Kyle Lowry: El greatest Raptor of all time
TORONTO — “Greatest”.
Una sola palabra, ocho letras, cargadas de todo lo que el deporte despierta y casi nunca consigue explicar del todo. Pero en una mañana fría en el centro de Toronto, unas 1.500 personas se encargaron de ponerle imagen, sonido y piel a ese concepto.
No era un homenaje a DeMar DeRozan, máximo anotador histórico de los Toronto Raptors. Tampoco al primer gran ídolo de la franquicia, Vince Carter. Ni siquiera al jugador más talentoso que se ha puesto la camiseta púrpura, el recientemente repescado Kawhi Leonard.
La ciudad se volcó con Kyle Lowry.
El base bajito de North Philly, el tipo que llegó con aristas, sin cartel de superestrella y sin fama de romper marcadores, se convirtió en el protagonista de un Block Party que sirvió como anuncio oficial: cuelga las zapatillas. Y, al mismo tiempo, como confirmación de algo que hace tiempo dejó de ser debate: para la afición y para muchos de sus compañeros, es el “greatest Raptor of all time”. El GROAT.
El pequeño base que se hizo gigante
La pregunta flotaba en el aire mientras Maple Leaf Square —el famoso Jurassic Park— se llenaba: ¿por qué él? ¿Por qué este jugador, y por qué tan rápido se retira su camiseta?
“La longevidad, todos los momentos, y las estadísticas también, pero las estadísticas son solo una pequeña parte”, explicaba un aficionado, que prefirió mantener el anonimato, a Sportsnet. “De principio a fin, todo lo que aportó. No quiero ponerme demasiado emocional, pero… creo que para todos está bastante claro”.
Otro seguidor, Kuya Naredo, que terminó ganando entradas para “A Night For Seven”, la gala benéfica que cerraba el fin de semana dedicado a Lowry, lo resumió con una palabra: resiliencia.
“Kyle Lowry es el greatest Raptor of all time porque ese hombre es resiliente. Hizo todo lo que pudo cada día. Lideró Toronto, lideró Canadá y lideró a los Raptors”.
Cuando le preguntaron por qué estaba allí esa mañana, Naredo ni dudó: “Comunidad”.
“(Lowry) unió Toronto, y tenemos que unirnos por él”.
Ahí estaba la clave. No era solo un homenaje a un jugador. Era una celebración de lo que construyó alrededor del equipo y de la ciudad.
“Nosotros empezamos esto”
No era la primera vez que los aficionados se amontonaban frente al Scotiabank Arena por él. Y Lowry se encargó de recordarlo con una sonrisa orgullosa:
“Nosotros empezamos esto, todo lo de Jurassic Park”, dijo ante la multitud. “Todo el mundo quiere tener su propia versión, pero sentíos orgullosos de saber que fuimos los primeros en hacerlo”.
Durante más de tres horas, la marea rojinegra se movió entre exposiciones temáticas del número 7, una estatua conmemorativa de un Raptor y escenarios donde excompañeros del base fueron desgranando su impacto hasta justificar, una y otra vez, ese título de GROAT.
C.J. Miles, que jugó en Toronto entre 2017 y 2019, lo definió con precisión quirúrgica:
“Es un arquitecto de la cultura que acabó llevando al equipo a la cima”, dijo. “Alguien tan incrustado en una ciudad, en una organización, en un equipo, y que da todo a algo así, y que eso lo refleja… creo que eso es lo que le hace el greatest Raptor of all time”.
Danny Green, campeón con los Raptors en 2019, fue aún más lejos:
“(Lowry es) uno de los mejores jugadores que han pasado por nuestra liga. Para un tipo de ese tamaño, jugar 20 años… uno de los mejores compañeros que he tenido. No me habría perdido esto por nada del mundo”.
Sus palabras tienen peso. Green compartió vestuario con Tim Duncan, Tony Parker, Manu Ginóbili, Leonard y los San Antonio Spurs, y más tarde con LeBron James en Los Angeles Lakers. Y aun así, elogia así a Lowry y a Toronto.
No fue el único. Chuck Hayes, Terrence Ross, el propio Miles, Green, Fred VanVleet… todos repitieron la misma idea: “los mejores aficionados de la liga”. No sonaba a tópico vacío. Sonaba a vivencia.
