Marc Guehi y el codazo que desató la furia del Porto
El ambiente ya era eléctrico en Portugal, pero la chispa saltó mucho antes del descanso. En pleno duelo de alta tensión entre Manchester City y Porto, en la fase de grupos de la Champions League, una acción de Marc Guehi encendió a la grada, al banquillo local y a medio mundo frente a la pantalla.
Un codazo que lo cambió todo
Primera parte. Balón dividido por alto. Marc Guehi se eleva con la determinación de un central que no negocia un duelo aéreo. Gabri Veiga llega algo más bajo, más expuesto. El choque es violento: el codo del defensa impacta en el rostro del centrocampista del Porto.
Veiga cae al césped de inmediato. No es uno de esos contactos que se olvidan en segundos. El jugador se queda tendido, ensangrentado, mientras el estadio contiene la respiración. Las repeticiones muestran el golpe una y otra vez. El contraste es brutal: Veiga, en el suelo y cubierto de sangre; Guehi, de pie, esperando la decisión arbitral.
Szymon Marciniak, uno de los colegiados más respetados del continente, deja seguir. No hay tarjeta. Ni roja, ni amarilla. Nada.
Y ahí estalla todo.
La grada y las redes, en llamas
El enfado no tarda en trasladarse de la grada a las redes sociales. Aficionados de todos los colores coinciden en el veredicto: para muchos, Guehi “se ha librado de un asesinato futbolístico”.
“Marc Guehi absolutamente clattered Gabri Veiga”, escribe un usuario, reflejando la sensación de un golpe desmedido. Otro va más allá: “Guehi has gotten away with murder there”. El mensaje se repite con distintas palabras, pero con la misma idea: la acción es, para muchos, de roja directa.
“Guehi getting away with murder. Never change Uefa”, sentencia otro aficionado, mezclando indignación y resignación. La percepción general es clara: una entrada temeraria, un futbolista sangrando en el césped y un árbitro que decide no intervenir disciplinariamente.
“¿Cómo no es roja por este tackle tan imprudente?”, se preguntan también en redes, subrayando el carácter peligroso del salto del central inglés.
Veiga se levanta, el partido se endurece
Tras varios minutos de atención médica, Gabri Veiga consigue ponerse en pie. Se limpia la sangre, respira hondo y decide seguir. El gesto arranca aplausos, pero no rebaja la tensión. Al contrario, la alimenta.
Cada contacto posterior se juega al límite. Cada entrada se discute. Cada decisión de Marciniak se mira con lupa. El codazo de Guehi ya no es solo una acción aislada: se convierte en el símbolo de una batalla que empieza a desbordar lo futbolístico.
El descanso no trae calma.
Batalla en el túnel
Cuando el árbitro señala el final de la primera parte, el partido se traslada a otro escenario: el túnel de vestuarios. Jugadores y miembros del cuerpo técnico de ambos equipos se cruzan miradas, reproches y empujones. Lo que empezó en el área se transforma en un conato de tangana a pocos metros de los vestuarios.
La escena obliga a intervenir a los equipos de seguridad de los dos clubes. No es una simple discusión. Según los testimonios en el estadio, el túnel llega incluso a “temblar” por la intensidad del encontronazo.
El reportero de Amazon Prime, Gabriel Clarke, describe el clima: la rabia por el incidente Veiga-Guehi no se quedó en el césped. Continuó abajo, en ese pasillo estrecho donde el ruido se multiplica y cualquier gesto se agranda. Pujas, empujones, malos gestos. Un descanso convertido en campo de batalla.
La defensa de Guehi… y el matiz de la imprudencia
En medio del debate, surge una voz que intenta enfriar el juicio público. Pat Nevin, exjugador de Chelsea y Everton, sale en defensa de Guehi al analizar la jugada.
Su argumento es claro: en un duelo aéreo, el defensor necesita usar los brazos para impulsarse y protegerse. “¿Dónde pones el brazo?”, plantea. Si el rival llega más bajo, el contacto es casi inevitable. No se puede “hacer desaparecer” el brazo en pleno salto.
Nevin, sin embargo, no blinda por completo al central del City. Reconoce que la acción puede interpretarse como “reckless”, imprudente, un punto por encima de lo que permite el reglamento en términos de fuerza y control. Pero, a su juicio, dentro de ese límite gris donde el criterio del árbitro manda, Marciniak “lo ha tenido todo bajo control” hasta el momento.
Ahí está el choque de visiones: para una parte del público, una agresión de roja clara; para otra, un lance duro del juego, quizá torpe, quizá excesivo, pero no necesariamente malintencionado.
Una noche marcada por un codo
El partido siguió, el balón volvió a rodar, y Gabri Veiga, pese al golpe, continuó compitiendo. Pero la imagen del centrocampista del Porto en el césped, con la cara ensangrentada, quedará como la estampa más cruda de la noche.
En la Champions, donde cada detalle se magnifica, un codo mal medido puede cambiar la narrativa de un encuentro, encender un estadio y dejar a un árbitro en el centro de la tormenta. Esta vez, Marc Guehi se marchó sin tarjeta.
La pregunta es cuánto tiempo tardará en olvidarse ese codazo en Porto. Y si, la próxima vez que salte a por un balón dividido en Europa, los ojos del continente no estarán ya fijos en su brazo derecho.






