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Kyle Lowry y la retirada de su camiseta en Toronto

CALEDON, Ontario — Lo de Kyle Lowry y la retirada de su camiseta nunca fue un debate. Era una bandeja en contraataque sin nadie delante, camino directo a volcarla. Una conclusión inevitable para el jugador que cambió el ADN de los Toronto Raptors.

Lo curioso es que el camino hasta el techo del Scotiabank Arena no se pareció en nada al de Vince Carter, el hombre que enseñó a una generación de aficionados lo que significaba volar con la camiseta de los Raptors. Dos leyendas, dos estilos, dos historias muy distintas para acabar en el mismo lugar: colgados uno al lado del otro, el 15 y el 7, las dos primeras camisetas retiradas en 32 años de franquicia.

Un adiós escrito desde hace años

La ceremonia de Lowry está fijada para el 10 de enero, con los Raptors recibiendo a LeBron James y a los Philadelphia 76ers, el equipo de su ciudad natal. Para entonces, el homenaje llevará meses en marcha.

El primer acto fue el 7 de julio, cuando Lowry regresó a Toronto para firmar un contrato simbólico de un día y anunciar su retirada como jugador de los Raptors. No había otro final posible. Se va como líder histórico de la franquicia en asistencias, robos, triples anotados, victorias y triunfos en playoffs. Y como cerebro del título de 2019, la noche que cambió para siempre la historia del baloncesto en Canadá.

Este fin de semana llegó la segunda fase. Lowry aterrizó en la ciudad para 36 horas de celebración intensa, muy en su estilo: cercana, competitiva, con un toque de barrio.

Todo arrancó en el TPC Toronto at Osprey Valley, con el KLOW Invitational, su torneo benéfico de golf, a beneficio de la MLSE Foundation. A partir de ahí, una agenda diseñada para abrazar a la ciudad.

El sábado por la tarde, Kyle’s Block Party, un evento gratuito para aficionados en Jurassic Park, la plaza que se convirtió en santuario durante las noches de playoff. Por la noche, A Night For Seven, una gala en apoyo de la misma fundación.

Y no fue una reunión simbólica. Fred VanVleet, DeMar DeRozan, Serge Ibaka, CJ Miles, Danny Green y el exentrenador Nick Nurse estaban en el campo de golf el viernes, compartiendo risas y recuerdos.

“Es algo que no esperaba y lo aprecio”, confesó Lowry. “Las palabras no pueden describir lo que siento por lo que han hecho”.

En realidad, todo estaba pactado con el tiempo. Ya en mitad de la temporada 2020-21, cuando los Raptors jugaban en Tampa por la pandemia y sonaba con fuerza un traspaso a un aspirante, Lowry dejó claro que, fuera donde fuera y cuando fuera, su último contrato lo firmaría en Toronto. Solo era cuestión de esperar a que el calendario y su cuerpo marcaran el momento.

Ese momento llegó este verano, con el adiós definitivo tras 20 años en la NBA. A partir de ahí, la maquinaria del homenaje se puso en marcha con una precisión que también habla de la madurez de la franquicia. Y de las lecciones aprendidas con Vince Carter.

Carter, la herida que acabó cerrando

La salida de Carter fue todo lo contrario a la de Lowry. El joven fenómeno que llenaba pabellones y coleccionaba pósters se marchó en un traspaso temprano en la temporada 2004-05, envuelto en la sensación de que había dejado de creer en la organización. Parte de la afición nunca se lo perdonó.

Con el tiempo, la historia se matizó. Carter podía argumentar que el club no estuvo a la altura de un jugador de su calibre. Que la estructura no acompañó al talento. Él nunca cargó contra la ciudad ni contra los aficionados, pero la fractura fue profunda y duradera.

Hizo falta casi una década para que se rebajaran las tensiones, para que las dos partes empezaran a mirarse de nuevo a los ojos. Para que se pudiera preparar el regreso del hijo pródigo.

“La organización estaba en un lugar muy diferente cuando Vince estaba aquí”, resumió un conocedor interno. “Kyle se benefició de las lecciones de aquello”.

La retirada del 15 en noviembre de 2024 fue el cierre perfecto del círculo. Una noche cargada de emoción cruda, lágrimas y reconciliación. Y, a la vez, el ensayo general de lo que ahora vive Lowry.

