Pablo Torre y la sanción histórica a los Clippers
Durante meses, Pablo Torre caminó contra el viento. Un podcast, un puñado de documentos, fuentes que no querían aparecer y un relato que tocaba a uno de los dueños más ricos del deporte, Steve Ballmer, y a una de las estrellas más enigmáticas de la NBA, Kawhi Leonard. Muchos le llamaron oportunista. Otros, directamente, mentiroso. Hoy, con la sanción más dura que la liga ha impuesto jamás a una franquicia, su trabajo suena distinto.
La NBA confirmó lo que “Pablo Torre Finds Out” venía contando: los Los Angeles Clippers cometieron “múltiples violaciones significativas” de las normas, y Kawhi Leonard, a través de su tío Dennis Robertson, presionó al equipo para que le ayudara a conseguir ingresos fuera de la pista y para que cubriera gastos personales que nunca fueron reembolsados. El resultado: una multa de 30 millones de dólares, cinco primeras rondas de draft y un año de suspensión para Ballmer. Para Leonard, apenas 700.000 dólares y ningún partido apartado.
Torre no se recrea en la palabra “vindicación”, pero tampoco la esquiva.
“Es difícil resistirse a esa sensación”, admite. “Pero mi perspectiva es que el periodismo no existe para ser validado por la entidad a la que investiga ni por los premios que recibe, por mucho que agradezca ambos. Es peligroso que la única forma de confiar en una serie de investigación de meses sea que la persona investigada tenga que decir: ‘Este podcaster tenía razón’”.
Su serie, un híbrido entre charla, investigación y true crime deportivo, acabó ganando un Premio Pulitzer mientras una parte ruidosa del público se alineaba con el multimillonario y el superestrella. El contraste fue brutal: un trabajo minucioso frente a la maquinaria de influencia de un dueño de franquicia de la NBA.
“Fue a la vez vindicador y lo contrario”, explica. “Lo que me importa es que, para quienes sí se tomaron el tiempo de escuchar o ver y seguir la historia, no había ambigüedad sobre lo que era esto”.
ESPN, la versión de los Clippers y una puerta cerrada
El 17 de agosto, ESPN publicó un reportaje con un titular que cayó como una bomba sobre el trabajo de Torre: “Sources: NBA has no evidence Ballmer funneled money to Leonard via sponsors”. Era su antigua casa, el medio que lo había despedido sin demasiada ceremonia, firmando una pieza que encajaba a la perfección con el relato de los Clippers y de Ballmer.
Para Torre, la experiencia fue “no buena”, por decirlo suave.
Se pregunta por qué la cadena se sintió cómoda enmarcando así la historia, por qué nadie le llamó antes de publicarla y por qué, tras prometer incluir su declaración —“Defendemos nuestro trabajo. Esperamos la resolución de la NBA. Y nuestra investigación continúa”—, esa respuesta nunca apareció.
Su propia investigación apunta a un patrón claro: los Clippers y un gabinete de crisis contratado por Ballmer habrían estado ofreciendo a distintos medios una versión de los hechos favorable al dueño. Una versión que la NBA desmintió de inmediato. El relato que llegó a ESPN, según Torre, se parecía demasiado al comunicado oficial que la franquicia difundió casi al mismo tiempo que el reportaje.
No hay misterio sobre el origen de la información. La incógnita, para él, está en la decisión editorial: por qué un medio que conocía de primera mano su trayectoria y su serie, respaldada por fuentes humanas y documentos, optó por dar más credibilidad al relato filtrado por la franquicia que al de un excompañero con un año de trabajo detrás.
Puck, los ataques personales y el tono más oscuro
El golpe no llegó solo desde ESPN. En Puck, Peter Hamby utilizó su podcast para acusar a Torre de buscar “clout”, de perseguir fama y clics. El tono, más que crítico, sonó a ajuste de cuentas.
Torre lo leyó como algo más profundo: gente que no se había tomado el trabajo de escuchar su investigación, pero se sentía cómoda cuestionando sus estándares y su credibilidad como si lo hubiera hecho.
“Se sintió oscuramente poético”, resume. “Que me dieran lecciones sobre estándares periodísticos desde una publicación que aparentemente no intentaba parecerse a ninguno de ellos”.
Entre la incompetencia y la mala fe, ya no ve una diferencia clara. Y admite que el ataque le pareció “extrañamente personal”.
