Moyes busca refuerzos en el mercado de agentes libres para Everton
David Moyes no perdió tiempo en maquillarlo. El cierre de mercado dejó a Everton corto de efectivos y con más preguntas que respuestas. Ahora, el técnico se agarra a la única vía que le queda abierta: el mercado de agentes libres.
El club llega a septiembre debilitado tras una recta final de ventana que se desmoronó. Salidas tardías como las de Iliman Ndiaye, Beto, Tim Iroegbunam, Adam Aznou y Nathan Patterson han dejado el vestuario raso de alternativas en varias zonas del campo. Demasiado raso para un curso que se presenta exigente.
Las carencias están perfectamente localizadas. Los dos laterales y la posición de delantero centro se han convertido en zonas rojas del mapa de Moyes. Solo cuenta con una opción senior para cada uno de esos roles, un riesgo enorme en una temporada larga, con lesiones, sanciones y bajones de forma a la vuelta de cada esquina.
En este contexto, el mercado de jugadores sin contrato pasa de ser un recurso secundario a convertirse en tabla de salvación. Los futbolistas que siguen libres tras el cierre de la ventana pueden firmar en cualquier momento, aunque deberán ser inscritos antes de una fecha límite no oficial, estimada en torno a una semana después del cierre del mercado. Es una carrera contra el reloj, silenciosa pero decisiva.
Declaraciones de Moyes
En su rueda de prensa previa al duelo del domingo ante Manchester United, Moyes fue claro al describir la hoja de ruta inmediata del club: «Estamos mirando el mercado de agentes libres. Estoy intentando conseguir un equipo que esté en la parte alta y compita. Quiero que los jugadores crean que estamos avanzando; para mí, eso es realmente importante».
No es solo una cuestión de números. El escocés insiste en la idea de proyecto, de ambición. Pero el discurso choca con un final de mercado que dejó una sensación amarga en Finch Farm. El propio Moyes admitió su frustración por cómo se torcieron los planes en los últimos días.
«Decepcionado por no haber hecho más negocios y decepcionado porque las cosas no salieran como queríamos al final. A veces, en el fútbol, tienes que convivir con la decepción y seguiremos adelante», reconoció.
El símbolo de ese desencanto tiene nombre propio: Folarin Balogun. El delantero estaba llamado a ser el gran golpe de efecto de Everton en el último día de mercado. Un fichaje de impacto para elevar el techo competitivo del equipo. Todo se vino abajo en el reconocimiento médico.
Moyes, sin embargo, se negó a señalar culpables ni alimentar teorías: «No fue culpa de nadie [la operación fallida por Balogun]. Pasa mucho en el fútbol. El jugador tuvo un problema en su revisión médica y simplemente fue eso. No hay otra historia detrás».
Sin Balogun, sin refuerzos de última hora y con una plantilla coja en puestos clave, la mirada se desplaza ahora a ese escaparate siempre imprevisible de los agentes libres. Nombres sin club, carreras que buscan relanzarse, oportunidades que a veces cambian temporadas.
Everton necesita algo más que parches. Necesita profundidad, competencia interna y soluciones inmediatas. Moyes lo sabe. El margen de maniobra es pequeño, pero todavía existe. La cuestión es si el mercado libre ofrece la calidad necesaria para sostener la ambición que el técnico proclama. Y si llega a tiempo para un equipo que ya entra en el calendario fuerte con la manta peligrosamente corta.






