Rangers muestra su versión McInnes en un Old Firm dominante
Durante semanas, los aficionados de Rangers se habían preguntado cuándo aparecería, de verdad, el sello de Derek McInnes en el equipo. La respuesta llegó en el escenario más exigente: un Old Firm dominado desde la organización, la agresividad y un frente de ataque que mordió cada vez que olió debilidad en Celtic.
Al ver la alineación inicial, el dibujo engañaba. Parecía un 4-4-2 clásico, casi una invitación a que Celtic se adueñara del centro del campo. Muchos pensaron lo mismo: “nos van a sobrepasar por dentro”. Nada más lejos.
El plan de McInnes: un 4-4-2 que nunca lo fue
McInnes leyó el partido con precisión. No era un 4-4-2. Ni mucho menos. La clave estuvo en James Penrice, pieza camaleónica en el engranaje. Sin balón, se cerraba por dentro, sumándose al corazón del campo para compensar la teórica inferioridad numérica. Con balón, se abría, aparecía por fuera, se ofrecía por dentro, permitía tanto la subinterna como la superinterna sobre Djeidi Gassama.
Ese movimiento constante descolocó a Celtic. Penrice dio equilibrio, piernas y criterio. Un mediocampista extra cuando Rangers defendía; un apoyo exterior cuando el equipo buscaba progresar. Exactamente el tipo de detalle táctico que separa un planteamiento correcto de una actuación dominante.
Una defensa que intimidó y anuló a Celtic
Detrás, la línea de tres centrales se impuso con una autoridad que no se ve todos los días en un Old Firm. No solo ganaron duelos. Intimidaron. Empujaron hacia atrás a los atacantes de Celtic, los aislaron, los obligaron a recibir de espaldas y lejos de zonas de peligro.
El dato lo resume todo: Celtic solo logró un disparo a puerta. Un lanzamiento tan inofensivo que Ivor Pandur, perfectamente colocado, podría haberlo atajado sin despeinarse.
Entre esos tres, un nombre empieza a destacar con fuerza: Olwethu Makhanya. Sereno, elegante, duro cuando toca serlo. Un central que, de momento, parece hecho a medida para el fútbol escocés. Gana duelos, lee bien las trayectorias y saca el balón con una calma que contagia.
Un centro del campo con mando y piernas
En la sala de máquinas, Rangers marcó la diferencia. Penrice aportó energía y disciplina. A su lado, Nico Raskin volvió a mostrar por qué se ha ganado un sitio en la selección de Bélgica: intensidad, lectura de juego y una capacidad constante para ofrecer línea de pase y cerrar espacios.
Y luego, Dan Neil. Su actuación fue mucho más que notable. Tomó el control del ritmo del partido, eligió bien cuándo acelerar y cuándo enfriar, y coronó su tarde con dos goles que redondean una actuación de centrocampista total. Cuando un mediocentro manda así en un Old Firm, el partido suele caer de su lado.
Extremos que ataron a Celtic atrás
Por fuera, Djeidi Gassama y Kim Min-su cumplieron una misión tan simple como crucial: obligar a los laterales de Celtic a mirar hacia su propia portería. No fue una exhibición de calidad en el último pase, pero sí de insistencia, verticalidad y amenaza constante.
Su presencia alta y agresiva mantuvo a Celtic reculando, siempre incómodo, siempre un paso por detrás. Aunque faltó algo de precisión en los metros finales, el daño psicológico y táctico ya estaba hecho: los laterales rivales apenas pudieron proyectarse.
Kelsy, trabajo sucio y recompensa
Arriba, Kevin Kelsy pudo haberse adelantado en el marcador con una buena ocasión temprana que se le escapó. Sin embargo, su impacto no se midió solo en esa jugada. Fue un incordio constante. Se ofreció, descargó, luchó cada balón dividido y trabajó en sintonía con Ryan Naderi.
Un detalle que gustó especialmente: cómo fijó a Cameron Carter-Vickers. Lo sujetó, lo obligó a chocar, lo sacó de su zona de confort. Y cuando llegó su momento, definió con una sangre fría impecable. El gol fue la guinda a un trabajo de punta moderno, de esos que no descansan ni un segundo.
Un punto de referencia… y un aviso para el domingo
Tras el partido, McInnes insistió en que esta actuación debe convertirse en un punto de referencia para sus jugadores. Tiene razón. No se trata solo de un triunfo en un clásico; es un modelo de lo que Rangers puede y debe ser bajo su mando.
Ahora viene la prueba siguiente, quizá más compleja en lo emocional: visitar a Celtic el domingo y volver con tres puntos. El contexto será distinto, el guion también. Pero el objetivo no cambia. A estas alturas de la temporada, Rangers no puede permitirse ver cómo la diferencia en la tabla se estira hasta los ocho puntos.
Lo que sí ha cambiado es la sensación en el entorno. Cinco victorias consecutivas en competiciones domésticas, una semifinal de copa en el horizonte y, sobre todo, la impresión de que el equipo ha encontrado una línea clara tras el bache vivido después de Jablonec.
El Old Firm ha dejado algo más que un resultado: ha dejado la impresión de que Rangers, por fin, empieza a caminar con paso firme en la dirección que McInnes prometía desde el primer día. Ahora falta comprobar si este nivel ha llegado para quedarse.






