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Caitlin Clark y la controversia tras la victoria de Indiana Fever

El parón internacional no enfrió ni un grado a Indiana Fever. El equipo de Stephanie White regresó a la pista como si no hubiera pasado el tiempo y arrolló a Toronto Tempo con un contundente 103-85. Marcador amplio, sensaciones sólidas, récord histórico para Kelsey Mitchell y otra exhibición de Caitlin Clark. Aun así, el ruido no llegó desde el marcador, sino desde el banquillo.

Clark firmó una de esas noches en las que parece tener el juego en la palma de la mano. En 34 minutos, se adueñó del ritmo, castigó cada desajuste y convirtió el partido en su propio laboratorio ofensivo: 28 puntos, 14 asistencias y seis rebotes, dirigiendo cada posesión como si fuera una final. Frente a ella, la defensa de Toronto nunca encontró respuestas consistentes.

Mientras Clark manejaba el timón, Kelsey Mitchell escribía historia. La escolta alcanzó los 33 puntos y rompió el récord de anotación en una sola temporada en la WNBA. Cada canasta suya añadía una capa más a la fiesta en Indiana, un telón de fondo perfecto para un regreso de parón que olía a equipo en forma de cara a los playoffs.

Y, sin embargo, el foco se desplazó a una decisión concreta en el tramo final.

La sustitución que encendió las redes

Con el partido resuelto y el reloj acercándose al final del último cuarto, Stephanie White decidió sentar a sus titulares. Entre ellas, Caitlin Clark. Hasta ahí, una maniobra habitual: proteger piernas, evitar sustos, pensar en el calendario que viene. Pero había un matiz que incendió las redes sociales: Clark se quedó a dos puntos de otro partido con al menos 30 puntos y 10 asistencias.

Para una parte de la afición, el gesto fue incomprensible. En un curso en el que cada actuación de la base se mide al milímetro, la posibilidad de otra línea estadística de impacto generó frustración inmediata. Surgieron reproches hacia White, acusaciones de “cortar el ritmo” de Clark y hasta insinuaciones de que el banquillo buscaba no eclipsar la noche de Mitchell, recién coronada con su récord.

“Me di cuenta. Mi primer pensamiento fue que querían dejar que Kelsey brillara sola con el récord de puntos. Seguro que no es eso”, comentaba un aficionado, reflejando la sospecha de parte del público. Otro iba más allá y señalaba directamente al banquillo: “Stephanie adora meterse en el juego de CC. Imagina lo que Clark podría hacer con la entrenadora adecuada”.

El debate no se quedó ahí. La discusión se convirtió en una especie de referéndum sobre la gestión de White durante la temporada, en la que ya había recibido críticas y se había visto, en ocasiones, convertida en chivo expiatorio para cualquier tropiezo del equipo.

La otra cara del argumento: minutos, salud y playoffs

La reacción no fue unánime. Muchos salieron en defensa de la decisión técnica. Y lo hicieron con un dato clave: los minutos.

“Jugó 34 minutos. ¡No podemos arriesgar una lesión antes del tramo más duro y los playoffs por dos puntos de nada!”, apuntó un aficionado, recordando que Clark no había tenido precisamente una carga ligera. Otro insistía en lo mismo: “Jugó 33 minutos. No creo que estuviera pensando en los 30 con un partido el domingo”.

La idea era clara: con la postemporada en el horizonte, ningún entrenador serio fuerza a su estrella solo para adornar la hoja estadística. “Ningún entrenador en su sano juicio debería arriesgar a una jugadora franquicia tan cerca de los playoffs solo para engordar números. Toma horrible y sin conocimiento”, remataba otro seguidor.

Hay un elemento más que no pasó desapercibido: Clark llegaba al encuentro figurando como “probable” por un problema de espalda. Aun así, estuvo en pista 34 minutos. Cuando White decidió mover el banquillo en el último cuarto, no señaló solo a Clark. Hizo un cambio de línea completo, sentando a todas las titulares en un movimiento más propio de gestión de grupo que de mensaje individual.

Entre la pasión por las estadísticas y el miedo a una lesión inoportuna, algunos aficionados quedaron atrapados en medio. “Por mucho que también lo odie, no vale la pena que se lesione”, admitía uno, reflejando esa mezcla de ambición y prudencia que recorre a todo equipo que se sabe candidato a algo grande.

Indiana se marcha de este partido con una victoria cómoda, una marca histórica para Kelsey Mitchell y otra actuación dominante de Caitlin Clark. La pregunta ya no es si el equipo llega enchufado al tramo decisivo, sino hasta qué punto cada decisión de Stephanie White, por mínima que parezca, va a seguir jugándose también en otro escenario: el tribunal implacable de la opinión pública.