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Minnesota Lynx sufren dura derrota ante Indiana Fever

INDIANAPOLIS — Kayla McBride y Courtney Williams abandonaron la pista del Gainbridge Fieldhouse con la camiseta de calentamiento aún puesta. No era un gesto casual. Era el símbolo perfecto de una noche en la que las Minnesota Lynx, a un paso de asegurar el primer puesto de la fase regular, nunca llegaron realmente a competir.

Un naufragio antes del descanso

El plan era sencillo: ganar a Indiana Fever en el penúltimo partido de la temporada y cerrar el ansiado seed número 1 para los playoffs. La realidad fue un golpe directo al orgullo. Minnesota llegó a ir perdiendo por 29 puntos y se marchó al descanso 23 abajo. En ese momento, Cheryl Reeve tomó una decisión que lo decía todo: sus titulares no volverían a pisar la pista.

Ni un minuto en la segunda parte para Napheesa Collier, McBride, Williams ni Natasha Howard. Partido entregado con 20 minutos por jugar. Declaración contundente.

“Es vergonzoso”, admitió Collier. “Deberíamos estar decepcionadas y avergonzadas por el producto que pusimos en la pista esta noche. No orgullosas de lo que hicimos”.

Las Lynx acabaron cayendo 96-77 ante unas Fever que olieron sangre desde el salto inicial. El extraño giro del destino quiso que el premio llegara igual: horas más tarde, el triunfo de Portland Fire por 90-82 en la prórroga ante Golden State Valkyries les aseguró igualmente el primer puesto. Pero nada de eso maquilló la sensación de ridículo competitivo en Indianápolis.

Miles fuera, defensa ausente

El golpe empezó incluso antes del balón al aire. Olivia Miles, máxima anotadora y asistente del equipo y gran favorita al premio de Rookie of the Year, fue descartada apenas 90 minutos antes del inicio. Arrastraba molestias en el gemelo izquierdo, pasó pruebas con los fisioterapeutas y el cuerpo técnico decidió no arriesgar. Reeve avisó de que el jueves volverá a ser decisión de último momento.

Sin Miles, Minnesota necesitaba volver a sus raíces: defensa, físico, dureza atrás. Era el mensaje repetido por la propia Reeve, por Collier, por Williams. Y por McBride, que en el tiro matinal había exigido un cambio de actitud inmediato antes de entrar en la postemporada.

Nada de eso apareció. Indiana sumó 57 puntos solo en la primera mitad y rompió la dinámica de dependencia casi exclusiva de Caitlin Clark y Kelsey Mitchell. Esta vez, el arsenal fue mucho más amplio.

Reeve, viendo el 31-16 con el que se cerró el primer cuarto, optó por la vía pragmática. Con el partido claramente cuesta arriba y la rotación tocada, priorizó el descanso sobre la remontada imposible. El mensaje: la guerra importante llega en los playoffs, no en una noche perdida en Indianápolis.

El “F you” que nunca llegó

McBride había puesto palabras muy gráficas a lo que quería ver de su equipo: una mentalidad de “F you” hacia el rival, de “arrancarle el corazón” y recuperar el impulso a base de carácter. Sobre la pista, la imagen fue la contraria: un equipo plano, sin colmillo, desbordado en ambos lados.

“Bueno, esa no es mi versión de ‘F you’”, respondió Reeve con ironía. “Así que quizá lo hablemos. ¿Qué significa eso para ti? Sería genial que algo de eso existiera el jueves”.

La entrenadora fue igual de clara respecto al debate por el seed número 1. Dijo que le daba exactamente igual la posición final porque las Lynx son “un maldito buen equipo fuera de casa”. El problema del martes no fue la clasificación. Fue la identidad.

Mientras tanto, las reservas de Minnesota apretaron en la segunda parte y evitaron un marcador aún más escandaloso. Indiana, sin embargo, mantuvo el control y aseguró que, como mínimo, será seed número 6 en los playoffs. El triunfo posterior de Las Vegas Aces fijó el techo de las Fever en el cuarto puesto.

Clark manda, Boston despierta

Caitlin Clark volvió a ser la brújula y el motor. Cerró la noche con 27 puntos, 9 asistencias, 7 rebotes y 4 robos. Completa, agresiva, mandando el ritmo. A su lado, Kelsey Mitchell firmó 20 puntos y alargó su propio récord de la WNBA: 27 partidos consecutivos anotando al menos 20.

El alivio grande llegó con Aliyah Boston. Stephanie White había insistido en que necesitaban sacarla del bache, y la interior respondió: 17 puntos, 7 rebotes, 3 asistencias y 2 robos. Impacto en las dos zonas, presencia en cada secuencia importante.

“Damos miedo cuando estamos conectadas”, lanzó Clark. “Somos el mejor equipo ofensivo de la liga, y hemos mostrado momentos en los que podemos ser muy buenas en defensa. Tengo mucha confianza en todo y en todas las que estamos en este vestuario. Para nosotras se trata de encontrar un nivel de consistencia”.

Si Indiana consigue sostener ese equilibrio, nadie querrá cruzárselas a cinco partidos.

Orgullo herido en Minnesota

En el otro banquillo, la estadística hablaba por sí sola. Chloe Bibby fue la máxima anotadora de las Lynx con 15 puntos saliendo desde el banquillo. Collier se quedó en 9, Williams solo sumó 2 y McBride se fue sin anotar. Cuatro derrotas en los últimos cinco partidos. El peor tramo de toda la temporada. Y justo ahora.

Bibby lo resumió con crudeza: necesitaban “un pequeño puñetazo en la cara”. El martes lo recibieron a dos manos.

Collier tomó la palabra en el vestuario tras el partido.

“Dije algo”, contó. “Sabemos que lo que hicimos fue inaceptable. Enfatizé lo orgullosa que estaba del grupo que entró y nos metió de nuevo en el partido.

“Estoy muy orgullosa de lo que hicieron, pero les fallamos esta noche. Les pedimos perdón por eso, y hablamos de que estas cosas no pueden pasar. Acabábamos de reunirnos sobre lo que queremos lograr en la postemporada, y no hicimos ninguna de esas cosas”.

El jueves, en Minneapolis, las mismas dos franquicias volverán a mirarse a los ojos. Las Fever llegan con confianza, Clark encendida y Boston por fin liberada. Las Lynx, con el primer puesto asegurado pero el ego en carne viva.

La clasificación ya está resuelta. Lo que se juega ahora Minnesota es algo mucho más delicado: recuperar, a contrarreloj, la versión que de verdad asusta en mayo y junio.