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Steve Ballmer acepta sanciones de la NBA por el caso Kawhi Leonard

Steve Ballmer ha dejado de pelear. El propietario de Los Angeles Clippers, que hace apenas unos días prometía batalla abierta contra la NBA por las durísimas sanciones por supuesta elusión del tope salarial en torno a Kawhi Leonard, ha cambiado de rumbo. El castigo se queda. Y ya está pagado.

En un comunicado emitido el domingo por la noche, Ballmer confirmó que ha abonado la multa y que acepta las sanciones, pese a seguir en desacuerdo con las conclusiones de la liga.

«Este ha sido un momento muy difícil para todos los asociados con los Clippers, y por ello tengo un sincero pesar», afirmó. «Quiero pedir disculpas a nuestros aficionados, empleados y a mis compañeros propietarios de equipos NBA por la distracción y el malestar que este asunto ha causado, de lo cual asumo la responsabilidad como propietario principal».

El giro es rotundo. El mismo dirigente que hablaba de “caza de brujas” ahora pide cerrar el capítulo. «Hemos comunicado a la NBA que cumplimos con las sanciones impuestas por la liga, hemos pagado la multa y seguimos adelante. Aunque aún hay desacuerdos sobre las conclusiones del informe, no es ahí donde quiero centrarme. Los propietarios deben apoyar, no distraer».

De la “caza de brujas” a la rendición

La investigación de la NBA concluyó que los Clippers y Leonard habían sorteado el tope salarial mediante acuerdos con empresas externas, un escándalo destapado inicialmente por una investigación del pódcast “Pablo Torre Finds Out”, premiada con el Pulitzer.

El castigo fue ejemplar. La liga despojó a los Clippers de cinco elecciones de primera ronda del draft, impuso a Ballmer una multa de 30 millones de dólares y lo sancionó con un año de suspensión de “todas las actividades de la liga y del equipo”. Kawhi Leonard recibió una multa de 700.000 dólares, y varios empleados de la franquicia también fueron castigados.

El precedente más cercano estaba en el caso Joe Smith con Minnesota Timberwolves a comienzos de los 2000, cuando la NBA también retiró elecciones de primera ronda por un fraude con el tope salarial, aunque acabó devolviendo dos de ellas después de que la propiedad asumiera la responsabilidad. Ese matiz pesa: la admisión de culpa suavizó el golpe entonces, y seguramente ha influido ahora en la decisión de Ballmer de dejar de pelear.

Aceptar las sanciones también allana otro frente: la posibilidad de que los Clippers completen oficialmente el traspaso que enviaría a Leonard a Toronto Raptors, operación que había quedado en el aire en medio del terremoto disciplinario.

Un enfrentamiento sin salida

Hasta ahora, Ballmer lo había negado todo. La franquicia reaccionó al informe de la NBA con un rechazo frontal, asegurando que “rechazaba vehementemente” las conclusiones. En una carta enviada al comisionado Adam Silver, los Clippers calificaron la investigación de “caza de brujas”.

En ese escrito, la organización llegó a afirmar que Ballmer «gastó cerca de 50 millones de dólares» para financiar la investigación llevada a cabo por un despacho de abogados independiente, y que su «reputación ha quedado irreparablemente dañada» por un proceso que describieron como «fuertemente sesgado».

«Esta investigación ha sido defectuosa desde el principio. Y su decisión de publicar este informe sin ningún aviso a los Clippers ni a sus abogados es inexcusable», concluía la carta. «Este tipo de caza de brujas va en contra de la equidad fundamental y de la integridad de la liga y de este deporte que todos amamos. Estamos explorando todas las vías legales para abordar esta grave injusticia».

El problema: casi no había vías reales. La NBA dejó claro en su informe que la disciplina había sido acordada con el sindicato de jugadores y que era «final y vinculante para todas las partes». El reglamento interno de la liga no contempla un mecanismo formal para recurrir este tipo de decisiones.

Y el informe de 35 páginas llegaba cargado de pruebas. La liga asegura disponer de evidencias de que los Clippers facilitaron acuerdos con terceros entre Leonard y distintos proveedores, e incluso que «indujeron a las empresas a firmar estos acuerdos ofreciéndoles negocios con el equipo».

Con el terreno legal prácticamente cerrado y la liga exhibiendo documentación detallada, Ballmer ha optado por doblar la rodilla. No por convicción, sino por agotamiento y cálculo.

Un futuro sin su dueño en la primera línea

El castigo deja una huella profunda en la franquicia. Cinco primeras rondas perdidas —aunque siempre queda la posibilidad de que, con el tiempo, la NBA reconsidere parte del castigo como en el caso Timberwolves— condicionan la reconstrucción a medio plazo. La sanción personal a Ballmer lo aparta durante un año del día a día del equipo. Y el nombre de los Clippers queda ligado, durante mucho tiempo, a uno de los mayores casos de elusión del tope salarial en la historia reciente de la liga.

Aun así, el propietario intenta mirar hacia adelante. «Los desafíos que tenemos por delante son significativos, pero también lo es nuestra determinación», aseguró en su comunicado. «Seguiremos construyendo nuestro equipo e invirtiendo en nuestra comunidad. La confianza de nuestros aficionados es nuestra prioridad. Con nuestra plantilla talentosa, un cuerpo técnico sobresaliente y una visión clara, estoy seguro de que competiremos al máximo nivel y seremos una organización de la que nuestros aficionados puedan sentirse orgullosos».

Ballmer no estará en el palco ni en los pasillos del vestuario durante el primer tramo de ese camino. Su voz quedará en segundo plano. Su chequera, no. Y en una NBA que no perdona los atajos, la verdadera respuesta de los Clippers no llegará en los despachos, sino en la pista y en los próximos drafts que ya no podrán controlar como antes.