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Team USA se desata con paliza y récord en Berlín

La respuesta llegó en forma de tormenta. Un día después de firmar su anotación más baja en un Mundial desde 1984, Team USA salió a la pista de Berlín con un mensaje claro: lo de Italia fue un tropiezo, no una tendencia. El resultado fue un 105-64 sobre Czechia que cerró la fase de grupos del Mundial Femenino 2026 con un 3-0 impecable y una sensación de autoridad difícil de discutir.

Son ya 33 victorias consecutivas en Copa del Mundo, una racha que se remonta a 2006. El dato impresiona. La forma, todavía más.

Stewart marca el territorio

Cuando el torneo se pone serio, las veteranas suelen decidir el tono. En Berlín no fue distinto. Breanna Stewart tomó el balón, el liderazgo y el partido. En apenas 17 minutos firmó 19 puntos, 7 rebotes y 6 asistencias. Números de estrella en minutaje de rotación. Dominio absoluto.

A su lado, Napheesa Collier fue la socia perfecta en el arranque. Entre las dos sumaron 25 puntos solo en la primera parte y dejaron claro a las debutantes cuál es el estándar de esta selección. Stewart, elegida mejor jugadora del encuentro, no se escondió: quería liderar “de muchas maneras” y lo hizo, desde la anotación hasta la lectura de juego, pasando por una defensa que marcó el ritmo.

Stewart disputa su cuarto Mundial, entrando en un club exclusivo donde solo están Sue Bird (5) y Diana Taurasi (4) entre las estadounidenses. Si Team USA termina colgándose el oro, igualará a Bird con más títulos mundiales en la historia. No es solo presente: está escribiendo legado.

Collier, con 12 puntos, fue también la voz que mejor resumió el cambio de cara del equipo: venían de un partido en el que no entraba nada y la defensa se convirtió en el punto de orgullo. Esta vez, la agresividad atrás se notó desde el salto inicial. “Vi muchas manos metidas”, dijo. Se notó en cada línea de pase.

El toque de atención de Lawson y la reacción

Lo de Italia escoció. El 55-52 del domingo no solo fue feo en el marcador; dejó dudas sobre la intensidad de un grupo con nueve debutantes en un Mundial. Kara Lawson no lo maquilló. En el vestuario, la seleccionadora cuestionó pasión, competitividad e intensidad. Tres pilares que, en teoría, deberían venir de serie cuando se viste la camiseta de Estados Unidos.

El mensaje caló. Contra Czechia, el equipo salió como si el torneo empezara ese mismo día. Tres triples consecutivos para abrir el partido, parcial de 13-4 y una ventaja de 14 puntos al final del primer cuarto. El duelo quedó prácticamente sentenciado antes del descanso.

La diferencia final, +41, es la mayor de Team USA en lo que va de campeonato. Anotaron las 12 jugadoras. Hubo seis en dobles dígitos: Stewart (19), Angel Reese (13), Collier y Jackie Young (12 cada una), Paige Bueckers y Sonia Citron (10). Producción repartida, mensaje colectivo.

Lawson, al descanso, ya sonaba aliviada: sabía que el ataque terminaría fluyendo; lo que la dejaba satisfecha era el esfuerzo, la energía, la forma en que el equipo se lanzaba a cada posesión. Quería que lo de Italia fuera “la última vez” que alguien jugara con más pasión que ellas. Al menos por un día, lo consiguió.

El renacer del triple y el golpe en el rebote

El contraste con el día anterior fue evidente desde la línea de tres. Ante Italia, Team USA firmó un pobre 1 de 12. En Berlín, Stewart abrió el marcador con un triple a los 9:09 del primer cuarto y el aro pareció ensancharse. Al descanso ya sumaban cinco lanzamientos convertidos desde el perímetro. Cerraron el partido con 7 de 25 y, más significativo aún, con siete jugadoras diferentes anotando desde fuera.

