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Carlo Ancelotti inicia una reconstrucción total en Brasil

Carlo Ancelotti aprieta el botón rojo en Brasil. No hay retoques, no hay medias tintas: es una reconstrucción total tras un Mundial que dejó cicatrices profundas y una eliminación sonrojante en octavos ante Noruega.

El técnico italiano ha cumplido su palabra. Prometió cambios después del fiasco mundialista y los ha llevado al extremo con una convocatoria tan joven como arriesgada para los amistosos ante Australia e India. El mensaje es inequívoco: se acabó vivir del pasado.

Un Brasil sin Alisson, Casemiro, Fabinho… y sin Neymar

La primera sacudida está bajo palos. Alisson, intocable durante años, se queda fuera. No es un matiz, es una declaración de intenciones. Junto a él, también desaparecen de la lista dos tótems del mediocampo reciente de la Canarinha: Casemiro y Fabinho. El otro gran ausente ya se había despedido: Neymar, retirado de la selección, deja un vacío simbólico que acelera el cambio de era.

Ancelotti no esconde el dolor que dejó el Mundial. Lo reconoce sin rodeos: fue una decepción colectiva y personal. Y subraya algo que conoce bien tras décadas en los banquillos: la derrota con un país detrás pesa distinto a la de un club, se instala, no se va al día siguiente con otro partido.

Pero de esa herida ha nacido un plan.

Mirada a 2028 y 2030: un ciclo nuevo desde ya

La convocatoria no es un simple experimento de septiembre. Está diseñada con un horizonte muy claro: los Juegos Olímpicos de 2028 y, más allá, el Mundial de 2030. El italiano ha apuntado deliberadamente a jugadores que podrán estar en plenitud en esas fechas. Quiere construir un núcleo joven ahora, con tiempo, sin la urgencia de un torneo a la vuelta de la esquina.

Por eso, explica también el giro radical en la portería. Alisson no está, pero no es una ruptura definitiva. Ancelotti lo deja claro: si cuando lleguen competiciones como la Copa América sigue siendo el mejor portero brasileño, jugará. Hoy, sin embargo, la prioridad es otra: dar vuelo a los que vienen por detrás.

En la lista aparecen Hugo Souza, Pedro Morisco y Otavio como guardametas llamados a pelear por un puesto que parecía cerrado con candado. Es una invitación directa a una nueva generación para que se atreva a discutir jerarquías.

Juventud al poder… con guías muy claros

La limpieza de veteranos es dura, pero no absoluta. Ancelotti sabe que una selección no se sostiene solo con promesas. Por eso ha elegido con bisturí a los líderes que deben sostener el vestuario y marcar el camino.

Arriba, el peso recae en Vinicius Junior y Raphinha, dos caras ya consolidadas en la élite europea. Junto a ellos, Joao Pedro, que se perdió el Mundial, encuentra ahora una puerta abierta para reivindicarse con la camiseta más pesada del fútbol internacional.

En la columna vertebral se mantienen Marquinhos, capitán del Paris Saint-Germain, y Bruno Guimaraes, recién llegado al Arsenal. No están solo por jerarquía: Ancelotti los define como piezas clave para esta “mudanza” de ciclo, puentes entre lo que fue y lo que Brasil quiere ser.

El técnico lo resume con una frase contundente: un futbolista de 34 o 35 años no es el futuro, es el presente. Si está listo para competir en un gran torneo, irá. Pero el proyecto, el esqueleto que se quiere levantar, ya no se construye sobre esa franja de edad.

Los nombres del nuevo Brasil

La lista respira renovación en casi todas las líneas.

En defensa, junto a Marquinhos y Gabriel Magalhaes, aparecen Arthur Dias, Wesley, Douglas Santos, Jair, Matheuzinho, Maurio Junior y Vitor Reis. Nombres que, para muchos, aún suenan a laboratorio, pero que Ancelotti quiere convertir en realidad de selección.

En el centro del campo, Bruno Guimaraes será el faro rodeado por Andrey Santos, Danilo Santos, Douglas Luiz, Breno Bidon y Gabriel Bontempo. Un mediocampo pensado para durar años, con piernas, técnica y margen de crecimiento.

Arriba, la excitación llega con los jóvenes que ya despiertan titulares en todo el mundo: Endrick, Estevao, Rayan. A ellos se suman Joao Pedro, Pedro, Samuel Lino, Raphinha y Vinicius Junior. Una mezcla de desparpajo y experiencia que, si encaja, puede devolverle a Brasil esa sensación de vértigo ofensivo que siempre se le exige.

Australia, India y un viaje simbólico

El nuevo ciclo no arrancará en el Maracaná ni en un gran escenario europeo. Lo hará lejos de casa, casi en silencio, pero con un fuerte valor simbólico.

Primero, doble duelo ante Australia: el 25 de septiembre en Townsville y, cuatro días después, en Brisbane. Dos partidos para probar, ajustar y, sobre todo, ver quién soporta la camiseta cuando no hay red de seguridad.

Después, una cita histórica: el 3 de octubre, Brasil jugará por primera vez en India, en Kolkata. No será un amistoso más. Es la visita de la pentacampeona del mundo a un país que la idolatra desde lejos, una oportunidad para estrechar un vínculo que vive de madrugada y televisión, y que ahora tendrá por fin un partido en casa.

Ancelotti ya ha movido ficha. Ha roto inercias, ha tocado nombres intocables y ha encendido la competencia interna. La pregunta, a partir de ahora, no es si Brasil se atreve con este cambio. Es quién de estos jóvenes se quedará cuando llegue la hora de la verdad en 2030.