Solo hubo un invitado que decidió ir a contracorriente. Y fue el único que nunca jugó para los Raptors.
“Sé que este es el día de Kyle, pero ¿esto no era ‘LeBronto’?”, bromeó Kevin Love, excompañero de Lowry en Miami Heat y rival recurrente en su etapa con Cleveland Cavaliers.
Fue el único instante en el que los abucheos sustituyeron a los aplausos. Duró poco. En cuanto apareció DeMar DeRozan, el ruido volvió a ser de gratitud.
DeMar, el socio perfecto, cierra el círculo
DeRozan, el escudero más fiel de Lowry durante años, fue el último jugador en subir al escenario. Y dejó claro lo que significaba estar allí.
“Significa el mundo para mí poder estar aquí celebrando… al tipo que terminó esto”, dijo. “Es definitivamente el greatest Raptor of all time. Las cosas que ha hecho por esta ciudad son increíbles”.
Mientras, el protagonista de la jornada encajaba todo el cariño con una mezcla de timidez y orgullo.
“Humilde por todo esto”, reconoció Lowry.
“Cuando montamos este plan, (un block party) era una de las cosas que quería hacer para mostrar amor a los aficionados, sinceramente, porque lo son todo. Este asunto del baloncesto no sería posible sin ellos. Ha salido exactamente como pensaba. Agradezco que hayan venido. Agradezco a la organización de los Raptors por permitir que esto ocurra, por el esfuerzo increíble y por hacer que este fin de semana sea espectacular”.
Toronto, modelo de cómo cuidar a sus leyendas
No solo Lowry percibió el nivel del homenaje. Desde fuera, el reconocimiento también impresionó.
Green colocó a Toronto al lado de San Antonio:
“Las dos mejores organizaciones que cuidan de los jugadores, que miran por los jugadores… mientras estás allí, la ciudad, los aficionados, no hay nada igual. No puedo alabar lo suficiente a la ciudad ni a los fans por lo especial que nos hacen sentir”.
VanVleet, heredero natural del timón del equipo tras el traspaso de Lowry a Miami en 2021 y ahora en Houston Rockets —aunque sigue llamando “casa” a Toronto—, explicó lo que supone ver este tipo de tributos desde dentro del oficio:
“Como jugador, pones tanto tiempo y sacrificio, sangre, sudor y lágrimas en tu oficio y tu juego, juegas cada noche, y ver que eso se devuelve ahora al final de su carrera… es un día especial. De eso va el deporte. Sabemos lo que significa para este país, y siempre es bonito ver que se le devuelve”.
Lowry, por su parte, ya piensa en que este guion se repita con otros nombres propios de la franquicia.
“Espero que hagamos esto otra vez en algún momento, cuando el número 10 de (DeRozan) suba al techo. Ese 10 tiene que estar ahí arriba”.
Green lo remató con una frase que ordena el pasado, el presente y el futuro de la franquicia:
“DeMar tendrá su momento en algún punto, Kawhi tendrá su momento, pero estamos aquí para celebrar al greatest Raptor of all time y darle sus flores”.
“Un año más”… que no llegará
El público obedeció. Cantó, aplaudió, agitó pancartas. Y no se movió mientras Lowry alargaba su estancia sobre el escenario, luego a pie de pista, luego pegado a las vallas, firmando autógrafos, posando para fotos, devolviendo con paciencia el cariño que recibió durante nueve temporadas en Toronto.
Los gritos de “GROAT” mantenían su atención. Los de “one more year”, no.
“Buen cántico, me encanta. No va a pasar”, zanjó, con una media sonrisa.
Antes de irse, dejó un último mensaje, fiel a la línea que lo ha definido: levantar a los demás.
“Seguid siendo los mejores aficionados que habéis sido. Seguid liderando la liga en asistencia. Seguid siendo vosotros, sin disculpas… y ojalá llegue otro campeonato aquí, y pueda ser parte de esa celebración con esta organización y ese grupo”.
Con esas palabras, la fiesta se cerró. Por ahora.
El siguiente capítulo ya tiene fecha: 10 de enero. Ese día, LeBron James y los Philadelphia 76ers de la ciudad natal de Lowry visitarán Toronto. Y el número 7 subirá definitivamente al techo del Scotiabank Arena, junto al 15 de Carter.
Como despedida, no está nada mal. Quizá, incluso, la más grande.