El giro llegó después. Mark Cuban y Ty Lawson, dos de las voces que lo habían criticado en público, terminaron pidiendo disculpas. Torre las recibió con alivio y agradecimiento, pero sin convertirlas en el eje de su relato. El foco, insiste, está en el trabajo y en los hechos.
El castigo ejemplar a Ballmer y la caricia a Leonard
La sanción de la NBA marca un antes y un después. 30 millones de multa. Cinco primeras rondas. Un año sin Ballmer. Y, al otro lado, Leonard con una sanción económica casi simbólica en comparación con las decenas de millones que habría cobrado y la puerta abierta para salir del país y ser traspasado a Toronto Raptors.
El contraste es evidente. Para Torre, la explicación no está en la inocencia de Leonard, sino en la estrategia legal de la liga.
Según su investigación, la NBA optó por darle a Leonard “un tirón de orejas” para lograr un acuerdo con él y con el sindicato de jugadores. Ese pacto eliminaba una de las principales armas que Ballmer podía usar para embarrar el caso: el arbitraje. Sin esa vía, al dueño de los Clippers solo le quedaba una salida, la más agresiva: llevar a todos a los tribunales. A la NBA, al comisionado Adam Silver, al despacho Wachtell Lipton, a Torre y a quien hiciera falta.
La decisión de la liga, entonces, no cuenta toda la verdad sobre lo ocurrido ni sobre el grado de responsabilidad de cada uno. Marca un cierre jurídico, no necesariamente moral.
Adam Silver, en su comunicado, fue tajante: se declaró “profundamente decepcionado” por las violaciones flagrantes de las normas y por los fallos institucionales y de liderazgo en los Clippers. Ballmer respondió acusando a la NBA de una investigación “profundamente sesgada” y anunció que explorará “todas las vías legales” para combatir lo que considera una “injusticia grotesca”.
Leonard, por su parte, eligió un tono medido: habló de “integridad y respeto por el juego” como algo fundamental en su identidad y dijo aceptar “plena responsabilidad por los lapsos de juicio de personas de mi círculo cercano”, lamentando la distracción generada para aficionados y familia.
Torre no compra esa construcción.
Recuerda que Leonard es un adulto de 35 años, presente en reuniones con las franquicias, al tanto de lo que pedía su tío, y que existen documentos con su firma en secciones que acreditan su conocimiento y consentimiento de los acuerdos que ahora asegura desconocer. “Con la colección de documentos que tengo, no me cuadra”, admite. Entiende, eso sí, por qué Leonard opta por ese discurso: es su salida. “Esto no fue bueno, lamento algunas cosas, nos vemos en Toronto”. Y se acabó.
En el fondo, toda la historia, dice Torre, gira en torno a un hombre —Steve Ballmer— que deseaba tanto a un jugador que no vio cómo se exponía a un choque de intereses que acabaría estallándole en la cara.
Nuevos frentes: de los Knicks a los Dodgers
Con el ruido alrededor de los Clippers y Leonard, surgieron rumores sobre si Torre apuntaría ahora a otros casos de la liga, como New York Knicks o Jalen Brunson. Él lo corta de raíz: no son objetivo de su investigación en este momento.
Su mirada ya está en otro lugar. En su podcast prepara ahora una nueva serie, esta vez sobre Mark Walter, propietario de Los Angeles Dodgers, bajo investigación federal por 21.000 millones de dólares en préstamos no revelados concedidos por dos aseguradoras de su propiedad, y protagonista de la reciente venta de Los Angeles Lakers a Bob Iger y Joshua Kushner por 12.500 millones.
El primer episodio, explica, se publicará el viernes. Habla de agencias federales, del interés público, de jugadores del Hall of Fame, de un equipo de baloncesto en Los Ángeles y de un equipo de béisbol en la misma ciudad. La ambición es la misma: tomar algo que parece complejo y demostrar que, en realidad, es más sencillo de entender de lo que parece y, sobre todo, profundamente relevante para el ciudadano.
La venta de los Lakers a Iger y Kushner es una de las puertas de entrada a esa historia. No será un capítulo único, sino el inicio de una narración que crecerá a medida que avance el reporteo. Meses de trabajo, acelerados en las últimas semanas, para volver a colocar el foco donde a muchos no les gusta: en el dinero, el poder y las grietas del deporte de élite.
La NBA ya sabe lo que ocurre cuando Pablo Torre decide seguir un hilo hasta el final. La pregunta es quién será el próximo en sentirse incómodo cuando empiece a tirar del siguiente.