No fue una exhibición perfecta, pero sí un paso adelante en la circulación y la toma de decisiones. Lawson habló de avances en transición, en ejecución a media pista y en “conciencia defensiva”. El equipo empezó a parecerse más al bloque que aspira al oro que al conjunto espeso que sufrió ante Italia.

En la pintura, la superioridad fue brutal. Team USA ganó la batalla del rebote por 55-35 y arrasó en puntos en la zona, 52-30. Czechia sabía que iba a sufrir en el poste bajo; lo dijo su seleccionadora, Romana Ptáčková: la diferencia interior estaba cantada. Aun así, verla plasmada en el marcador fue un golpe duro para un equipo que se marcha del torneo sin victorias (0-3) tras caer también frente a Italia y China.

Kiki Iriafen, de la grada al impacto inmediato

En un torneo tan corto, las rotaciones cambian de un día para otro. Kiki Iriafen lo aprendió en 24 horas. El domingo no jugó ni un segundo ante Italia. El lunes, Lawson la llamó y la interior respondió como si hubiera estado esperando ese momento desde el primer entrenamiento.

En solo ocho minutos, Iriafen sumó 5 puntos, 11 rebotes —seis ofensivos— y un robo. Energía pura. Cada balón suelto parecía suyo. En un equipo plagado de estrellas, encontrar una especialista en segundas oportunidades puede marcar diferencias cuando lleguen los cruces cerrados.

Su actuación fue un recordatorio interno: nadie puede desconectarse. En este grupo, cualquier jugadora puede pasar de la sombra al foco en cuestión de minutos.

El día más duro de Joklová

Para Czechia, la jornada fue especialmente cruel con Eliska Joklová. Horas antes de enfrentarse a Estados Unidos, la jugadora supo que Minnesota Lynx la había cortado para hacer hueco a la recién fichada Aari McDonald. Un mazazo profesional en plena competición internacional.

Ya en pista, Joklová respondió con orgullo: 19 puntos, máxima anotadora de su equipo y única checa en dobles dígitos. No bastó. Ni se acercó. La diferencia de talento, físico y profundidad de banquillo convirtió su actuación en una nota casi aislada dentro de una derrota por 41 puntos que cerró el Mundial de Czechia con sabor amargo.

El equipo no solo fue superado en el rebote y en la pintura; también perdió la batalla de las pérdidas, con 16 balones regalados que Team USA castigó una y otra vez en transición.

Una mancha en la noche perfecta: las pérdidas de USA

No todo fue redondo para las estadounidenses. El único lunar serio apareció en la segunda parte, cuando el partido ya estaba roto. Tras una primera mitad casi impecable en el cuidado del balón —cero pérdidas en el primer cuarto, solo dos al descanso—, Team USA se desordenó tras el intermedio.

Once pérdidas en los últimos 20 minutos dieron a Czechia 11 puntos. En un duelo decidido, el daño fue solo estadístico. En un cruce de cuartos o semifinales, ese tipo de desconexión puede costar caro.

Lawson lo sabe y lo subrayó: el equipo está “mejorando cada día”, entendiendo cómo jugar y comunicarse entre sí. Esa química, si progresa al ritmo adecuado, debería traducirse en menos errores gratuitos cuando el margen de maniobra se reduzca.

Cuartos de final a la vista

Con el pleno en el Grupo D, Team USA avanza a cuartos de final, donde le espera el ganador del Japón-Hungría este jueves 10 de septiembre. El formato ya no perdona: un mal día puede borrar años de planificación.

La fase de grupos deja una imagen clara. Estados Unidos no es un bloque terminado, pero sí un gigante en construcción con un suelo competitivo altísimo. Las veteranas marcan el camino, las jóvenes empujan desde atrás y el cuerpo técnico ajusta con rapidez.

La pregunta, a partir de ahora, no es si esta selección puede ganar el oro. Es otra, más incómoda para el resto del torneo: ¿quién se atreve a pararla cuando juega con esta rabia contenida?