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Real Madrid enfrenta gran examen en Champions League contra el Inter

La UEFA Champions League regresa al Santiago Bernabéu y no concede margen de adaptación. El estreno de temporada llega con todo el peso del torneo: Real Madrid frente al vigente campeón de la Serie A, un Inter Milan en plena forma. Noche grande, sin red, para un equipo que aún no ha encontrado su mejor versión.

Los italianos aterrizan con el impulso de un curso pasado brillante y un inicio de campaña igual de sólido. El Madrid, en cambio, llega tocado. La derrota ante el Real Betis en LaLiga ha dejado dudas, ruido y un ambiente enrarecido justo antes del primer gran examen del año.

Un nuevo intento de reconciliarse con su torneo

El Real Madrid y la Champions League siempre han tenido una relación especial, casi exclusiva. Pero las dos últimas ediciones han dejado una sensación incómoda: el gigante europeo no ha mandado como solía. El protagonismo ha cambiado de manos y el foco se ha desplazado hacia Paris Saint-Germain, que incluso se atreve a perseguir el mito del triplete consecutivo que firmaron los blancos.

Ese giro de guion convierte esta edición en algo más que una campaña europea más. Es una especie de juicio continuado. Cada partido medirá si el Madrid sigue siendo el referente natural de la competición o si su aura empieza a resquebrajarse.

Hasta ahora, el equipo de José Mourinho solo ha competido en un frente desde el regreso del portugués. El choque ante el Inter abre un nuevo camino en el calendario y, sobre todo, una oportunidad simbólica: tratar esta Champions como un reinicio. El himno sonará de nuevo en el Bernabéu, las banderas volverán a agitarse y el club que se considera eterno candidato está obligado a responder con algo más que historia.

Porque el cartel de favorito no es eterno. Otro curso gris en Europa no solo alimentaría dudas externas; encendería también preguntas internas sobre si el Madrid sigue mereciendo ese aura de inevitable en la Champions.

El centro del campo, en cuadro

El problema es que Mourinho afronta esta noche grande con un agujero en el corazón del equipo. Lo reconoció sin rodeos en la rueda de prensa previa: hay crisis en el centro del campo.

Las sanciones arrastradas de la pasada temporada dejan fuera a Eduardo Camavinga, Bernardo Silva y Arda Güler. Tres ausencias de golpe en una zona clave para controlar el ritmo, la presión y la salida de balón. Justo donde se decide si un partido de Champions se domina o se sufre.

A esa lista se suma la situación de Aurelien Tchouameni. El francés acaba de salir de una lesión, no está en condiciones de asumir un papel protagonista de inicio y, en el mejor de los casos, se sentará en el banquillo como recurso puntual. Nada más.

Con ese panorama, Mourinho solo tiene a Federico Valverde como pieza plenamente disponible para el doble pivote. Un pulmón, sí, pero sin pareja clara. Y ahí aparece la gran incógnita de la noche: quién acompañará al uruguayo ante un Inter que castiga cualquier desajuste interior.

El nombre de Trent Alexander-Arnold ha ganado fuerza como opción para ocupar ese puesto, aunque el técnico se negó a alimentar el debate públicamente. La otra vía apunta a la cantera: Jorge Cestero o Sergio Martínez han irrumpido en las últimas horas como alternativas reales, empujados por la necesidad y por el buen concepto que manejan de ellos en el cuerpo técnico.

La elección no es menor. El peso del partido, la entidad del rival y la urgencia de una victoria convierten la decisión en una apuesta de alto riesgo. Mourinho tiene variantes, pero ninguna es cómoda. Y en noches así, un error en la sala de máquinas suele pagarse caro.

El reto más duro del curso

El desafío que se le presenta al Real Madrid tiene dos caras. Una la marca el rival. La otra, el propio estado del equipo.

En lo estrictamente futbolístico, el Inter llega como el examen más exigente de la temporada. Campeón de Italia, tres victorias en tres jornadas en la Serie A, ocho goles a favor y solo tres en contra. Un bloque sólido, con confianza y capacidad para cambiar partidos sobre la marcha.

Su último encuentro es la mejor carta de presentación: remontada de 2-0 a 3-2 ante el Napoli, una declaración de carácter y recursos ofensivos. Este Inter no solo compite; golpea cuando huele sangre.

El problema para el Madrid es que se ha complicado el momento por sí mismo. La derrota por 1-0 frente al Real Betis, con una actuación pobre en ataque, ha cortado la inercia y ha entregado el liderato liguero al Barcelona. El vestuario llega tocado, sin la sensación de autoridad que suele acompañar al equipo blanco en los grandes estrenos europeos.

Y justo ahí aparece la incógnita que marcará la noche: cómo responderá el grupo de Mourinho ante un adversario de este nivel en un contexto emocional delicado. No hay tiempo para lamentos ni margen para especular. El calendario ha querido que el examen más duro llegue cuando las dudas son más visibles.

El Bernabéu, la Champions, el Inter enfrente, un centro del campo remendado y un equipo obligado a demostrar que sigue siendo el que manda en Europa. No hay mejor escenario para saber si este Madrid está preparado para algo grande o si la temporada, desde septiembre, empieza ya cuesta arriba.