Team USA conquista su quinto oro mundial en Berlín
Una vez más, oro para Estados Unidos. Y esta vez, con remontada y sentencia.
En Berlín, en la final del Mundial FIBA 2026, Francia llegó a soñar con destronar a la potencia absoluta del baloncesto femenino. Mandaba por 14 puntos en la primera parte, jugaba su primera final y tenía a sus estrellas WNBA encendidas. Pero al otro lado estaba Team USA. Y Team USA, cuando huele el oro, no perdona: 97-79 y quinto título mundial consecutivo.
Stewart, la era de una dinastía
Breanna Stewart no solo lideró el marcador. Puso su nombre, otra vez, en la historia. Terminó la final con 22 puntos, 10 rebotes y cuatro asistencias, fue elegida MVP del torneo y alcanzó su cuarto oro mundial, igualando a Sue Bird como las únicas jugadoras de Estados Unidos con cuatro títulos de World Cup.
No fue un MVP simbólico. Fue un MVP de impacto. Jugó más que nadie en su equipo, 30 minutos, y se convirtió en la primera estadounidense en firmar un doble-doble de al menos 20 puntos y 10 rebotes en una final de Mundial. Durante todo el torneo promedió 12,8 puntos, 7,3 rebotes y 2,8 asistencias, pero en el partido que decide campeonas elevó su nivel, como hacen las grandes.
Cuando el partido se torció, cuando el marcador marcaba la mayor desventaja de todo el campeonato para las estadounidenses, Stewart fue el eje. No solo anotó. Ordenó, calmó, castigó cada desajuste francés. De nuevo, su selección encontró respuestas en ella.
Las veteranas toman el mando
La narrativa previa hablaba del futuro, del relevo, de una generación joven que viene pisando fuerte. Pero la final recordó algo evidente: el presente sigue perteneciendo a las veteranas.
Con Estados Unidos 14 abajo en la primera mitad, el peso del partido cayó sobre cuatro nombres: Breanna Stewart, Chelsea Gray, Jackie Young y Kahleah Copper. Entre las cuatro sumaron 65 puntos: Stewart (20 puntos y 10 rebotes en la hoja oficial de USA Basketball), Young con 18, Gray con 12 y Copper con 15. Todas por encima de los 27 minutos en pista. Todas sosteniendo el pulso cuando el oro se alejaba.
El equipo mezclaba juventud y experiencia, pero fueron ellas quienes estabilizaron el juego, voltearon la inercia y abrieron la brecha definitiva. Mientras las jóvenes veían el desenlace casi desde la banda —Paige Bueckers por debajo de los tres minutos, Sonia Citron y Kiki Iriafen con menos de dos—, las veteranas se encargaban de cerrar el ciclo con otro oro. Las que vienen serán el mañana. Ellas demostraron que el ahora les pertenece.
Jackie Young, récord y sello de ganadora
Si alguien encarna la palabra “ganar”, es Jackie Young. Y Berlín añadió otra línea a un currículum ya insólito.
Fue la única jugadora de Estados Unidos que anotó en dobles dígitos en todos los partidos del Mundial y guardó uno de sus mejores encuentros para la final: 18 puntos, seis rebotes y cinco asistencias, con un 7/14 en tiros de campo y 4/7 desde la línea de tres. Fue nombrada jugadora del partido.
Su actuación no fue solo brillante, fue histórica: se convirtió en la primera jugadora en la historia de la Women’s World Cup en firmar al menos 15 puntos, cinco rebotes y cinco asistencias en una final. Producción total en el escenario más grande.
Con este oro, Young se transforma en la primera jugadora en conquistar un campeonato estatal en high school, un título NCAA, un anillo WNBA, oro olímpico 5x5, oro en 3x3 y oro en World Cup. No hace falta adornarlo: es una ganadora en todos los idiomas.
Francia toca el techo… y se golpea con él
Para Francia, la noche era histórica. Primera final de un Mundial, un rival casi mitológico enfrente y un arranque de partido que rozó la perfección. Con Gabby Williams y Dominique Malonga combinándose para 41 puntos, el equipo galo llegó a mandar por dobles dígitos y a poner en duda, por un instante, la hegemonía estadounidense.
