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Kawhi Leonard y el escándalo de su tío Dennis en la NBA

En la NBA moderna, demasiados deportistas tienen un “tío Dennis” en su entorno: ese familiar o amigo de la infancia al que se le entrega la chequera y la confianza, y que termina cruzando líneas que el jugador, ocupado en ganar partidos, ni siquiera ve venir.

En el caso de Kawhi Leonard, ese personaje tiene nombre y apellido: Dennis Robertson. Durante años, el tío que se convirtió en representante y hombre de negocios del alero se ganó fama de negociador agresivo, casi legendario, en los pasillos de la liga. El miércoles, esa reputación chocó de frente con el reglamento: la NBA lo inhabilitó durante cinco años para relacionarse con cualquier equipo, jugador o empleado de la liga, al considerarlo pieza clave en la trama con la que Los Angeles Clippers burlaron el tope salarial.

La sanción forma parte de un castigo ejemplar contra la franquicia angelina, pero también destapa una historia que en los despachos se comentaba en voz baja desde 2019. Ese verano, Leonard era el hombre más codiciado del planeta baloncesto. Acababa de ser MVP de las Finales con Toronto Raptors, después de un título histórico y de aquel tiro imposible ante Philadelphia 76ers que rebotó cuatro veces en el aro antes de caer.

Toronto marca una línea

El informe del despacho Wachtell, Lipton, Rosen & Katz, que investigó el caso durante un año, detalla que Raptors, Los Angeles Lakers y Clippers escucharon una lista de exigencias de Robertson que chocaban de lleno con el Convenio Colectivo: participación accionaria en los equipos, vivienda, acceso a transporte privado y fuentes de ingresos fuera de la pista, como acuerdos de patrocinio ligados directamente a las franquicias.

En Toronto, la respuesta fue tajante. Desde lo más alto de la estructura de Maple Leaf Sports & Entertainment (MLSE), con Larry Tanenbaum y Edward Rogers involucrados, se decidió no entrar en ese juego. Sí al contrato millonario. No a romper las reglas.

Esa negativa, lejos de espantar a Leonard, ha terminado devolviéndolo a Canadá. El alero, una superestrella en plenitud, volverá a vestir la camiseta de Raptors esta temporada, una vez que la NBA apruebe oficialmente el traspaso ya acordado con Clippers en junio. Un regreso que, para Tanenbaum, presidente emérito de MLSE, supone una especie de reivindicación: la prueba de que se puede competir por los mejores sin ensuciarse las manos.

Para Edward Rogers, presidente ejecutivo de Rogers Communications Inc., la operación tiene otra lectura. Leonard es imagen, magnetismo, munición comercial. La compañía busca seducir a grandes fondos institucionales para vender una participación minoritaria en sus activos deportivos, valorados en 25.000 millones de dólares. El rostro de Kawhi y aquel lanzamiento eterno ante Philadelphia aparecerán una y otra vez en las presentaciones a inversores.

Mientras tanto, el informe sobre Clippers confirmaba lo que muchos sospechaban.

Cuando el “no” de unos se convierte en “sí” de otros

Según la investigación, Robertson persiguió para Leonard unos 10 millones de dólares adicionales en ingresos por patrocinios, al margen del contrato deportivo que le reportará 50,3 millones la próxima temporada. Y Clippers, con Steve Ballmer al mando, movieron cielo y tierra para que esa cifra se hiciera realidad.

El resultado: Leonard ganó decenas de millones gracias a acuerdos con cuatro empresas vinculadas a Clippers. Tres de ellas le pagaron 18 millones de dólares sin que, según el informe, existiera prácticamente contraprestación. La investigación recoge que la única actividad confirmada del jugador bajo esos contratos fue una visita a una base militar en una ocasión y la firma de algo de memorabilia en otro acuerdo.

La factura ha llegado ahora. Y es demoledora.

Adam Silver anunció una sanción que golpea donde más duele a una franquicia: el futuro. Cinco primeras rondas del draft confiscadas y una multa de 30 millones de dólares. A eso se suma la suspensión de Ballmer, el propietario más rico de la liga gracias a su etapa al frente de Microsoft Corp. El multimillonario queda fuera de toda actividad de la NBA durante un año por “buscar deliberadamente ayudar al señor Leonard a obtener oportunidades de ingresos fuera de la cancha”.

El mensaje es claro: el tope salarial no es negociable, ni siquiera para los bolsillos más profundos.

Leonard asume, paga y vuelve a Toronto

En medio del terremoto, Leonard se prepara para iniciar el último año de su contrato de tres temporadas y 149,5 millones de dólares. Y, a diferencia de otros casos, no ha intentado esconderse detrás de su entorno. A través de un comunicado difundido por su nuevo agente, el alero aceptó “plena responsabilidad por los errores de juicio de personas dentro de mi círculo cercano” y lamentó “la distracción que esta situación ha causado a los aficionados y a mi familia”.

La historia con Robertson añade una capa humana incómoda. El tío se convirtió en mentor de Leonard después del asesinato del padre del jugador, cuando este tenía 16 años y trabajaba en el autolavado familiar. Esa figura que llenó un vacío personal terminó cruzando una línea profesional que ahora le cuesta cinco años de destierro de la NBA.

Como parte de las sanciones, Leonard deberá abonar 700.000 dólares a la liga por viajes, entradas y regalos que recibió y nunca pagó. En comparación con las cifras que se manejan en el caso, es una cantidad menor. En términos de imagen, es una mancha que el jugador intenta limpiar con hechos.

Durante este verano, el californiano ha mostrado un perfil mucho más visible en Toronto que en su primera etapa. Se le vio junto a Tanenbaum, ambos sonrientes, en la rueda de prensa en la que Kyle Lowry volvió simbólicamente a Raptors por un día para retirarse como jugador de la franquicia. Un gesto cargado de simbolismo para una organización que se esfuerza en proyectar cultura, estabilidad y pertenencia.

“Al regresar a Toronto, estoy centrado en lo que puedo controlar, en cerrar este capítulo y seguir adelante con la hoja en blanco”, afirmó Leonard en su comunicado.

Un regalo de despedida y una oportunidad única

El regreso de una superestrella a una franquicia que históricamente ha sufrido para atraer grandes agentes libres dice mucho de la percepción actual de Raptors entre los jugadores. La apuesta por el “camino correcto” no solo evitó un escándalo en 2019; hoy le devuelve al equipo a su figura más determinante desde que existe la franquicia.

Para Tanenbaum, que se espera venda su participación en MLSE a Rogers por 4.350 millones de dólares este otoño, la vuelta de Leonard tiene sabor a despedida de lujo. Deja un club competitivo, con una estrella de primer nivel mundial y con una narrativa limpia en una liga donde las zonas grises abundan.

Para Rogers, el momento no puede ser mejor. Raptors recupera relevancia deportiva justo cuando la compañía necesita una historia potente para presentar sus activos deportivos al mercado financiero global. No hay powerpoint que valga tanto como un pabellón lleno, una ciudad enganchada y un jugador del calibre de Kawhi Leonard decidido a escribir otro capítulo.

La NBA ya ha dictado sentencia sobre el pasado. La verdadera intriga, ahora, está en lo que Leonard y Toronto sean capaces de construir a partir de aquí.