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Mourinho regresa a la Champions con el Real Madrid

José Mourinho vuelve a casa. O, al menos, a uno de esos lugares donde su nombre nunca deja indiferente. Tras firmar tres victorias en cuatro jornadas de LaLiga, el técnico portugués inicia esta noche una nueva aventura en la Champions League al mando de un Real Madrid que vuelve a cruzarse con un viejo amor: Inter Milan.

El escenario es perfecto para la narrativa que persigue al entrenador desde hace más de una década. En 2010, Mourinho llevó al Inter a un triplete histórico. Hoy, se sienta en el banquillo rival, al frente de un Real Madrid que le debe muchas noches de construcción… y ninguna de coronación europea.

Una cuenta pendiente con el Real Madrid

La relación de Mourinho con la Champions en el Real Madrid siempre tuvo algo de tragedia clásica: potencia descomunal, números imponentes y un final que nunca llegó. Tal y como recuerda AS, su primera etapa en el club blanco en Europa se resume en una secuencia de casi, de “esta vez sí” que jamás se convirtió en realidad.

Los datos son demoledores. En 36 partidos de Champions con el Real Madrid, Mourinho firmó 24 victorias, siete empates y solo cinco derrotas. Un registro digno de campeón. Sus equipos marcaban con una facilidad feroz, con Cristiano Ronaldo como punta de lanza, y blindaron la portería en 16 ocasiones con la portería a cero.

Pero a pesar de esa máquina competitiva, el trofeo nunca se dejó atrapar. El portugués ha ganado la Champions en dos ocasiones en su carrera, pero nunca vestido de blanco. Y esa espina sigue clavada.

Paradójicamente, muchos en el club y en el entorno coinciden en que él preparó el terreno para la gran era dorada posterior. Tras su salida, el Real Madrid levantó cuatro Champions en cinco años. Las semifinales que se le escaparon a Mourinho se convirtieron en finales y títulos para quienes llegaron después.

Tres semifinales, tres golpes

El camino europeo de Mourinho en el Real Madrid fue una escalera que siempre se rompió en el mismo peldaño.

En su primera temporada, construyó un equipo sólido, incómodo, tremendamente eficaz. Solo perdió un partido en casa en toda la Champions, ante el Barcelona, y alcanzó las semifinales con la sensación de que el proyecto apenas estaba despegando.

La segunda campaña fue, probablemente, el punto más alto de su obra en Europa con el club. Diez victorias en doce partidos, un fútbol demoledor, una sensación de inevitabilidad. Hasta que llegó la tanda de penaltis ante el Bayern Munich en semifinales. Cristiano Ronaldo, Kaka y otros nombres grandes fallaron desde los once metros. El golpe fue brutal. El equipo que parecía destinado a todo se quedó otra vez en la puerta.

En la tercera y última temporada, las señales de desgaste ya eran visibles. El rendimiento bajó, la frescura competitiva se resintió y, de nuevo, el techo fue el mismo: semifinales y eliminación. La historia se repetía, pero con menos brillo y más ruido.

Ahí se cerró el primer capítulo. Sin final feliz, pero con la sensación de que algo importante había cambiado en la mentalidad europea del Real Madrid.

Un nuevo intento, el mismo objetivo

Hoy se abre otro libro. Mourinho regresa a la élite continental con el Real Madrid, esta vez con la misión explícita de terminar lo que empezó hace más de diez años. Ya no se trata solo de competir, ni de alcanzar con regularidad las últimas rondas. Se trata de levantar la Copa que se le escapó tres veces con el club que convirtió las noches de Champions en una rutina de gloria.

Y el primer examen no es menor. Inter Milan llega como un rival con pedigrí europeo, acostumbrado a los grandes escenarios y con memoria reciente de finales. No es un estreno amable. Es una prueba de carácter.

Para Mourinho, ganar esta noche no es solo cuestión de tres puntos en la fase de grupos. Es marcar territorio. Enviar un mensaje al vestuario, al club y al resto de Europa de que su Real Madrid vuelve a tomarse la Champions como una cuestión personal.

La pregunta ya no es si sabe cómo ganar esta competición. Eso lo ha demostrado. La cuestión es si, en este segundo acto en el Santiago Bernabéu, podrá por fin unir su nombre y el del Real Madrid en la misma orejona. Y esa respuesta empieza a escribirse contra el Inter.