Pero el tercer cuarto fue una pared.
La defensa de Estados Unidos subió varios niveles, el físico empezó a pesar y Francia se descompuso. El parcial estadounidense abrió una diferencia que llegó a los 27 puntos. El sueño francés se convirtió en resistencia, y la final, en una lección cruel de lo que significa enfrentarse a una dinastía que sabe sufrir y sabe rematar.
Marine Johannes, una de las grandes tiradoras del torneo, simbolizó la frustración. Llegaba como líder en triples convertidos, con 19 antes de la final. Se quedó en solo cinco puntos en 23 minutos, con 1/6 desde el perímetro. Y su noche se oscureció aún más con una falta antideportiva en el tercer cuarto tras golpear en la cara a Kahleah Copper. Francia se marchó con la plata y la sensación de que, cuando Estados Unidos pisa el acelerador, el margen de error es mínimo.
Angel Reese, energía y memes desde el banquillo
Angel Reese no necesitó firmar una línea estadística descomunal para dejar huella. Su impacto llegó desde la emoción, desde las reacciones que ya la han convertido en una fábrica de memes en la WNBA.
Mientras Estados Unidos destrozaba la resistencia francesa en la segunda parte, Reese vivía cada jugada como si fuera la última. Gritos, gestos, celebración desatada. Su “cara de gritty” al inicio del tercer cuarto, cuando el equipo salió con una intensidad feroz, ya tiene sitio asegurado en las recopilaciones virales. Después, desde el banquillo, siguió empujando a sus compañeras con una alegría contagiosa.
No suma en la estadística, pero sí en algo que este equipo no parece perder nunca: personalidad.
Kara Lawson y Sue Bird, presión y respuesta
El contexto no era menor. Con unos Juegos Olímpicos en casa en el horizonte, Kara Lawson y Sue Bird llegaban a Berlín con una exigencia evidente: ganar. Bird, como directora general de USA Basketball, tenía que construir una plantilla a la altura del legado. Lawson, dirigirla hasta el oro. Y todo eso sin A’ja Wilson, baja por lesión antes del torneo.
El margen de error era pequeño. Siete jugadoras debutaban en un gran torneo con la selección absoluta. Había que mezclar jerarquías, ritmos, roles. Bird armó un grupo que combinaba experiencia y futuro; Lawson encontró la fórmula: confiar en las veteranas en los momentos críticos y dar a las jóvenes contextos favorables para crecer sin que el resultado peligrara.
La apuesta funcionó. Si Estados Unidos hubiese perdido este Mundial, los dos próximos años hasta los Juegos de Los Ángeles habrían estado marcados por las dudas sobre si eran las personas adecuadas para liderar el programa. El oro, y la forma en que lo consiguieron, apaga esas voces. De momento.
El peaje del calendario y los que querían caos
Mientras se apaga la fiesta en Berlín, otra realidad se impone: toca volver a la WNBA casi sin respiro. La temporada se reanuda el jueves 17 de septiembre, y todas las jugadoras que han disputado el Mundial apenas disponen de unos días para cruzar el Atlántico y vestirse de corto de nuevo.
El calendario no espera: Sun-Dream, Mystics-Sky y Sparks-Wings abrirán la jornada del día 17, rematada por un doble enfrentamiento Mercury-Fire y Storm-Aces. El viernes 18 seguirán los duelos con Indiana Fever frente a Toronto Tempo, New York Liberty ante Minnesota Lynx y Portland Fire contra Golden State Valkyries. Del oro mundial al sprint final liguero en cuestión de horas.
Quienes sí se marchan sin premio son los aficionados que soñaban con un vuelco, con una sorpresa, con el gran batacazo. El cuadro final era el que todos imaginaban: Estados Unidos contra Francia. El resultado, el que marcaban las apuestas: quinto título seguido para Team USA.
El talento global crece, los márgenes se estrechan, las selecciones europeas aprietan. España lo demostró en semifinales, Francia en la primera parte de la final. Pero cuando llega el momento de la verdad, el oro sigue teniendo el mismo dueño.
La pregunta, a partir de ahora, no es si alguien puede competir. Es si alguien será capaz, por fin, de destronar a este monstruo en Los Ángeles 2028.






