Breanna Stewart y su quinto oro consecutivo en la Copa del Mundo
En Berlín, en un domingo que olía a historia antes incluso del salto inicial, Breanna Stewart volvió a dejar claro que este ciclo del baloncesto mundial lleva su firma. Team USA derrotó 97-79 a Francia en la final de la FIBA Women’s World Cup y encadenó su quinto oro consecutivo. Al mando, una vez más, Stewart.
La estrella de New York Liberty no se guardó nada: 22 puntos, 10 rebotes y cuatro asistencias en una actuación de líder total, de esas que marcan eras. Francia resistió mientras pudo. Stewart se encargó del resto.
Una MVP que ya juega contra la historia
El premio a la Jugadora Más Valiosa del torneo volvió a sus manos. Otra vez. Ya lo había ganado en 2018 y ahora lo repite, convirtiéndose en doble MVP mundial y acumulando cuatro oros en Copas del Mundo, una cifra que solo comparte con Sue Bird en la historia de Team USA.
Su torneo fue mucho más que una final brillante: 12,8 puntos, 7,3 rebotes y 2,8 asistencias por partido, con un implacable 55,3% en tiros de campo. Producción constante, impacto silencioso a ratos, demoledor cuando el partido lo exige.
Kara Lawson, seleccionadora de Estados Unidos, lo resumió con una frase que suena a sentencia generacional: Stewart es USA Basketball. Quince años de dominio condensados en una jugadora que se ha convertido en el punto de referencia de todo lo que rodea a la selección.
Liderazgo sin adornos en una selección nueva
El oro tiene un matiz especial: siete de las jugadoras del equipo afrontaban su primer gran torneo con la selección absoluta. Un grupo nuevo, pero con una guía muy clara.
Stewart explicó que su liderazgo se basa en algo tan simple como contundente: honestidad. Hablarles de cómo es realmente este torneo, de lo que supone jugar en Europa, del crecimiento constante de las rivales. Y, al mismo tiempo, recordarles una idea que define a Estados Unidos desde hace décadas: “Somos el estándar. Siempre lo hemos sido”. El oro de Berlín no hace más que reforzar esa identidad.
Para Stewart, no se trata solo de ganar. Se trata de no olvidar quién marca la vara de medir en el baloncesto femenino mundial. De que el grupo entienda que todo empieza y termina en lo que ellas hagan.
Jackie Young y una constelación en el All-Tournament Team
La exhibición de Estados Unidos no fue cosa de una sola jugadora. Jackie Young, de Las Vegas Aces, acompañó a Stewart tanto en la pista como en el reconocimiento final: ambas integraron el quinteto ideal del torneo.
Young firmó 18 puntos, seis rebotes y cinco asistencias en la final, y cerró la Copa del Mundo con medias de 12,3 puntos, 3,7 rebotes y 3,2 asistencias. Producción versátil, presencia en ambos lados de la cancha y una madurez competitiva que la coloca ya entre las grandes figuras del panorama internacional.
El quinteto ideal lo completaron Iyana Martin (España), Leonie Fiebich (Alemania) y Gabby Williams (Francia), un reflejo del nuevo mapa del baloncesto femenino mundial, cada vez más amplio y más exigente.
Martin, de apenas 20 años y drafteada por Portland Fire, lideró a España al bronce con 17,5 puntos por partido, la cuarta mejor marca del torneo, además de comandar a su selección en asistencias (4,2) y robos (2,2). Una irrupción que no pasa desapercibida.
Fiebich, compañera de Stewart en New York Liberty, sostuvo a Alemania hasta el cuarto puesto con 9,9 puntos, 8,6 rebotes y 3,6 asistencias de media. Un motor silencioso, pero imprescindible.
Williams, figura de Golden State Valkyries, fue la gran amenaza ofensiva de Francia: 18,7 puntos por encuentro y tercera máxima anotadora del campeonato para llevar a su selección hasta la final.
Un palmarés que desafía la lógica
Lo de Stewart ya no es solo dominio. Es acumulación histórica. A sus dos MVP de la Copa del Mundo se suman dos premios de MVP de la WNBA, dos MVP de las WNBA Finals, el galardón a la mejor jugadora de los Juegos Olímpicos en 2021 y cuatro reconocimientos consecutivos como Most Outstanding Player en el Final Four universitario con UConn.
En títulos, la lista impresiona todavía más: cuatro Copas del Mundo, tres oros olímpicos, dos campeonatos de la WNBA y cuatro campeonatos de la NCAA. Y un dato que desafía cualquier lógica competitiva: nunca ha perdido un solo partido en una Copa del Mundo, unos Juegos Olímpicos o un NCAA Tournament.
Stewart lo explica con una frase que encaja perfectamente con todo lo que muestra en la pista: se enorgullece de ser “consistentemente grande”. Estar cuando el momento es enorme, cuando parece pequeño y en todo lo que hay en medio. Una confianza en sí misma que ella misma define como “irreal”, pero que se traduce en algo muy concreto: cada vez que hay un título en juego, su nombre aparece donde más duele a las rivales.
Berlín no fue la excepción. Fue, simplemente, el siguiente capítulo de una carrera que obliga a hacerse una pregunta incómoda para la historia del baloncesto: ¿hasta dónde puede llegar una jugadora que, de momento, no conoce la derrota cuando el escenario es el más grande posible?






