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Cathy Engelbert se despide: adiós a la comisionada de la WNBA

La WNBA se queda sin la figura que la ha guiado en su etapa de mayor crecimiento. Cathy Engelbert, la primera comisionada en la historia de la liga, se retirará a finales de este año calendario, cerrando un ciclo de siete años que ha cambiado el mapa del baloncesto femenino profesional en Estados Unidos.

El anuncio llegó a través de Adam Silver, comisionado de la NBA, subrayando el peso institucional de la noticia. No era un simple relevo administrativo. Era el final de una era.

Silver no escatimó elogios en el comunicado oficial de la WNBA: destacó que Engelbert ha dirigido la liga durante “el periodo de crecimiento más significativo” en sus 30 años de existencia. No es una frase hueca. Las cifras, la expansión y la presencia mediática de la competición respaldan esa valoración.

De comisionada pionera a referente de una revolución

Engelbert asumió el cargo en 2019, cuando la WNBA decidió por primera vez usar el título de “comisionada” y no solo el de presidenta. Llegó a una liga con “enorme potencial”, como ella misma recordó en su declaración, pero con “conciencia limitada” en el gran público y una “infravaloración significativa” en términos de mercado.

Su mandato coincidió con una explosión cultural del deporte femenino. Las jugadoras de la WNBA se convirtieron en referentes no solo deportivos, sino sociales. Y la liga, durante años a la sombra, empezó a ocupar espacio en parrillas televisivas, redes sociales y debates públicos.

Engelbert lo resumió con claridad en su comunicado: ha visto a las jugadoras “prosperar y liderar la enorme oleada cultural en torno al deporte femenino”. Esa ola ya no es una promesa; es un hecho.

Crecimiento, expansión y un calendario irreconocible

Bajo su gestión, la WNBA dejó de ser una liga estática. Pasó de 12 a 18 franquicias, un salto estructural que redefine el mapa competitivo y comercial del campeonato. No se trata solo de más equipos: son más mercados, más aficiones, más inversión y más ventanas de exposición.

La propia liga destacó que con Engelbert al mando se registraron aumentos en audiencia y máximos históricos en casi todos los frentes: interacción digital, asistencia a los partidos, suscriptores de League Pass, ventas de merchandising, ingresos por patrocinios corporativos y valoración de las franquicias. Un antes y un después.

El calendario también cambió de forma radical. En 2021 se instauró la Commissioner's Cup, un torneo dentro de la temporada regular que añadió tensión competitiva y un nuevo producto televisivo. Para 2025, Engelbert impulsó la ampliación de la fase regular a 44 partidos y ya está marcado en el horizonte de 2027 un récord de 50 encuentros por equipo. Más baloncesto, más contenido, más negocio.

Una temporada cargada de ruido… y una decisión definitiva

El anuncio de su retiro llega tras un año especialmente agitado para la WNBA. Las declaraciones de Sophie Cunningham, jugadora de Indiana Fever, sobre la presencia de atletas trans en el deporte femenino y el debate constante sobre el trato que recibe Caitlin Clark han dominado gran parte de la conversación en torno a la liga.

En ese contexto de controversia, el papel de la comisionada ha estado bajo la lupa. Engelbert ha sido criticada con dureza por sectores que consideran que la liga no ha sabido explotar al máximo la figura de sus grandes estrellas, con Clark como principal ejemplo. La paradoja es evidente: mientras los números globales de crecimiento son contundentes, la discusión sobre la estrategia de marketing y exposición individual sigue abierta.

Engelbert, de 61 años y con más de 40 años de trayectoria en el mundo empresarial, presentó su salida como una decisión meditada y serena. Habló de “gratitud” y de “optimismo” hacia el futuro de la WNBA. Subrayó que se marcha con la sensación de haber construido algo “más grande, más fuerte y más duradero” de lo que se podía imaginar al inicio de su mandato.

Un legado sólido y una gran incógnita

No hay sucesora —ni sucesor— designado todavía. La WNBA no ha anunciado quién tomará el relevo en el despacho principal. Y ahí se abre la gran pregunta: ¿quién se atreve a continuar el camino tras un periodo de expansión tan marcado?

Engelbert deja una liga más visible, más valorada y con una estructura competitiva en plena transformación. Deja también un listón muy alto en términos de crecimiento, pero con debates abiertos sobre cómo gestionar a sus superestrellas y cómo navegar un entorno cultural cada vez más polarizado.

Su mensaje final no sonó a despedida melancólica, sino a reto lanzado al futuro. Aseguró que lo mejor “está por venir” para la WNBA. Ahora, la pelota pasa al siguiente despacho: quien llegue tendrá que demostrar que esta no fue solo la edad dorada de una comisionada, sino el punto de partida de una liga que ya no acepta volver atrás.