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La NBA sanciona a los Clippers por violar el tope salarial

La NBA llevaba casi un año mirando bajo cada piedra en Los Ángeles. El veredicto, hecho público este miércoles, no deja lugar a interpretaciones: la liga considera que LA Clippers violó de forma “significativa y múltiple” las normas de circunvención del tope salarial al firmar la extensión de Kawhi Leonard en 2021. El castigo es demoledor, tanto en los despachos como en la pista.

Un dueño suspendido, dos ejecutivos apartados, 30 millones de dólares en multas y cinco primeras rondas del draft confiscadas entre 2029 y 2033. Un peaje que, sumado a los picks enviados a Oklahoma City Thunder en 2019 para traer a Paul George y asegurar la llegada de Leonard en la agencia libre, deja una cifra brutal: diez primeras rondas entregadas para conseguir y retener a la estrella.

Y, aun así, Leonard seguirá siendo jugador de los Clippers. Su contrato y sus derechos Bird permanecen intactos. El terremoto golpea sobre todo a la estructura de poder de la franquicia.

Cómo se construyó el caso: correos, “consultorías” y un patrón repetido

El núcleo del caso gira en torno a una línea muy fina: ¿hasta dónde puede llegar un equipo a la hora de facilitar acuerdos de patrocinio a su estrella sin cruzar la frontera del tope salarial?

Los Clippers defendieron que solo actuaron como intermediarios, conectando a Leonard con cuatro empresas interesadas en patrocinarle. Un papel de “corredor” que, según ellos, encaja en el reglamento.

Los investigadores de la NBA no se lo han creído.

El informe detalla un patrón de actuaciones que, a ojos de la liga, va mucho más allá de simples presentaciones. Correos electrónicos, notas internas y testimonios de ejecutivos de esas compañías dibujan un escenario de “circunvención flagrante y repetida” del tope salarial. No solo se facilitaron contactos: se habrían diseñado y dirigido acuerdos para que parte del valor económico que Leonard no podía recibir vía contrato NBA le llegara disfrazado de ingresos comerciales.

El ejemplo más llamativo aparece con Daktronics, fabricante de marcadores. El informe acusa a los Clippers de orquestar un “kickback” para Leonard: de un macrocontrato de videomarcadores para el Intuit Dome habría salido, en paralelo, un acuerdo de patrocinio para el jugador, con términos sugeridos o directamente fijados desde la franquicia.

En otros casos, el rastro lleva a pagos de millones en supuestas “consultorías” abonados por los Clippers poco después de cerrarse acuerdos de patrocinio con Leonard. El informe no revela cómo obtuvo todos los datos, pero insiste una y otra vez en entrevistas con ejecutivos de las empresas implicadas.

La liga replica así, casi punto por punto, el precedente más duro que tenía en su historial: el caso Joe Smith y Minnesota Timberwolves en 2000. Entonces, David Stern retiró cinco primeras rondas, impuso una multa récord de 3,5 millones y suspendió a propietario y ejecutivo principal. Ahora, la NBA eleva la factura económica: 7,5 millones de multa por cada una de las cuatro empresas con las que, según la investigación, los Clippers conspiraron para esquivar el tope. Total: 30 millones.

Ballmer en el punto de mira, sin una “prueba humeante”

Steve Ballmer es el rostro del proyecto Clippers. También es uno de los grandes señalados en el informe Wachtell, aunque sin una prueba directa que lo incrimine con una orden concreta.

El documento sostiene que Ballmer “no creó las condiciones” para que su organización respetara las reglas de circunvención y que “buscó conscientemente ayudar a Leonard a obtener ingresos fuera de la pista” con, al menos, “un acto significativo de facilitación” por parte del equipo.

No hay un correo suyo dictando términos. Lo que hay es un encaje de piezas: conocimiento de las exigencias del representante de Leonard, Dennis Robertson; presentaciones entre patrocinadores de los Clippers y el entorno del jugador; y comunicaciones internas sobre esos movimientos.

