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Italia sorprende a USA en Berlín: Un partido lleno de sorpresas

La defensa italiana no suele figurar en los carteles, pero en Berlín se ganó un lugar en letras grandes. A falta de 5:32 para el final del tercer cuarto, el marcador decía 33-32 para Italia. Apenas 42 segundos habían ido por delante hasta entonces. Esta vez, el golpe fue serio: Estados Unidos acumulaba siete tiros de campo fallados de forma consecutiva y un sonrojante 0 de 9 desde el perímetro. Para un equipo que dos días antes había destrozado a China con 12 triples, el contraste era brutal.

Un arranque dominante… que se deshilacha

El guion, al principio, parecía el de siempre. Fin del primer cuarto: USA 18, Italia 8. Nueve jugadoras estadounidenses ya habían anotado. La versión “young and turnt” del equipo entró a la pista con descaro y energía. Paige Bueckers lideraba a todas las anotadoras con cuatro puntos, y el equipo de Kara Lawson se adueñaba de las líneas de pase y del aro propio.

Italia, por su parte, se estrellaba contra la presión: 21% en tiros de campo y ocho pérdidas en esos primeros 10 minutos. Jasmine Keys sostenía como podía a las europeas con cuatro puntos, pero la sensación era de tormenta inminente. El dato que lo explicaba todo: a 6:45 del segundo cuarto, USA ya sumaba seis robos y cuatro tapones. Un festín defensivo.

Angel Reese puso el tono atrás desde el inicio. En menos de tres minutos ya había firmado un robo y dos tapones, marcando territorio en la pintura. Aliyah Boston dejó una de las acciones técnicas del partido con un giro impecable al poste que dejó descolocada a la defensa italiana. El físico y el talento parecían desequilibrar la balanza hacia el lado de siempre.

Italia se agarra al partido… y encuentra a Zandalasini

Pero Italia no viajó a Berlín para ser atrezo. Poco a poco, con disciplina atrás y algo más de paciencia en ataque, empezó a recortar. A 4:15 del descanso, el parcial era demoledor: 14-3 para las italianas. El 19-8 del final del primer cuarto se había convertido en un 26-20 que obligaba a Estados Unidos a mirarse en otro espejo, mucho menos cómodo.

El nombre propio del arreón tenía dueña: Cecilia Zandalasini. La estrella italiana, que en el debut ante Czechia había firmado 19 puntos, se encendió también contra USA. Llegó al descanso como máxima anotadora del encuentro con nueve puntos, liderando el ataque de un equipo que no se dejó intimidar por la rotación interminable de Lawson. Zandalasini, eso sí, pagó su agresividad con tres faltas antes del intermedio, un riesgo enorme en un torneo FIBA con límite de cinco personales.

Italia cerró la primera mitad con 16 puntos en el segundo cuarto y, sobre todo, con la sensación de haber encontrado el plan: colapsar la pintura, cortar las líneas de pase y vivir con el resultado si USA no castigaba desde fuera.

Un gigante frío: el ataque de USA se congela

El segundo cuarto expuso las grietas. Estados Unidos se quedó en nueve puntos en ese periodo. Nueve. Para un equipo que venía de anotar 94 ante China, el frenazo fue seco. Italia se cerró sobre la zona, negó las penetraciones y obligó a tirar desde fuera. Nadie respondió. Ningún triple convertido camino del descanso.

El porcentaje global lo decía todo: 33% en tiros de campo en pleno segundo cuarto. Un “oof” que no necesitaba traducción. Al descanso, el 30-24 a favor de USA sonaba más a aviso que a control. La diferencia había llegado a ser de dobles dígitos en varias fases, pero Italia siempre encontraba una respuesta, casi siempre con Zandalasini al mando.

Angel Reese mandaba en la estadística estadounidense con seis puntos, dos tapones, un robo y una actividad constante, mientras otras tres jugadoras sumaban cuatro puntos cada una. Aun así, el 32% en tiros de USA frente al 31% de Italia dibujaba un partido embarrado, de golpes cortos, muy lejos del espectáculo ofensivo que muchos esperaban.

