Manchester United: Goles y Fragilidad Defensiva
El Manchester United de Michael Carrick ha encontrado por fin el gol. Siete tantos en sus dos últimos partidos de Premier League, ante Ipswich Town y Everton, dibujan un ataque afinado, agresivo, reconocible. Pero cada vez que la pelota viaja hacia su propia área, el relato cambia. Y ahí está el verdadero problema.
Goles arriba, grietas atrás
La temporada arrancó con un aviso contundente: derrota 2–0 frente a Hull City en la primera jornada. Un golpe frío. Después llegó el 5–2 a Ipswich Town, un marcador que maquilló dos goles encajados que pasaron casi de puntillas, pero que ya señalaban una fragilidad evidente. Y el domingo, en Goodison Park, el castigo llegó en el minuto 96: 2–2 contra Everton y dos tantos más concedidos.
Tres partidos de liga. Seis goles en contra. En todos, el rival ha marcado al menos dos veces. Para encontrar un inicio tan blando atrás en Premier League hay que mirar a la temporada 2020–21, cuando el United de Ole Gunnar Solskjær recibió 11 goles en las tres primeras jornadas: 3–1 ante Crystal Palace, 3–2 contra Brighton & Hove Albion y aquel 6–1 demoledor frente a Tottenham Hotspur. Una secuencia que dejó cicatriz.
Más atrás, la estadística se vuelve casi histórica. La última vez que el United encajó dos o más goles en cada uno de sus tres primeros partidos de liga antes de ese curso fue en 1972–73, hace más de medio siglo. Un club todavía cercano en el tiempo a la gloria de la Copa de Europa de 1968, pero a solo dos años del descenso. Un gigante desorientado.
Ecos incómodos del pasado
Aquella temporada 1972–73 comenzó con tres derrotas: 1–2 contra Ipswich Town, 2–0 en Anfield ante Liverpool y otro 2–0 frente a Everton. Era la campaña final de dos leyendas, Bobby Charlton y Denis Law, y el principio del declive de George Best. En el banquillo, Frank O’Farrell no sobrevivió ni medio curso: fue despedido cuatro meses después.
Hoy, el contexto es distinto, pero el patrón defensivo inquieta. Lo que ahora es una anomalía —un United tan vulnerable atrás— era mucho más habitual en los años 60 y antes, cuando las alineaciones se llenaban de delanteros y el 3-2-5 dominaba en Inglaterra. En 1964–65, bajo la batuta de Matt Busby, el United también encajó al menos dos goles en sus tres primeros partidos de liga: un 2–2 contra West Brom, un 3–1 ante West Ham y otro 2–2 frente a Leicester. Aun así, aquel equipo acabó proclamándose campeón.
La comparación es inevitable: entonces, la fragilidad defensiva formaba parte de una época, de una idea de juego. Hoy, en la Premier moderna, conceder con tanta facilidad se paga con puntos… y con proyectos.
La carga sobre los delanteros
Carrick no esconde el diagnóstico. Habla de “pequeños momentos que podemos manejar un poco mejor”. No señala a un solo culpable ni a un único aspecto del juego. Ante Hull, las jugadas a balón parado destaparon la herida. En Goodison, dos disparos lejanos de Everton terminaron en la red. Acciones puntuales, sí, pero repetidas. Y eso, en la élite, casi nunca es casualidad.
El trasfondo es claro: cada gol encajado empuja a los delanteros a vivir al límite, obligados a ganar partidos a base de marcar más que el rival. La temporada pasada, el United firmó cifras ofensivas similares a las de Arsenal —69 goles por 71—, pero recibió casi el doble de tantos: 50 por 27. La diferencia en la tabla fue de 14 puntos. Una brecha que explica por sí sola la distancia entre competir y aspirar a todo.
“Necesitamos encajar menos goles para darnos una mejor oportunidad de ganar partidos”, reconoce Carrick. Lo dice sin dramatismo, pero con la claridad de quien sabe que la estadística no miente.
Un reto que define la temporada
La secuencia de este inicio de curso es elocuente:
- Hull 2–0 Manchester United
- Manchester United 5–2 Ipswich Town
- Everton 2–2 Manchester United
Tres guiones distintos, un mismo desenlace defensivo. El equipo encuentra recursos para golpear arriba, pero no logra cerrar los partidos atrás. Cada centro lateral, cada balón parado, cada tiro desde la frontal parece una amenaza mayor de lo que debería para un club de este tamaño.
Carrick insiste en la mentalidad, en la capacidad del grupo para reaccionar. El talento ofensivo está respondiendo. El problema, ahora, es si la línea de atrás y la estructura colectiva pueden acompasar ese ritmo sin obligar al United a vivir permanentemente al filo.
Los datos históricos avisan. Algunas veces, como en 1964–65, un inicio vulnerable no impidió acabar levantando el título. Otras, como en 1972–73, fue el preludio de un declive profundo. La cuestión, en este Manchester United, es hacia cuál de esos dos caminos está apuntando la temporada.






