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Cristiano Ronaldo y el umbral de los 1.000 goles

La pregunta lleva tiempo flotando en Portugal: ¿hasta cuándo Cristiano Ronaldo debe seguir vistiendo la camiseta de la selección? Con 233 partidos internacionales a sus espaldas y un Mundial 2026 discreto, el debate se ha encendido. No fue el único en rendir por debajo de lo esperado en el equipo de Roberto Martínez, pero cuando se trata de Cristiano, cada actuación se mide con lupa.

El gran escenario de la FIFA ya no le espera. Un séptimo Mundial ha quedado descartado, incluso con el torneo de 2030 viajando a Portugal, España y Marruecos. Para entonces, el delantero estaría en plena mitad de sus cuarenta. Demasiado lejos, incluso para un competidor casi obsesivo como él.

La mirada, por tanto, se desplaza hacia otro horizonte. Euro 2028 aún asoma como una posibilidad, siempre que el fuego competitivo siga ardiendo con la misma intensidad. Pero el foco inmediato se estrecha: el club, el día a día, el contrato millonario que lo ata a Arabia Saudí hasta el verano de 2027. El acuerdo sigue siendo el más lucrativo del fútbol mundial. Y, según quienes conocen de cerca esa liga, la historia de Cristiano allí está lejos de terminar.

Poyet, un mes en Arabia y una conclusión rotunda

Gustavo Poyet no habla de oídas. El técnico uruguayo pasó un mes en Arabia Saudí en 2024, se metió en entrenamientos, visitó clubes, vio partidos desde dentro. Volvió con una idea muy clara de lo que significa competir allí. Y con una sentencia sobre Cristiano que no admite matices.

“Hasta que él quiera”, respondió cuando le preguntaron cuánto tiempo más puede jugar Ronaldo en Arabia Saudí, en declaraciones a GOAL.

Para Poyet, el contexto de la Saudi Pro League explica muchas cosas. Y también protege, en cierto modo, la longevidad del portugués.

El exentrenador, que habló en asociación con Gambling.com, desgrana un campeonato partido en bloques muy definidos. Hay cuatro equipos respaldados financieramente por el gobierno, capaces de ir a por “jugadores especiales” y cambiar el mapa de la liga. Detrás, otros tres o cuatro clubes privados que están empujando con fuerza, con entrenadores de perfil europeo —uno de ellos, apunta, con Brendan Rodgers al mando—, instalaciones de primer nivel y estadios nuevos que impresionan.

Y luego está el resto. Seis o siete equipos condenados a pelear por no descender. Para ellos, cada ficha extranjera es cuestión de vida o muerte. “Si te falta uno o dos extranjeros que puedes tener en tu equipo, estás muerto, bajas”, resume Poyet. No hay margen para errores, ni para apuestas de futuro. Se tira de experiencia, pero experiencia suele significar edad, piernas castigadas y un calor asfixiante que obliga a correr igual o más.

Ese mes en el país le sirvió para algo más que para hacer turismo futbolístico. “Me dio una imagen clara de a qué vas cuando eliges un equipo, qué vas a encontrar, cómo puedes jugar, cómo usar tus recursos”, explica. Y cuando en esa ecuación aparece Ronaldo, el escenario cambia por completo. Es otra dimensión. Otro tipo de presión. Otro tipo de soluciones.

Un físico único, una liga a su medida

A los 39 años, Cristiano ya no engaña a nadie. Tampoco a sí mismo. Ha perdido velocidad, ha cedido agilidad. Lo sabe. Lo asume. Y adapta su juego. Poyet lo ve con nitidez: “Cuando lo miro, no hay muchos jugadores como él físicamente”. Esa diferencia todavía se nota. En los duelos, en el área, en la manera de imponerse en partidos que se abren a golpes de talento.

Para el uruguayo, la elección de Arabia Saudí encaja con el momento de la carrera del portugués. Un campeonato que paga cifras astronómicas, que ofrece un entorno competitivo pero manejable para una estrella veterana, y que al mismo tiempo le permite seguir marcando a un ritmo que en Europa sería difícil de sostener a estas alturas.

El paralelismo con Lionel Messi aparece inevitablemente. Poyet no lo esquiva: “Messi está jugando en MLS; puedes poner esa liga entre las grandes divisiones del mundo”. No es una retirada dorada en un destino exótico sin balón. Son ligas con estructura, inversión y un nivel creciente. Son, sobre todo, escenarios ideales para que dos leyendas estiren sus últimos años sin renunciar al protagonismo.

En ese contexto, Ronaldo todavía tiene cuerda. Y goles.

El mito de los 1.000 goles

La gran cifra sobrevuela cada conversación sobre su futuro. ¿Hasta cuándo jugará Cristiano? Poyet tiene su propia línea roja. “Creo que se queda. No creo que el momento de retirarse llegue antes de los 1.000 goles. De ninguna manera. Sería una locura”, sentencia.

No hay promesas del propio jugador. No hay confirmaciones oficiales. Pero el objetivo, simbólico y descomunal, se ha instalado en el imaginario colectivo. Cristiano siempre vivió de metas imposibles. Siempre funcionó mejor cuando el listón parecía inalcanzable.

Mientras en Portugal se discute si debe seguir siendo el faro de la selección, en Arabia el panorama es distinto. Allí sigue siendo un imán, un argumento deportivo y comercial, un líder alrededor del cual se construyen proyectos. Y mientras su contrato se estira hasta 2027, la sensación es que el reloj competitivo todavía no marca la cuenta atrás definitiva.

Pue puede que el Mundial 2030 no lo vea en el césped. Puede que Euro 2028 se convierta en su última gran escena internacional. Pero si de Poyet depende la respuesta, hay algo que parece seguro: Cristiano no colgará las botas antes de perseguir esos 1.000 goles. Y en esa persecución, Arabia Saudí se ha convertido en el escenario donde el tiempo, por ahora, se niega a decir basta.