Las notas contemporáneas de Lawrence Frank, presidente de operaciones de baloncesto, resultan clave. En ellas, Robertson se queja ante Ballmer de que Gillian Zucker —presidenta de operaciones de negocio— solo le hace “introducciones” para “bulls--- deals” y remata con un “I have to get paid”. En esas mismas notas, Ballmer habría dicho que el personal de los Clippers eran “trabajadores colectivos” para ayudar a Leonard a “alcanzar sus objetivos financieros”.

Frank, que ha cooperado con la investigación y recibe una suspensión de seis meses sin sueldo, aparece casi como testigo estrella. Sus apuntes, sumados a las entrevistas con ejecutivos de las empresas, sostienen la narrativa de la liga: no fue un error aislado, sino un sistema prolongado en el tiempo.

El pasado también pesa. Los Clippers ya fueron multados con 250.000 dólares en 2015 por un caso similar con DeAndre Jordan. En 2019, la liga investigó el fichaje de Leonard y, aunque exoneró al equipo, le advirtió y le obligó a pasar por un seminario de repaso de las normas. El mensaje: ya estaban avisados.

Pese a todo, el castigo podía haber ido más lejos. En el caso Joe Smith, la NBA anuló el contrato del jugador y le quitó los derechos Bird al equipo. Leonard, en cambio, solo tendrá que pagar 700.000 dólares. No será suspendido. Su contrato sigue en pie. Sus derechos Bird, también.

El acuerdo de traspaso con Toronto Raptors, que enviaría a Leonard a Canadá y devolvería dos primeras rondas a los Clippers, tampoco salta por los aires. Liga y sindicatos permitirán que siga su curso, si las partes deciden ejecutarlo.

Un futuro sin primeras rondas: el mapa deportivo de los Clippers se estrecha

El impacto deportivo es brutal. Los Clippers se quedan, a día de hoy, sin capital de primeras rondas que puedan usar en traspasos.

El movimiento de Ivica Zubac a Indiana Pacers el pasado febrero había sido el primer paso de una lenta reconstrucción de su arsenal de picks tras los megatraspasos por Paul George en 2019 y James Harden en 2023. De aquel acuerdo con Indiana salieron dos primeras rondas, incluida la que se convirtió en Keaton Wagler con el número 5 del último draft.

Antes de la sanción, el panorama era delicado pero manejable: siete primeras rondas en los próximos siete años, cuatro de ellas traspasables. Eso sí, sin control sobre su propio pick hasta 2030: Oklahoma City tiene derecho de intercambio en 2027; Philadelphia posee la primera ronda de 2028 y opción de swap en 2029.

La sanción derriba ese castillo. Se esfuman cinco primeras rondas: la de 2029 procedente de Pacers y las propias de 2030, 2031, 2032 y 2033. El botín que queda es mínimo: en 2027, el menos favorable entre el pick de Clippers, Thunder y Denver (si cae entre el 6 y el 30); y el pick de 2029, también sin margen de maniobra.

Ninguna de esas elecciones puede usarse en traspasos. El margen de maniobra para rearmar el proyecto vía mercado se reduce casi a cero.

Hay un pequeño resquicio de luz. El traspaso acordado con Toronto por Leonard incluye dos primeras rondas sin protección en 2031 y 2033 que irían a parar a los Clippers. Esas elecciones aliviarían algo el futuro a largo plazo. Pero tampoco podrían ponerse en circulación en otros tratos debido a la regla Stepien, que impide a cualquier franquicia quedarse sin primera ronda en dos años futuros consecutivos.

La ventana competitiva, ya estrecha por edad y contratos, se cierra un poco más.

Ballmer contra la liga: batalla legal a la vista

La NBA ha sido tajante: las sanciones, pactadas con la NBPA, son “definitivas y vinculantes” para todas las partes. Sobre el papel, no hay apelación interna.

