Uefa e Infantino: la guerra que sacude el fútbol mundial
“Gestión delictiva”. “Asombroso incumplimiento del deber”. “Un precio fraudulentamente fuera de mercado promovido por Infantino para su propio beneficio”. Las frases no salen de un editorial encendido, sino de los propios abogados de Uefa, plasmadas en documentos legales presentados en Estados Unidos contra el presidente de Fifa, Gianni Infantino.
En el centro de la tormenta, el ya abortado plan Fifa Forward Enterprise (FFE): un proyecto para vender participaciones en competiciones a inversores privados que, según Uefa, infravaloraba el Mundial hasta un nivel “absurdamente bajo”, fijando un valor empresarial de unos 15.000 millones de libras sin subasta abierta, sin tasación independiente y bajo “un velo de secretismo”.
Los escritos hablan de “compinches” y “co-conspiradores”, incluyen un capítulo sobre “la historia perdurable de corrupción entre dirigentes de Fifa” y piden acceso a pruebas y documentos en territorio estadounidense para utilizarlos en un posible proceso penal en Suiza contra Infantino. El conflicto, ya descrito como guerra civil en el gobierno del fútbol, no se enfría; se recrudece.
Del colapso del FFE al contraataque jurídico
Hace poco más de un mes, el plan FFE salió a la luz. Pocos días después, se vino abajo. Desde entonces, la presión pública sobre Infantino ha alcanzado niveles inéditos: comunicados demoledores de exjugadores, políticos y grupos de aficionados; filtraciones sobre su vida privada —desmentidas por él como “categóricamente falsas”—, incluidas acusaciones de un pago de indemnización a una presunta amante cuando trabajaba en Uefa.
Ahora el pulso entra en fase judicial.
Uefa, que ya había ordenado a Fifa conservar todo material “relevante” sobre el plan, se prepara para dar el salto a la vía penal. La noticia de que ultima acciones criminales se interpreta como una escalada dramática, una señal inequívoca de que no va a ceder en su objetivo: apartar a Infantino del poder.
El presidente de Fifa defendió en su momento el FFE como una vía para “desbloquear” el potencial comercial de la organización. Después pidió disculpas por “errores”. Ni él ni Fifa han respondido a este último giro, amparándose en que la prioridad es la organización del Mundial sub-20 femenino, que arranca la próxima semana en Polonia.
Mientras tanto, Infantino sigue moviéndose. El fin de semana pasado estuvo en República Dominicana y París; ahora presume en vídeo de una “maravillosa” visita a Vietnam. Una gira mundial en toda regla para apuntalar apoyos en las federaciones.
Una semana “buena” para Infantino en plena tormenta
La ironía es evidente: en plena ofensiva jurídica y política, Infantino ha vivido quizá su mejor semana desde que estalló el escándalo FFE.
El jueves recibió el respaldo matizado de la poderosa Federación de Fútbol de Arabia Saudí, que declaró que “en este momento apoya los esfuerzos continuados de Gianni Infantino para restaurar la unidad”. Un mensaje con letra pequeña, pero respaldo al fin y al cabo.
Uefa, por su parte, retiró la amenaza de boicotear competiciones de Fifa tras recibir garantías de que no se repetirá una operación similar al FFE. Muchos dentro del ecosistema internacional lo interpretaron como otra victoria táctica del suizo.
Pero el aparente respiro duró poco. El anuncio de que Uefa se prepara para activar la vía penal devolvió el conflicto al máximo voltaje.
La batalla por las pruebas en Estados Unidos
El siguiente capítulo se jugará en los tribunales estadounidenses. Uefa solicita a los jueces acceso a documentos y comunicaciones relacionadas con el FFE, no solo de Fifa, sino también de Thrive Capital —la firma de capital riesgo señalada como inversor principal—, de su fundador Josh Kushner y del exjefe de Formula 1 Greg Maffei, descrito como “asesor comercial clave” de la operación.
En el caso de Thrive y Kushner, los abogados de Uefa piden citaciones para la entrega de documentos, correos y para tomar declaraciones bajo juramento.