Nick Nurse, ahora al frente de los Sixers, lo ve como un signo de crecimiento institucional: “Creo que la organización va madurando con los años. Tienes estas ocasiones y este éxito que celebrar, ¿no? En el gran esquema de las cosas, sigue siendo una franquicia relativamente nueva. Estaba en nuestra instalación de entrenamiento en Philadelphia y tenemos a Moses (Malone) y Dr. J allí arriba, y ahora los Raptors empiezan a contar también sus historias”.

Un manual para cuidar a las leyendas

El paralelismo entre Carter y Lowry no está en el conflicto, sino en el despliegue. En ambos casos, los Raptors han diseñado algo más que una simple ceremonia en el descanso de un partido.

Con Carter, la agenda incluyó la renovación de una pista de baloncesto construida originalmente por su fundación en sus años de jugador en Toronto, y hasta un avión temático de Air Canada en honor a “Air Canada”. Con Lowry, el foco se ha puesto en la comunidad, en la calle, en el vínculo con los aficionados.

Nada es casual. El club quiere consolidar una cultura, una tradición propia, y mandar un mensaje hacia dentro y hacia fuera: en Toronto se cuida a los suyos.

“Los jugadores hablan, los agentes hablan”, apuntó una fuente. “Se fijan en estas cosas”.

¿Quién será el siguiente?

Una vez Carter y Lowry ocupen su lugar en lo más alto del Scotiabank Arena, la gran pregunta cae por su propio peso: ¿quién será el próximo?

El candidato evidente es DeMar DeRozan. Máximo anotador histórico de la franquicia, jugador con más partidos disputados y a punto de iniciar su 18ª temporada en la liga, ahora con Denver Nuggets. Para él, Toronto sigue siendo algo más que un punto en el mapa.

“Eso espero”, dijo sobre la posibilidad de ver el 10 retirado. “Esto siempre será casa para mí”.

Lowry no dejó espacio para dudas: “Oh, el 10 debería estar ahí arriba. Sin ninguna duda”.

También asoma el nombre de Pascal Siakam, ahora en Indiana Pacers. Dos veces All-NBA, titular en el equipo campeón de 2019 y quizá la mejor historia de desarrollo interno que han producido los Raptors. De jugador elegido tarde en el draft a estrella de la liga, todo sin salir de Toronto hasta su traspaso.

Ni DeRozan ni Siakam se marcharon por decisión propia. En ambos casos quedaron, y quizá aún quedan, heridas abiertas por cómo terminó su etapa. Pero el ejemplo de Carter demuestra que el tiempo lima hasta los bordes más afilados. Y el de Lowry confirma que la organización está decidida a reconocer a quienes marcaron su camino.

La gran incógnita romántica se llama Kawhi Leonard. Un año, un anillo, un legado gigantesco. ¿Alcanza eso para retirar el número 2? Hoy, no. Una sola temporada, por brillante que sea, difícilmente basta para el máximo honor de una franquicia.

Pero el escenario podría cambiar. Si el hombre de hombros anchos que lleva el 2 acaba su carrera en Toronto, con tres años más de playoffs y alguna carrera profunda en postemporada, la conversación sería otra. Y Leonard parece dispuesto a mantenerla. Distintas fuentes señalan que una de las razones para regresar a los Raptors fue la posibilidad de convertir la ciudad en su hogar definitivo en la NBA, algo que no pudo cuajar ni en San Antonio ni, sobre todo, en Los Angeles Clippers.

Scottie Barnes, el futuro mirando al techo

Más intrigante aún es el caso de Scottie Barnes. A las puertas de su sexta temporada, ya suma dos apariciones en el All-Star y un segundo equipo All-NBA en su currículum. A los 25 años, sus números empiezan a escribir su nombre en la historia del club: top 10 en puntos (octavo), rebotes (octavo), asistencias (sexto) y tapones (séptimo), y con opciones claras de entrar en el top 10 de robos antes de Navidad.

Con él, los Raptors ya han pisado los playoffs dos veces y, con Leonard en la plantilla, el plan es ir más lejos, más alto, más rápido.

Barnes estuvo presente en la gran noche de Carter. Estará también en el pabellón cuando el 7 de Lowry ascienda al techo del Scotiabank Arena.

Si algún día le toca a él, si su nombre se suma a esa línea de leyendas, puede estar tranquilo: para entonces, Toronto ya habrá perfeccionado el arte de despedir como se merecen a los que construyeron su historia. Y quizá, para entonces, el techo del pabellón cuente ya muchas más historias de las que nadie imaginaba cuando un joven Vince Carter empezó a volar sobre Canadá.