma Lamine Yamal, que a sus 17 años ya luce una medalla de campeón del mundo y un papel clave en el regreso del Barcelona a la cima de La Liga. El premio al mejor joven del torneo, sin embargo, fue para su compañero Pau Cubarsí, otra irrupción precoz que encajó actuaciones de enorme madurez.

Kylian Mbappé y Lionel Messi también entran en la conversación. Mbappé acabó como máximo goleador del Mundial con 10 tantos, sumó la Bota de Oro de la Champions y fue también máximo goleador de La Liga. Todo en el mismo curso. El problema: Francia no llegó a la final y el Real Madrid cerró la temporada sin un gran título.

Messi, con 39 años, volvió a firmar un Mundial de impacto, llevando a Argentina a una segunda final consecutiva y anotando ocho goles en el torneo. Su peso simbólico sigue siendo colosal, su capacidad para aparecer en los grandes momentos, intacta.

Kane, en cambio, construye su candidatura sobre otra base: una de las temporadas goleadoras más prolíficas de la era moderna, sin el respaldo de un gran título global.

La encrucijada de los votantes

El procedimiento es conocido. Una vez se anuncien los nominados, un jurado internacional de periodistas especializados, uno por cada país del top 100 del fútbol masculino, emitirá su voto. Detrás de cada papeleta hay una interpretación del juego, una manera de entender qué significa ser “el mejor”.

Kane nunca ha pasado del décimo puesto en la clasificación final. Ahora, con una temporada que roza la perfección en lo individual, se asoma a la opción de convertirse en una rara excepción estadística: ganar el Balón de Oro sin haber levantado un gran torneo mundial o continental.

Si lo consigue, será solo el quinto inglés en lograrlo, después de Matthews, Charlton, Keegan y Michael Owen. Y el primero representante de un club de la Bundesliga en alzar el trofeo desde Matthias Sammer en 1996.

La historia no juega a su favor. Los precedentes, tampoco. Pero pocos futbolistas han llegado a una votación del Balón de Oro con unos argumentos individuales tan contundentes.

Ahora la pregunta no es cuántos goles ha marcado Harry Kane. La pregunta es otra: ¿están dispuestos los votantes a colocar una temporada goleadora descomunal por encima de los grandes títulos y romper, una vez más, la lógica que ha gobernado el Balón de Oro durante casi 70 años?