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Argentina enfrenta sanciones tras la final del Mundial 2026

La derrota de Argentina ante España en la final del Mundial 2026 dejó una cicatriz deportiva… y otra mucho más profunda. El 1-0 en el marcador quedó rápidamente sepultado por las imágenes de la batalla campal posterior al pitazo final. Días después, llegó la otra goleada: la de los castigos de FIFA.

Paredes, el más castigado

El órgano disciplinario apuntó con dureza a varios protagonistas argentinos, entre ellos al asistente Roberto Ayala. Pero el nombre que quedó en el centro de la tormenta fue Leandro Paredes.

El mediocampista, de 32 años, recibió una sanción ejemplar: 10 partidos de suspensión y una multa de 65.000 libras. El informe disciplinario detalla los motivos: tomó del cuello a Eric Garcia, golpeó en el rostro a Gavi y luego empujó al joven español hasta tirarlo al césped. Demasiado, incluso para una final mundialista jugada al límite.

Nahuel Molina tampoco salió indemne. El lateral fue sancionado con siete partidos por golpear en el torso al capitán español, Rodri, acción que encendió la mecha de la trifulca general. La tensión que venía acumulándose durante todo el encuentro estalló en ese gesto.

Thiago Almada y el propio Gavi también aparecieron en la lista de sancionados, aunque con un castigo menor: un partido de suspensión para cada uno por su participación en los incidentes.

La jugada política de la AFA

Frente al mazazo disciplinario, la AFA decidió no quedarse quieta. Primero, movió rápido para limitar el daño deportivo. Luego, dejó claro que no renuncia a pelear en los despachos.

En un comunicado oficial, la asociación informó que había presentado una solicitud clave ante FIFA: que las sanciones impuestas a sus futbolistas durante la final del Mundial 2026 —y las aplicadas a la propia AFA— puedan cumplirse en partidos amistosos Clase A y/o encuentros oficiales, lo que ocurra antes.

La estrategia funcionó. El Comité Disciplinario de FIFA aprobó el pedido, amparado en la normativa vigente. Un giro fundamental: Argentina podrá “gastar” buena parte de esas fechas de suspensión en amistosos, sin hipotecar su futuro inmediato en competiciones oficiales.

Eso no significa que el caso esté cerrado. En el mismo texto, la AFA avisó que espera la fundamentación escrita de las decisiones para presentar las apelaciones correspondientes ante el Comité de Apelación de FIFA. Y, si hace falta, llevar la batalla hasta el Tribunal de Arbitraje Deportivo (CAS). El conflicto, está claro, se traslada ahora al terreno jurídico.

La otra polémica: la bandera y las Malvinas

La pelea en la final no fue el único frente disciplinario que abrió Argentina en el torneo. Tras la victoria en semifinales ante Inglaterra, varios jugadores —entre ellos Lionel Messi, Cristian Romero, Giovani Lo Celso y Lisandro Martínez— celebraron con una bandera que reivindicaba que las Islas Malvinas son argentinas.

El gesto desató reclamos de sanciones individuales. Sin embargo, los futbolistas evitaron castigos personales. FIFA optó por apuntar directamente a la AFA: multa de 235.000 libras, de las cuales 73.000 quedaron en suspenso.

No fue la única pena colectiva. Argentina deberá afrontar un cierre parcial de su estadio en los próximos dos partidos como local. La capacidad se reducirá al 50%, con un tercer encuentro bajo amenaza: una clausura adicional queda en suspenso, lista para activarse ante cualquier reincidencia.

Calendario a medida para limpiar sanciones

Con el visto bueno de FIFA para que las suspensiones se cumplan en amistosos Clase A, la AFA ya perfila su siguiente movimiento: un calendario cargado de partidos de preparación.

El objetivo es transparente. Cuantos más amistosos se organicen, antes podrán volver Paredes y Molina a competir sin restricciones. Cada fecha FIFA se vuelve ahora una oportunidad para tachar un partido más en la lista de sanciones.

El contexto deportivo les juega a favor. Como coanfitriona de los partidos del centenario, Argentina ya tiene asegurado su lugar en el próximo Mundial. No necesita pelear por la clasificación. Eso le quita urgencias competitivas y le abre un amplio margen para programar encuentros de exhibición sin mirar de reojo la tabla.

La próxima gran cita oficial no llegará hasta la Copa América 2028. Tiempo de sobra para limpiar expedientes, ajustar cuentas con FIFA y reinsertar a los sancionados en la dinámica del equipo.

La pelota ya no rueda en el césped, pero el partido sigue vivo en los escritorios y en la planificación del futuro. La pregunta, a esta altura, no es cuánto dolió la final de 2026, sino cómo llegará Argentina a la próxima gran noche mundialista después de haber aprendido, a la fuerza, cuánto puede costar cruzar el límite.