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LeBron James y su bicicleta Canyon Grizl CF de 32 pulgadas

LeBron James ya tiene su propia máquina de grava: una Canyon Grizl CF con ruedas de 32 pulgadas, diseñada solo para él y construida a medida en el sur de Alemania. No es un simple cuadro sobredimensionado. Es un experimento extremo sobre qué puede ser una bicicleta cuando el ciclista mide 2,06 metros y pesa como una estrella de la NBA, no como un escalador de élite.

Una bicicleta gigante, pero afinada al milímetro

Wolfgang Kohl, ingeniero jefe de gravel en Canyon, lo deja claro dentro del propio proyecto: no bastaba con “coger el cuadro actual y hacerlo más grande”. La geometría puede encajar sobre el papel, pero las fuerzas no crecen de forma proporcional. Si se multiplican las dimensiones sin recalcular cargas, rigidez y respuesta, la bici deja de funcionar como un sistema vivo, conectado al ciclista.

Por eso la Grizl CF 3XL de LeBron se ha rehecho desde dentro. Nuevo laminado de carbono, pensado para soportar las brutales cargas que un atleta de su tamaño transmite al cuadro. Ejes pasantes mecanizados por CNC, con un ancho Boost específico para esta plataforma. Abrazadera de sillín diseñada ex profeso. Todo reforzado, todo sobredimensionado, pero con un objetivo claro: que no se sienta como un tanque, sino como una gravel reactiva.

Las ruedas, por supuesto, son las protagonistas: 32 pulgadas. Un diámetro que hasta hace poco sonaba a teoría de foros y prototipos de laboratorio, y que ahora aparece bajo uno de los deportistas más famosos del planeta.

Un caso único… por ahora

Canyon insiste: esta bicicleta es “una pieza única”, aunque “totalmente funcional”. No hay anuncio de producción en serie, ni catálogo secreto preparado. Es un traje a medida para un solo ciclista.

La historia suena familiar. Scott ya jugó con el mismo tamaño de rueda: Robin Gemperle ganó con una de esas bicis la Unbound XL 2026, y Cameron Jones la llevó en el recorrido “corto” de 200 millas de la misma prueba. Cuando la marca suiza mostró al mundo sus modelos de 32 pulgadas, fue tajante: “prototipos puros”, sin intención de llevarlos a las tiendas.

BMC siguió un camino parecido. Sus corredores probaron un prototipo de 32 pulgadas en la prueba de Andorra de la Copa del Mundo de cross-country en julio de 2025. Después, la propia marca confirmó que no tenía planes de comercializar una bicicleta con ese tamaño de rueda.

El patrón se repite: las grandes firmas juegan, prueban, ganan incluso carreras con estas ruedas gigantes, pero mantienen el freno de mano echado a la hora de comprometerse con el mercado. Quien se atreve de verdad, por ahora, son pequeñas casas de bicicletas a medida, donde cada proyecto nace con nombre y apellidos.

El futuro se agranda

Eso no significa que Canyon, Scott o BMC vayan a mantenerse al margen para siempre. El ecosistema empieza a moverse. Schwalbe ya se ha posicionado: en enero aseguró estar “totalmente convencida” del tamaño de 32 pulgadas y anunció que lanzará cubiertas específicas el próximo año. De hecho, la Grizl de LeBron ya monta prototipos de la G-One RX en ese diámetro.

Desde Merida, Stephan Seitz va un paso más allá: confirmó en marzo que la marca está desarrollando bicicletas de gravel y de cross-country con ruedas de 32 pulgadas, y se atrevió a poner fecha al cambio de paradigma. Según él, este tamaño se convertirá en el nuevo estándar de alto rendimiento en primavera del año que viene.

Si se cumple ese pronóstico, lo que hoy parece una excentricidad hecha para una superestrella de la NBA puede convertirse en la nueva normalidad para los ciclistas más altos del pelotón y del mercado.

LeBron, el probador perfecto

Mientras el sector duda, LeBron James disfruta. Y encaja como nadie en la teoría: la mayoría de ingenieros coincide en que las 32 pulgadas tienen más sentido cuanto más alto es el ciclista. Rueda más grande, ángulos más lógicos, postura más natural.

El propio James lo resume con una sencillez que cualquier ciclista reconoce: en la mayoría de bicis que ha montado, siempre notaba dónde no le encajaban, qué tenía que compensar con su cuerpo. Esta es la primera en la que no tiene que pensar en nada. Se sube, pedalea y desaparece todo lo demás.

Para un jugador acostumbrado a dominar pistas y pabellones, encontrar por fin una bicicleta que no le obliga a adaptarse, sino que se adapta a él, dice mucho del potencial de este tamaño de rueda. La pregunta ya no es si la industria puede hacer bicis de 32 pulgadas. Está claro que sí. La cuestión es cuándo se atreverá a ofrecérselas al resto de gigantes del asfalto y la grava.