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El recuerdo salvaje de Mourinho en el Camp Nou

José Mourinho siempre supo convertir una noche de tensión en un acto de fe futbolística. El 28 de abril de 2010, en el Camp Nou, escribió uno de esos capítulos que se quedan pegados a la memoria colectiva: la que luego definiría como “la derrota más hermosa de su vida” y un “milagro histórico.

Aquel Inter llegaba a Barcelona con una ventaja de 3-1 lograda en la ida ante el campeón vigente de Europa, un Barça de Pep Guardiola que parecía intocable. El escenario estaba preparado para la remontada, para el guion habitual de los gigantes azulgranas en su estadio. Pero Mourinho fue a otra cosa.

Su plan era simple en la teoría y brutal en la ejecución: apagar a Lionel Messi, cortar todos los cables que conectaban al argentino con el juego. Inter se atrincheró, se encogió alrededor de su área, defendió cada metro como si fuera el último. Y lo hizo, además, con un hombre menos durante una hora por la expulsión de Thiago Motta.

Barcelona tuvo la pelota, el territorio y el impulso. Lo que no tuvo fue el marcador que necesitaba. El 1-0 final no bastó. El resultado fue insuficiente para derribar el muro italiano y el 3-2 global envió a Inter a la final de la Champions League. El Camp Nou asistió a algo insólito: una eliminación local que Mourinho celebró como si fuera un título.

El portugués, con el dedo índice alzado, invadió el césped corriendo hacia sus jugadores. Gritó, gesticuló, se dejó llevar. La imagen dio la vuelta al mundo. En Barcelona, a más de uno le hirvió la sangre. Tanto, que los aspersores del césped comenzaron a funcionar en plena fiesta visitante, como si el agua pudiera apagar aquella celebración desatada o empujar a Mourinho y los suyos fuera del escenario.

Nada de eso importó. Inter había completado la obra. Pocas semanas después, remataría la temporada perfecta: triunfo por 2-0 ante el Bayern Munich de Louis van Gaal en la final y la Champions en las manos. La noche del Camp Nou quedó como la puerta de entrada a la gloria.

De aquel Camp Nou al reencuentro en Champions

Catorce años después, la historia vuelve a cruzar a Mourinho con Inter, pero desde otra orilla. Ahora dirige al Real Madrid, el club que lo recibió en 2010 tras aquella gesta con los nerazzurri y al que ha regresado este verano para una segunda etapa en el banquillo del campeón de España.

Hay una cuenta pendiente evidente: con Inter lo ganó todo en Europa; con el Real Madrid, todavía no ha levantado la Champions. Entre 2010 y 2013, en su primera etapa en el Bernabéu, el torneo se le escapó una y otra vez en noches marcadas por detalles, errores puntuales y rivales de altura. El trofeo resistió.

Este martes, en la primera jornada de la nueva fase de liga de la Champions League, el calendario le ofrece un duelo cargado de simbolismo: el Real Madrid de Mourinho frente al Inter, el club con el que tocó el cielo continental. Viejas cicatrices, viejos recuerdos, un mismo escenario competitivo.

Un regalo difícil y una sonrisa en Madrid

En medio de este contexto, un pequeño episodio reciente retrata bien el magnetismo que sigue generando el técnico portugués. El periodista Tancredi Palmeri se propuso un reto que él mismo definió casi como una misión suicida: hacerle llegar un regalo a Mourinho en la sala de prensa de Madrid.

“La misión es muy difícil. Es casi imposible hacerle un regalo a Mourinho aquí. Es difícil, pero lo intentaremos”, explicaba Palmeri en un vídeo grabado con su móvil, consciente del carácter, de la tensión habitual que rodea al entrenador y de lo blindado que suele estar su entorno.

Esta vez, la puerta se abrió. El intento funcionó. Mourinho aceptó el obsequio, estrechó la mano del periodista y se marchó de la sala con una sonrisa. Un gesto sencillo, pero revelador: el mismo hombre que un día corrió desafiante por el césped del Camp Nou bajo los aspersores sigue siendo, a los 63 años, un personaje central del fútbol europeo, capaz de polarizar, de provocar, de atraer miradas.

Ahora le espera otro examen con sabor a pasado. El técnico que convirtió una derrota por 1-0 en Barcelona en una epopeya táctica busca, por fin, vestir de blanco la misma corona que ya lució de nerazzurro. La pregunta es clara: ¿será este reencuentro con Inter el inicio del milagro que todavía le falta con el Real Madrid?