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El traspaso de Luka Doncic a los Lakers que sacudió la NBA

En Dallas todavía duele. Y no es una metáfora. El acuerdo que envió a Luka Doncic desde los Dallas Mavericks a Los Angeles Lakers se ha instalado ya en el imaginario colectivo como uno de los peores movimientos de la historia del deporte profesional estadounidense. Tan grave se percibe, que ha terminado convertido en tema de discurso político.

En el American Airlines Center, la que fue casa de Doncic y sigue siendo la de los Mavs, Donald Trump tomó el micrófono en un acto el miércoles por la noche y, en un momento, se desvió hacia el baloncesto. El expresidente no dejó pasar la oportunidad de señalar el traspaso que despojó a Dallas de su superestrella y la entregó a la franquicia púrpura y oro. No hizo falta entrar en detalles técnicos: el mero hecho de que un presidente de Estados Unidos, año y medio después, siga mencionando la operación, refleja el tamaño del desastre a ojos del gran público.

La reacción inicial ya había sido brutal. Cuando saltó la noticia del acuerdo, buena parte del mundo NBA quedó paralizada. Hubo quien pensó que el primer tuit era falso, que la cuenta estaba hackeada, que era una broma fuera de temporada. No lo era. Dallas había decidido desprenderse de su jugador franquicia por un retorno percibido como “centavos por dólar” en comparación con el valor real de Doncic.

El tiempo no ha suavizado el juicio. Al contrario. Los Mavericks ya se han deshecho tanto del responsable principal de la operación en los despachos como de la pieza central recibida en el traspaso, Anthony Davis. El proyecto que debía nacer de aquel intercambio no llegó a cuajar, y la franquicia texana se encuentra todavía hoy buscando una nueva identidad, sin estrella de referencia y con la sensación de haber tirado por la borda una era.

En el otro extremo del país, el panorama es diametralmente opuesto. Los Lakers han encontrado en Doncic el eje perfecto para reconstruir su futuro inmediato. El esloveno, ahora vestido de púrpura y oro, lidera una plantilla renovada que encara la temporada 2026-27 rodeada de expectativas y con un foco mediático que recuerda a las grandes épocas de la franquicia angelina.

La liga también ha tomado nota. La NBA ha colocado a los Lakers en el centro del escaparate nacional: el calendario incluye el máximo permitido de 34 partidos televisados a nivel nacional en temporada regular. Y el aperitivo llegará incluso antes.

ESPN emitirá dos partidos de pretemporada de los Lakers desde el Crypto.com Arena, un guiño claro al nuevo proyecto. El 8 de octubre, el equipo de Doncic recibirá a los Sacramento Kings. El 16, el rival será Denver Nuggets. Ambos duelos se verán en la órbita de ESPN y ESPN2 dentro de una tanda de cinco encuentros de pretemporada programados por la cadena.

Queda por ver cuánto jugarán las grandes figuras en estos amistosos. Los cuerpos técnicos suelen dosificar, medir cargas, esconder sistemas. Pero la expectativa es evidente: los aficionados quieren ver cuanto antes a Luka Doncic con su nuevo rol plenamente asumido y, si el guion lo permite, compartir pista con Austin Reaves, otra de las piezas clave del perímetro angelino.

Mientras Dallas sigue tratando de recomponer su proyecto tras perder primero a su superestrella y después a Anthony Davis, Los Angeles se prepara para explotar al máximo el magnetismo de Doncic, en la pista y en las pantallas. El traspaso ya estaba destinado a entrar en los libros como uno de los más desastrosos para una franquicia. Que se mencione en un mitin político, en pleno corazón de Texas, solo certifica su infamia.

La pregunta ya no es si fue un mal negocio. La verdadera incógnita es cuántos años tardarán los Mavericks en dejar de vivir a la sombra de aquel día en que entregaron a Luka Doncic a los Lakers.