Collier cargada de faltas y Lawson, sin paños calientes

Nada más arrancar el tercer cuarto, otro problema: a 7:31 del final del periodo, Napheesa Collier cometió su tercera falta. Lawson no dudó y llamó a Rhyne Howard para reemplazarla. Con el límite de cinco personales en FIBA, cada decisión pesaba más de lo normal. Collier, una de las anclas defensivas y referentes de este nuevo ciclo, quedaba condicionada.

En el descanso, Kara Lawson no maquilló la realidad. “Creo que estamos jugando físico; simplemente estamos cometiendo demasiados errores. Estamos cometiendo demasiados fallos”, admitió. “Italia está jugando con mucha fuerza. Sabíamos que lo harían. Nos ha forzado a muchas pérdidas que no deberían pasar”. Un diagnóstico claro: el problema no era solo el acierto, era la toma de decisiones.

Mientras tanto, desde la dirección de la selección, Sue Bird había marcado antes del partido la hoja de ruta: respetar al rival y construir química sobre la marcha. Contra Italia, el respeto se convirtió en obligación. El margen de error, en lujo que el equipo no podía permitirse.

Un grupo abierto y un favoritismo que se pone a prueba

Todo esto sucede en un contexto en el que Estados Unidos llega como gran favorito al título, con cuotas que la señalan como única selección con probabilidades en negativo para ganar el Mundial de 2026. Cuatro coronas consecutivas, ninguna derrota en Copa del Mundo desde 2006 y un historial que intimida a cualquiera.

El grupo D, sin embargo, no ofrece tregua: Czech Republic, Italy y China obligan a competir cada noche. El debut fue un paseo: 94-61 a China, con cuatro jugadoras en dobles dígitos y una actuación brillante de Caitlin Clark, que firmó un doble-doble de 14 puntos y 11 asistencias, la mejor marca de pases de canasta de una estadounidense en un partido de Copa del Mundo. Rhyne Howard y Paige Bueckers acompañaron con 14 puntos cada una.

Italia ya sabía lo que era sufrir a este monstruo. En marzo, en el clasificatorio de Puerto Rico, USA la había aplastado 93-59, con Kahleah Copper como máxima anotadora con 15 puntos y cinco estadounidenses en dobles dígitos. Aquella noche, la distancia entre ambos equipos parecía un océano. En Berlín, ese océano se encogió.

Una USA distinta, obligada a madurar a toda velocidad

Este torneo también mide la capacidad de adaptación. A'ja Wilson, cuatro veces MVP de la WNBA y MVP del Mundial 2022, y Kelsey Plum, cinco veces All-Star, se cayeron de la lista apenas cuatro días antes del inicio por “razones de salud”. Dos ausencias mayúsculas. Lawson fue tajante: no había tiempo para lamentarse ni para pensar en quién no estaba. Sonia Citron y Kiki Iriafen, jóvenes de Washington Mystics, entraron al grupo para ocupar esos huecos.

Sobre la pista, el peso recae ahora en un núcleo mixto: veteranas de élite como Breanna Stewart, Chelsea Gray y la propia Collier, junto a la nueva ola encabezada por Clark, Bueckers y Reese. El talento sobra; la química, como recordó Bird, se construye sobre la marcha. Y partidos como este ante Italia, trabados, incómodos, con porcentajes bajos y problemas de faltas, son precisamente los que aceleran —o exponen— ese proceso.

Lo que viene

El calendario no espera a nadie. Tras China e Italy, llega Czechia, con los cruces de cuartos de final en el horizonte inmediato. El primero de cada grupo pasa directamente a cuartos; segundo y tercero se jugarán la vida en una ronda de clasificación extra.

En Berlín, Italia demostró que el camino hacia otro oro no será un desfile, sino una carrera de fondo llena de trampas tácticas y noches frías como esta. La pregunta ya no es solo si Estados Unidos tiene más talento que nadie. Eso está claro. La cuestión es otra: ¿podrá este nuevo vestuario aprender a sufrir tan bien como aprendió a ganar?