Los Clippers no se resignan.

En su comunicado, la franquicia asegura que piensa “impugnar enérgicamente estas conclusiones y sanciones por todos los cauces disponibles” y dice esperar “un proceso de arbitraje ético e imparcial”. El abogado de Ballmer, David Kelley, va más allá y habla de “grave injusticia” y de explorar “todos los remedios legales”.

Ballmer tiene recursos, influencia y tiempo. Lo que no tiene, por ahora, es un camino claro para revertir el fallo dentro de la propia estructura de la liga. La vía judicial aparece como única salida real si quiere frenar o modificar la sanción.

Queda también una incógnita clave: ¿cuándo empieza exactamente su suspensión de un año? La NBA no ha detallado si entra en vigor de inmediato o si puede quedar en pausa si Ballmer recurre ante los tribunales o un árbitro externo.

Lo que sí está claro es que no se trata de un caso a lo Donald Sterling. Ballmer no está obligado a vender. El gobernador alterno, Dennis Wong —socio de negocios de Ballmer y dueño del 1% de la franquicia— figura como inversor en Aspiration, una de las empresas implicadas, pero no aparece citado en el comunicado de la NBA. La propiedad no está en juego. El mando operativo, durante un año, sí.

No sería la primera vez que una franquicia se queda sin su dueño durante toda una temporada. Glen Taylor, propietario de Minnesota, ya vivió ese castigo en el caso Joe Smith. Kevin McHale, entonces general manager, también fue suspendido un curso completo. Más recientemente, Donald Sterling, Mark Stevens y Robert Sarver han sufrido sanciones largas por otros motivos.

Un frente office descabezado… pero no vacío

La sanción a Lawrence Frank, seis meses sin sueldo, deja a los Clippers sin su principal arquitecto deportivo en un tramo delicado. La franquicia todavía no ha aceptado formalmente el castigo, por lo que no ha nombrado a un sustituto interino.

Todas las miradas apuntan a Trent Redden. El general manager, ejecutivo respetado en los círculos de la liga, se perfila como el hombre que pilotará las operaciones mientras Frank esté fuera, si la sanción se mantiene.

El calendario juega un papel curioso. La suspensión de seis meses llevaría a Frank más allá del cierre del mercado de 2027, pero le permitiría regresar a tiempo para el draft de ese año, cuando los Clippers sí tendrían una primera ronda disponible, y para una agencia libre en la que el equipo podría contar con hasta 50 millones de espacio salarial. Un verano, quizá el último gran verano de este ciclo, que Frank podría dirigir en persona.

Gillian Zucker, en el ojo del huracán

En el lado de negocio, la figura clave es Gillian Zucker. Presidenta de operaciones de negocio desde la llegada de Ballmer, fue la responsable directa de las cuatro operaciones con patrocinadores del equipo que, a su vez, firmaron acuerdos de imagen con Leonard.

El informe Wachtell es especialmente duro con ella. La acusa de hacer declaraciones “falsas y engañosas” durante las entrevistas y la sitúa en el centro de la arquitectura de los acuerdos.

Un pasaje ilustra el modus operandi descrito por los investigadores. Cuando Joseph Sanberg, cofundador de Aspiration, le expresa su interés en un acuerdo de patrocinio con Leonard, Zucker le responde que reclutará a un agente de negocios concreto para ayudarle a estructurar el contrato. Ese agente tenía, en ese momento, un acuerdo de retención con los propios Clippers.

Un día después, según el informe, Zucker contacta con el agente para ponerlo a trabajar en la operación. Poco después, ese agente envía un correo interno detallando los términos: Sanberg ofrecería a Leonard 5 millones de dólares anuales, más 7 millones en acciones al año durante cuatro temporadas, siempre que el jugador siguiera en los Clippers.

