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Celtic y Rangers: Fichajes y Compromiso en la Temporada

Martin O’Neill respira aliviado. Derek McInnes, también. Pero mientras el técnico de Celtic habla de equilibrio y de listas UEFA, el entrenador de Rangers presume de algo más íntimo: por fin tiene el vestuario que quería.

Celtic, fichajes a contrarreloj y una lista UEFA apretada

Celtic esperó hasta el límite. Seis de los diez fichajes veraniegos llegaron en las últimas 48 horas de mercado, un sprint final que dejó a O’Neill satisfecho… y con algún dolor de cabeza administrativo.

El club cerró la incorporación del centrocampista neerlandés Joel van den Berg desde PSV Eindhoven y del lateral derecho suizo Jordan Lotomba desde Feyenoord justo antes del cierre del plazo de inscripción UEFA del miércoles por la noche. A ellos se sumaron los acuerdos de cesión del portero Sam Johnstone desde Wolves, del centrocampista Oliver Sorensen desde Parma y de los jóvenes de 18 años de Chelsea, Shim Mheuka y Landon Emenalo.

Demasiado, demasiado tarde para todos. Por la limitación de plazas, los dos canteranos de Chelsea y Van den Berg se quedaron fuera de la lista para la Europa League. Un golpe para los chicos, una decisión inevitable para el técnico.

“Estoy encantado de tener jugadores. Sinceramente, muy contento”, aseguró O’Neill. Luego llegó el matiz, el que marca la realidad de los torneos europeos: “Solo hay que mirar la lista UEFA. Algunos jóvenes estarán decepcionados por no entrar. Solo había un número determinado de plazas que podíamos cubrir”.

El mensaje de fondo es claro: si las lesiones respetan, O’Neill se da por satisfecho. Con Kieran Tierney todavía de baja y sin haber logrado ese recambio natural a tiempo para la fase previa de la Champions, el campeón de la Premiership se vio obligado a apurar el mercado para tapar huecos evidentes. La eliminación de la máxima competición europea no hizo sino aumentar la presión.

Cuando se le preguntó qué lecciones dejaba la gestión de los tiempos, el técnico, de 74 años, cortó rápido: “¿Cuántas veces me vais a preguntar eso cada semana? Empezamos esto en julio. Estoy contento con los jugadores que han llegado. Ya están aquí y quiero seguir adelante”.

O’Neill admite que habría sido ideal contar con ellos antes para integrarlos con calma, pero no se recrea en el lamento: “Da igual. Contento, muy contento con los jugadores que tenemos”.

Tampoco se mostró afectado por no haber cerrado al centrocampista de Torino, Gvidas Gineitis. Cuando se le cuestionó si le había decepcionado perder esa opción, fue tajante: ahora mismo le basta con lo que tiene.

La plantilla, eso sí, queda muy marcada por las cesiones. Además de los cuatro jugadores a préstamo, Lotomba solo ha firmado hasta final de temporada. Un arma de doble filo que el propio O’Neill conoce bien.

“En ocasiones me preocupa que los cedidos no vean el club al que llegan como el club en el que realmente quieren jugar”, admitió. Pero enseguida recurrió a la experiencia reciente para matizar: “También he tenido cedidos que se han enamorado del club. Julian Araujo, por ejemplo, se tomó el club muy a pecho la temporada pasada. Habría hecho cualquier cosa por el club”.

Ahí está el dilema. Las cesiones abren puertas, pero también exigen un tipo especial de compromiso. “A veces son una preocupación, pero depende del jugador”, concluyó O’Neill, que volverá a estar sin Tierney ni Kasper Hogh para el duelo ante St Mirren del sábado.

McInnes y un Rangers reconstruido: “Se siente como un vestuario de fútbol”

En el otro lado de Glasgow, el relato es distinto. Rangers no solo ha fichado mucho, ha fichado a lo grande: 14 incorporaciones en una sola ventana. Dos de ellas, también al límite.

El delantero venezolano de 22 años Kevin Kelsy llegó desde Portland Timbers con un contrato inicial de cuatro años y opción a uno más, en una operación valorada en torno a 9,5 millones de libras. Una apuesta fuerte para liderar el ataque. A su lado, el extremo argelino Badredine Bouanani aterrizó cedido desde Stuttgart para añadir desequilibrio por banda. Ambos entran directamente en la convocatoria para recibir a Motherwell en la Premiership este sábado.

Cuando el mercado se cerró el jueves por la noche, McInnes no lo disimuló: soltó un “gran suspiro de alivio”. “Siento que he ido a la guerra en esta ventana”, confesó. “Parece la ventana más larga que he conocido. Siempre hay muchísimo que considerar”.

No es solo volumen de operaciones. Es el tipo de grupo que ha querido construir. McInnes dejó claro que no quiere futbolistas con la mirada puesta en el siguiente tren. “En Rangers no quiero trabajar con jugadores que solo piensan en qué viene después, siempre atentos a otras oportunidades”, explicó.

El mensaje va directo al vestuario: compromiso o puerta de salida. “Quiero gente que quiera estar aquí, que quiera quedarse un tiempo y ser exitosa aquí”, insistió. Para él, el club ofrece suficiente grandeza y exposición como para llenar la carrera de cualquiera de buenos momentos. A cambio, exige concentración absoluta.

“Solo quiero que nos comprometamos a estar aquí y que pongamos todo el foco en el club. El club lo merece. Los jugadores se merecen entre ellos esa unión y cercanía”, apuntó.

Lo que viene después es casi una declaración de identidad. McInnes asegura que, en las últimas semanas, el vestuario se ha transformado. “Ha sido muy fuerte y muy unido. Realmente se siente como un vestuario de fútbol. El humor, la unión, la forma en que trabajamos… se parece mucho más a lo que espero de mis vestuarios”.

Ese ambiente no es un detalle menor en un club sometido a escrutinio constante. Rangers viene de “resultados que escuecen”, como los define el técnico, pero también de dos victorias importantes a domicilio, en Falkirk y Aberdeen. “Ese espíritu y esa unión te ayudan a atravesar momentos difíciles. Lo necesitas en cualquier club, pero especialmente aquí”, subrayó.

La plantilla, reconoce, es muy joven. Eso la hace emocionante, llena de potencial, pero también vulnerable a los errores. “Hay muchas cosas por aprender para estos chicos. Nuestro trabajo es ayudarles a cumplir ese potencial con la camiseta de Rangers, día tras día”.

De ahí nace su exigencia diaria. McInnes no quiere pasajeros. “Solo quiero que los jugadores no desperdicien ni un minuto ni una oportunidad. Estén convocados o entrenando, que no vean ningún día como un día vago. No vamos a aceptar malos hábitos aquí”.

Su hoja de ruta es simple y dura: cada sesión cuenta, cada ejercicio pesa, cada sábado se gana en el entrenamiento previo. “Cada día tiene que ser importante. Entrenar con motivación, con profesionalidad, como si estuvieras intentando entrar en el equipo del sábado”.

Mientras O’Neill cruza los dedos para que las lesiones no le destrocen una plantilla repleta de cesiones y recién llegados, McInnes se aferra a un vestuario rejuvenecido y, según él, por fin alineado con la identidad que busca. La batalla por el título se decidirá en el césped, pero en Glasgow, esta temporada, también se jugará mucho entre cuatro paredes y una pizarra.