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Los Angeles Lakers: Verano caótico y dudas en la franquicia

La franquicia angelina no ha dejado de acaparar titulares durante el verano, y no precisamente por fichajes rutilantes o una reconstrucción ejemplar alrededor de Luka Doncic. El terremoto ha empezado arriba del todo: en los despachos, en la propiedad, en el corazón político del proyecto.

El periodista Khobi Price lo resumió con una frase que resuena en toda la liga: hay “fuego alrededor de la organización”. No es una metáfora gratuita.

Mark Walter vendió recientemente la franquicia por unos 12.500 millones de dólares a Bob Iger y Josh Kushner, una cifra descomunal incluso para los estándares de la NBA. La operación llegó en medio de una investigación federal sobre las finanzas de Walter. Poco después, la familia Buss intentó desprenderse de su participación en los Lakers. Un símbolo histórico del club buscando la salida en pleno cambio de manos.

En ese contexto, hasta un movimiento que parecía casi sentimental se vino abajo. Klay Thompson, con un padre leyenda del equipo y que intentó convencerle para vestir de púrpura y oro, eligió Miami. Un golpe emocional. Y una pregunta flotando en el aire: ¿el estado actual de la franquicia está espantando a las estrellas?

Doncic en el centro… y un vacío a su alrededor

La misión deportiva es clara: rodear a Luka Doncic con el mejor elenco posible. El margen, no. Con la propiedad en plena sacudida y una temporada crucial del esloveno en el horizonte, cualquier sensación de inestabilidad pesa. Mucho.

La plantilla aún tiene agujeros evidentes. El más señalado: el puesto de ala-pívot titular junto a Doncic. El mercado ha colocado a los Lakers en casi todas las conversaciones de aleros y interiores versátiles. Nombres como P.J. Washington, Derrick Jones Jr., Saddiq Bey o De’Andre Hunter han desfilado por los rumores. Pero el ruido no se ha traducido en acción.

¿Se abrirá realmente la ventana para alguno de ellos? ¿Harán los Lakers el esfuerzo definitivo por uno de esos perfiles? El insider Jovan Buha pinta un escenario muy distinto.

Los objetivos se enfrían

Buha, una de las voces más conectadas con el día a día de la franquicia, desliza que el equipo se aleja de sus dos objetivos más comentados: P.J. Washington y Derrick Jones Jr. En su análisis, el debate interno va más allá de simples nombres; se trata de confiar en que un jugador pueda sostener el nivel cuando lleguen las noches grandes.

Plantea la cuestión con crudeza: ante los mejores equipos de la liga, ¿te sientes realmente seguro con ciertos perfiles como titulares, jugando 24, 26, 28 minutos por noche, cumpliendo exactamente lo que necesitas en ese rol?

Buha menciona a De’Andre Hunter, Kyle Kuzma o Grant Williams como jugadores en los que no ve ese mismo grado de fiabilidad para ser el ala-pívot de referencia de un aspirante. Y, paradójicamente, señala que su plan ideal sería ir a por P.J. Washington y Derrick Jones Jr. Sin embargo, reconoce que no es el camino por el que parecen avanzar los Lakers.

El motivo de fondo vuelve a llevar la mirada hacia arriba: una propiedad “en una cierta T”, como describe, una tensión latente que condiciona cada movimiento. Con ese clima, la sensación es que la franquicia se inclina por seguir adelante con el grupo actual, quizá con algún ajuste menor: cortar a alguien, un traspaso dos-por-uno, o simplemente descargar salario enviando a un jugador a otro equipo.

Buha es claro: no espera un movimiento de gran calado. La plantilla, salvo sorpresa, está prácticamente definida.

Sin munición en el mercado, la solución puede estar en casa

Sobre el papel, el camino lógico sería empaquetar activos y traer un jugador capaz de entrar en el quinteto titular desde el primer día. Si el objetivo declarado es competir ya por el anillo, cuesta entender por qué no se exploran hasta el límite esas opciones.

La respuesta está en el arsenal, o mejor dicho, en su escasez. Los Lakers no tienen un capital de traspaso especialmente atractivo. Están cerca de la línea del apron, lo que complica todavía más cualquier operación ambiciosa. Para moverse con cierto impacto tendrían que desprenderse de un contrato más voluminoso, como el de Jarred Vanderbilt.

Y ahí aparece otro muro: el valor de mercado de Vanderbilt es mínimo, casi inexistente, lastrado por su historial de lesiones y por el acuerdo económico que tiene firmado. No es el tipo de pieza que desatasca una negociación; al contrario, puede frenarla.

En ese escenario, la vía más realista apunta hacia dentro. Desarrollo interno, ajustes tácticos, maximizar lo que ya hay alrededor de Doncic y confiar en que el talento del esloveno tape parte de las costuras estructurales.

La pregunta ya no es solo qué pueden fichar los Lakers. Es si, con este ruido en los despachos y esta plantilla casi cerrada, Luka Doncic tendrá de verdad el contexto necesario para sostener un proyecto que, sobre el papel, nació para dominar y hoy se mueve peligrosamente cerca del filo.