Los investigadores concluyen que Zucker trasladó de forma impropia los términos financieros propuestos. El propio agente y su equipo afirman que no diseñaron esas condiciones. Y todos los testigos relevantes —incluida la propia Zucker— coinciden en que Sanberg no tenía la experiencia necesaria para estructurar por sí solo un acuerdo de patrocinio de ese calibre.

La NBA la suspende un año sin sueldo. Y la coloca en el centro del caso como ejemplo de cómo, a ojos de la liga, se cruzó la línea entre “facilitar” y “construir” acuerdos para rodear el tope salarial.

Dennis Robertson, cinco años fuera del mapa NBA

La sanción no se detiene en los despachos de los Clippers. También golpea al entorno más cercano de Leonard.

Dennis Robertson, su tío y durante años su consejero de negocios, recibe una prohibición de cinco años para “hacer negocios o relacionarse con equipos NBA y sus filiales en nombre o respecto de cualquier jugador, empleado u otro miembro de la liga o de los equipos”.

Robertson lleva tiempo en el centro de la polémica en los círculos NBA. Su papel en la agencia libre de 2019, cuando Leonard escuchó ofertas de Clippers, Lakers y Raptors, ya había levantado ampollas. Entonces, según fuentes citadas por ESPN y otros medios, Robertson habría pedido a los Clippers participación accionarial en la franquicia, acceso a un avión privado, una casa y garantías de ingresos por patrocinios externos. Exigencias similares, según The Athletic y Toronto Star, habrían llegado a Lakers y Raptors, con peticiones de participación en empresas externas y acuerdos de patrocinio en los que Leonard no tendría que hacer nada a cambio.

Todas esas demandas verbales chocaban de frente con el convenio colectivo. El ruido llegó a la oficina central de la liga. La respuesta fue un “rules enforcement initiative” para endurecer la vigilancia sobre la circunvención del tope. Entre las nuevas normas, una muy clara: los equipos deben informar a la NBA de cualquier solicitud de compensación o beneficios no autorizados por el CBA, venga del jugador, de su agente o de cualquier persona que actúe en su nombre, incluso si la propuesta es rechazada.

En julio, Leonard ya había dado un giro en su estructura personal. Shams Charania informó de que el alero contrató a Harrison Gaines, de SLASH Sports, como nuevo agente y responsable de todos sus asuntos de negocio, en sustitución de Mitch Frankel y del rol informal que venía desempeñando Robertson.

En su comunicado de este miércoles, Leonard no cita a su tío, pero sí apunta a su entorno: “La integridad y el respeto por este juego son fundamentales para quién soy. Acepto plena responsabilidad por los errores de juicio de personas dentro de mi círculo íntimo y lamento la distracción que esta situación ha causado a los aficionados y a mi familia”.

¿Pueden recuperar los Clippers alguna de sus rondas?

La historia dice que no todo está escrito en piedra. En 2000, Minnesota perdió cinco primeras rondas por el caso Joe Smith. Tres años más tarde, la NBA devolvió las elecciones de 2003 y 2005, dejando a los Wolves sin picks solo en 2001, 2002 y 2004.

Ese precedente abre una puerta, pequeña pero real, a que los Clippers puedan recuperar parte del capital perdido si, con el tiempo, la liga considera que el castigo ha cumplido su función ejemplarizante.

Por ahora, el mensaje es inequívoco. La NBA ha querido trazar una línea roja visible para todos: los acuerdos paralelos, disfrazados de patrocinios o consultorías, no son un atajo tolerable alrededor del tope salarial.

Los Clippers, que soñaban con estrenar el Intuit Dome como símbolo de una nueva era de grandeza, se encuentran de golpe con un futuro hipotecado en los despachos y vigilado al milímetro por la liga. El talento sigue ahí. El dinero de Ballmer, también. Lo que ya no está tan claro es cuánta flexibilidad les queda para sostener este proyecto cuando la factura de estos años, en forma de picks y sanciones, ha caído por fin sobre la mesa.