Los Pelicans: el año de la verdad
Los números del curso pasado son fríos y contundentes: 26-56, undécimos del Oeste, fuera de postemporada. Y, pese a todo, New Orleans ha decidido mirar al espejo y apostar casi por lo mismo. Cambian piezas, no el plan: crecer desde dentro o quedarse atrás.
Llegan AJ Johnson, Bennedict Mathurin, Jaron Pierre Jr. y Trendon Watford. Refuerzos interesantes, sí, pero el mensaje de la franquicia es claro: el peso recae en los que ya estaban. No hay red de seguridad. Toca dar un salto o asumir que este proyecto se estanca.
Fears, Queen y el futuro inmediato
En ese escenario, dos nombres se iluminan: Jeremiah Fears y Derik Queen. Dejaron destellos en su temporada de novato, lo justo para que el equipo se atreva a subirles el listón. Ya no se trata solo de buenas sensaciones: este año deben pelear por minutos serios, por roles importantes, por estar en pista cuando el partido se decide.
La organización ha decidido que el futuro se construye alrededor de ellos. El margen de error se reduce, pero también la excusa. Si Fears y Queen responden, New Orleans tendrá cimientos. Si no, la reconstrucción volverá a empezar casi desde cero.
Zion, Murray, Mathurin: el peso de las estrellas
Más allá de los jóvenes, la temporada de los Pelicans se define con tres apellidos: Murphy, Williamson y Murray. Trey Murphy debe consolidarse como ese alero moderno que abre la pista y sostiene el ataque cuando las defensas se cierran sobre Zion.
Zion Williamson, como siempre, es el gran interrogante. Cuando está sano, el impacto es innegable. El problema es ese “cuando”. Su capacidad para dominar la pintura sigue ahí, pero el equipo ya no puede vivir pendiente del parte médico. Necesita continuidad, no fogonazos.
Dejounte Murray, por su parte, juega con algo más que el balón en las manos: juega con su futuro. Si el equipo no despega, su nombre será uno de los más calientes en la fecha límite de traspasos. Su liderazgo, su defensa en el perímetro y su lectura de juego serán clave para sostener al grupo mientras los jóvenes se equivocan, aprenden y crecen.
A ese núcleo se suma Bennedict Mathurin, un fichaje que aporta agresividad ofensiva, capacidad para ir a la línea y un punto de descaro que este vestuario necesitaba. No resolverá los problemas de definición en la pintura, pero sí puede maquillar la eficiencia global con sus tiros libres.
Herbert Jones, el punto de inflexión
Si hay un jugador que simboliza este momento de los Pelicans, ese es Herbert Jones. Hace unos años era una de las grandes irrupciones defensivas de la liga: brazos interminables, instinto, inteligencia, versatilidad para cambiar en casi cualquier emparejamiento. Su esfuerzo le llevó al All-Defense First Team en 2024 y fue pieza clave en la mejoría del equipo.
Y, de repente, la curva dejó de subir. Su impacto se diluyó, su progresión se frenó. Hoy, con 28 años, entra de lleno en su prime. Ya no es “promesa defensiva”, es el momento de comprobar si realmente puede volver a estar entre los mejores especialistas atrás… o si su techo ya lo vimos.
La clave está en el triple. Su 31% en las últimas dos temporadas lo ha convertido en un objetivo de las ayudas rivales. Si no castiga desde fuera, su valor ofensivo se desploma y condiciona las alineaciones. Si recupera confianza y sube ese porcentaje, cambia la geometría del ataque y libera espacios para Zion, Murray y Mathurin. Y, con ello, cambia también su cotización, tanto para New Orleans como en el mercado.
Una identidad en la pintura… con grietas
Hay un dato que define como pocos a estos Pelicans: el 58% de sus tiros el año pasado llegó en la pintura, el porcentaje más alto de toda la liga. El plan es claro: atacar el aro sin descanso.
Zion fue el emblema de esa filosofía. Tercero de la NBA en intentos en la zona con 791 lanzamientos, convirtió un 60,3% de ellos. Por encima de la media de la liga (57,8%) y su mejor registro en los últimos tres años. Cuando él carga el aro, el sistema tiene sentido.
El problema aparece en el resto. Como conjunto, New Orleans solo anotó el 55,4% de sus tiros en la pintura, el segundo peor porcentaje de la liga. Tres jugadores —Herbert Jones, Micah Peavy y Jordan Poole— se situaron por debajo del 50% en al menos 100 intentos en la zona. Mucho volumen, poca precisión. Una receta peligrosa.
Mathurin no llega como salvador en ese apartado: en su carrera apenas ha convertido el 51,5% en la pintura. Sin embargo, su capacidad para forzar faltas y sumar desde la línea puede equilibrar parte de ese déficit. Si el equipo no mejora la puntería cerca del aro, al menos puede castigar a las defensas con tiros libres.
Cinco noches marcadas en rojo
El calendario ofrece pronto respuestas. Y también preguntas.
- 21 de octubre: Pelicans vs. Pacers Estreno de temporada y primer examen de identidad. ¿Hacia dónde va este proyecto? Mathurin se mide a su antiguo equipo y el duelo entre Dejounte Murray y Tyrese Haliburton promete ser una batalla de estilos en la dirección de juego.
- 6 de noviembre: Pelicans vs. Timberwolves Zion Williamson y Anthony Edwards, dos números uno del Draft con caminos opuestos. Edwards ya se ha instalado en la élite. Zion todavía lucha por encadenar un año completo. La comparación será inevitable.
- 18 de noviembre: Pelicans vs. Pistons Inicio de una serie de tres partidos ante Pistons, Thunder y Spurs. Un tramo que medirá a New Orleans frente a otros proyectos jóvenes en crecimiento. Perfecto para saber si están al nivel de esa nueva ola… o por detrás.
- 29 de noviembre: Pelicans vs. Trail Blazers Zion y Ja Morant, el 1 y el 2 del Draft 2019, se vuelven a cruzar. Dos talentos descomunales tratando de recuperar el rumbo de sus carreras y el peso de las expectativas que los acompañan desde el primer día.
- 2 de febrero: Pelicans vs. Magic Noche especial para Mosley, que regresa a Orlando tras llevar a los Magic a tres apariciones consecutivas en playoffs. Un partido que también servirá para comparar el estado de su nuevo proyecto con el que dejó atrás.
Mosley y el cambio de cultura
La gran apuesta de los Pelicans no está solo en la pista. Está en el banquillo. Mosley llega con una misión doble: guiar a un vestuario joven y corregir una identidad defensiva que se ha desdibujado. En Orlando demostró que sabe hacerlo. Franz Wagner y Paolo Banchero crecieron bajo su mando y el equipo se convirtió en un bloque sólido atrás.
Ahora hereda una plantilla que ha terminado en el fondo del top 10 defensivo las dos últimas temporadas. No es un matiz, es un problema estructural. Si consigue conectar con el núcleo —Zion, Murray, Mathurin, Fears, Queen, Jones— y convencerles de que la defensa es innegociable, la franquicia podrá concentrarse en añadir talento, no en empezar de nuevo cada verano.
Para Joe Dumars, presidente del equipo, la elección de Mosley puede marcar un antes y un después en la cultura de New Orleans. O será el impulso definitivo que necesitaban… o la confirmación de que este proyecto, tal y como está construido, no da para más.
La temporada no se presenta como un simple trámite. Se parece más a una sentencia: o los Pelicans crecen de verdad, o el próximo verano ya no será cuestión de “correrlo de nuevo”, sino de desmontarlo pieza a pieza.






