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Brighton & Hove Albion: De la lucha por sobrevivir a la ambición europea

Hubo un tiempo en que Brighton & Hove Albion no soñaba con Europa, sino con algo tan básico como seguir existiendo.

A finales del siglo XX, el club caminaba al borde del abismo. Sin estadio propio tras dejar el viejo Goldstone Ground, convertido en nómada, primero recaló en Gillingham y luego se adaptó como pudo al Withdean Stadium, un recinto de atletismo disfrazado de campo de fútbol. Gradas alejadas, instalaciones precarias, recursos mínimos. Era supervivencia, no proyecto.

En ese contexto, pensar en títulos, Europa o infraestructuras de élite sonaba a ciencia ficción.

De la lucha por sobrevivir al modelo de club

La historia cambió de rumbo en 2009. Entonces apareció Tony Bloom, aficionado de toda la vida, con algo más que cariño por los colores. Llegó con capital, sí, pero sobre todo con una idea de club. Impulsó definitivamente el plan del actual Amex Stadium y, a partir de ahí, Brighton inició una escalada sostenida: de League One a Premier League en siete temporadas. Nueve años consecutivos ya en la élite inglesa.

Hoy, los Seagulls vuelven a asomarse a Europa, clasificados para la Conference League, una realidad que habría parecido un delirio cuando el club arañaba fondos para fichajes y peleaba por permisos urbanísticos dos décadas atrás.

Mark McGhee conoce bien ese tránsito. El técnico escocés formó parte de aquella etapa de resistencia y reconstrucción, y ahora presencia cómo el club celebra sus 125 años de historia con la apertura de la galería “Brighton & Hove Albion: Stand or Fall”. Desde allí, repasa los cimientos de esta transformación.

“Conseguimos el permiso”, recuerda sobre la batalla por el nuevo estadio, con Dick Knight al frente de las movilizaciones, marchando por el paseo marítimo, mientras él mismo daba charlas defendiendo la necesidad de una casa propia. El visto bueno urbanístico llegó. Lo que no estaba claro era cómo levantar el estadio.

Ahí irrumpió Bloom.

El paso que nadie vio venir

“Pensaban que Tony solo iba a pagar el estadio”, relata McGhee. Ese “solo” lo subraya él mismo. La afición intuía un mecenas dispuesto a financiar ladrillo y hormigón. No alcanzaba a ver lo que venía detrás: ambición deportiva, visión a largo plazo, un centro de entrenamiento de primer nivel, una estructura moderna y un listón competitivo desconocido para el club.

Bloom no se limitó a construir un estadio. Construyó un contexto. Un ecosistema para que Brighton dejara de ser un club agradecido por sobrevivir y se convirtiera en una entidad capaz de mirar a los ojos a cualquiera en la Premier League.

McGhee conocía el nombre de Bloom mucho antes de verle en el palco. “Solía ver a Ray Bloom, su tío, que era director cuando yo era entrenador”, explica. Los viernes se reunían con Dick Knight a comer en Topolino’s, en Brighton, y Ray le hablaba de ese sobrino “genio” de las matemáticas, joven aún, que destacaba como apostador deportivo y jugador de póker. El mito del “mathematical wizard” corría por la ciudad antes de que el propio Tony se convirtiera en la figura central del club.

Hoy, el apellido Bloom forma parte del ADN de Brighton. McGhee lo comprobó en un almuerzo en el partido ante Aston Villa, en el Harry Bloom Lounge, un espacio que recuerda a otro miembro de la familia. Tres generaciones ligadas al club como directivos y seguidores. “Estoy seguro de que ha hecho esto tanto por su familia como por el público de Brighton”, resume el escocés.

De las categorías bajas a la ambición de títulos

Brighton ya sabe lo que es ganar en el barro. Títulos de tercera y cuarta categoría, una Community Shield, una final de FA Cup en 1983. Un palmarés modesto, pero labrado a base de resistencia, descensos, ascensos y un vínculo muy fuerte con la ciudad.

Ahora, la ambición va un paso más allá. El club quiere un trofeo de peso. Una copa que refleje en vitrinas todo lo que ha cambiado sobre el césped y en los despachos.

McGhee lo ve con claridad: Bloom no es un benefactor romántico que se conforma con dejar las cuentas saneadas. “Quiere ganar cosas, y está poniendo en marcha todo para crear un equipo que pueda hacerlo”. La ventana de oportunidad está abierta: “Tienen una opción este año en Europa, y la tienen cada temporada en uno de los torneos domésticos”.

Realista, el escocés marca límites: no ve a Brighton levantando la Premier League a corto plazo. Pero no descarta nada en los torneos de eliminación directa. Con un buen sorteo, un poco de viento a favor y el nivel actual de la plantilla, el club puede plantarse “fácilmente” en una final de FA Cup o de League Cup. Para él, ese es el siguiente paso lógico en la evolución del proyecto.

Una historia de resistencia hecha exposición

El relato de este viaje, desde el borde de la desaparición hasta el fútbol europeo, ya tiene su propio espacio permanente en la ciudad. El 15 de agosto se inauguró en el Brighton Museum & Art Gallery una galería dedicada a los 125 años de los Seagulls. No es solo una colección de camisetas antiguas: es una narración interactiva con objetos icónicos, recuerdos, archivos, vídeos y testimonios personales que dibujan el perfil de uno de los clubes más resilientes del fútbol inglés.

El visitante recorre ascensos, descensos, mudanzas, protestas, noches de gloria y días de angustia. Entiende cómo Brighton & Hove Albion se ha incrustado en el corazón de la ciudad durante más de un siglo, hasta convertirse en un símbolo cívico tanto como deportivo.

Europa, copas y un calendario sin red

El presente no da tregua. En la Carabao Cup, Brighton se medirá a Manchester United en tercera ronda, una prueba de fuego temprana para calibrar fondo de armario y ambición real en los torneos nacionales.

En la Conference League, el sorteo ha emparejado a los de Bloom con Panathinaikos y Getafe, entre otros rivales. No hay margen para la ingenuidad: el nivel es alto, la exigencia, máxima. Pero el torneo ya ha demostrado ser un camino viable hacia la gloria para clubes ingleses. West Ham, Chelsea y el eterno rival Crystal Palace han demostrado en los últimos tiempos que Europa, incluso desde la segunda o tercera competición continental, puede ofrecer noches históricas, impulso competitivo y un lugar en el mapa.

Brighton, que un día mendigaba permisos para construir un estadio y viajaba kilómetros para jugar como local, se prepara ahora para escuchar himnos europeos bajo los focos del Amex. La pregunta ya no es si el club sobrevivirá.

La cuestión es qué trofeo será el primero en llevar el nombre de Tony Bloom grabado en la historia de los Seagulls.