Kushner, hermano del yerno del presidente de Estados Unidos, no se ha pronunciado aún. Juristas consultados consideran que podría intentar bloquear la citación alegando confidencialidad comercial y la necesidad de proteger sus intereses empresariales y futuras inversiones. El contexto no es menor: acaba de acordar la compra de Los Angeles Lakers por un récord de 9.300 millones de libras.
Nadie sabe cuánto puede alargarse este proceso ni si Uefa logrará las pruebas que necesita para sostener su tesis de que el Mundial se infravaloró deliberadamente. Tampoco está claro si, con ese material en la mano, dará finalmente el paso de presentar una denuncia penal en Suiza.
El margen de éxito en esa vía es una incógnita. El precedente no anima: en 2002, varios miembros del Comité Ejecutivo de Fifa presentaron una denuncia criminal contra el entonces presidente Sepp Blatter en Zúrich. La fiscalía no actuó y Blatter negó toda irregularidad. Más recientemente, el largo intento de la Fiscalía General suiza por procesar a Blatter y al expresidente de Uefa Michel Platini terminó con la absolución completa de ambos.
El reputado abogado deportivo Nick De Marco KC lo resume con frialdad jurídica: Uefa debe demostrar que existe “un caso defendible” para abrir un proceso penal contra Infantino. Si convence al juez de que ese umbral se cumple, podría obtener acceso a “muchos documentos” relevantes. De Marco considera alta la probabilidad de éxito en esta fase de revelación, aunque subraya que el siguiente paso dependerá exclusivamente de la fiscalía suiza, que decidirá si hay base para imputar. El tiempo jugará su propia prórroga.
Lo que sí anticipa el letrado es la posible aparición de “documentos muy interesantes” que arrojen más luz sobre el plan FFE.
Reforma o ruptura: el mensaje político de Uefa
Consciente de los obstáculos legales, Uefa ha querido enmarcar su ofensiva en un discurso de regeneración. Promete “asegurar una reforma fundamental, restaurar límites adecuados a la autoridad presidencial y garantizar que Fifa vuelva a ser gobernada como una institución, no en torno a un individuo”. Reclama también “una revisión externa genuinamente independiente del FFE”.
El mensaje es nítido: el caso Infantino ya no se presenta solo como una disputa personal o de poder, sino como el símbolo de un modelo de gobernanza agotado.
La vicepresidenta de Uefa, Laura McAllister, lo explicaba en Mónaco: el fútbol ya sabe qué cambios necesita para modernizar su gobierno y hacerlo realmente responsable ante sus principales actores. Uefa quiere un candidato presidencial que defienda esa agenda de reformas, con credenciales, credibilidad y capacidad para unir a las distintas corrientes.
Transparencia, independencia, control crítico, diligencia debida. Son los conceptos que repite la galesa. Y admite algo clave: nadie esperaba un proceso sencillo ni cambios inmediatos.
El tablero electoral: ¿quién se atreve a desafiar a Infantino?
Pese a la ofensiva europea, Infantino sigue contando con un bloque sólido de apoyo en Sudamérica, África y buena parte de Asia. Ha resistido todas las embestidas de las últimas semanas y, dentro del ecosistema Fifa, muchos dan por hecho que seguirá en el cargo y buscará un cuarto mandato en primavera.
Uefa ya ha avisado: si Infantino se presenta, “se unirá a sus confederaciones socias para garantizar que las asociaciones miembro dispongan de una alternativa creíble, comprometida con la integridad, la rendición de cuentas, el desarrollo y un cambio institucional genuino”.
La pregunta es obvia y, por ahora, no tiene respuesta: ¿aparecerá realmente un candidato capaz de aglutinar ese frente? ¿Alguien con suficiente peso político fuera de Europa para no quedar retratado como el aspirante “del viejo continente” en una Fifa donde los votos de África, Asia y Conmebol resultan decisivos?
El calendario aprieta. En octubre, Infantino se verá por fin cara a cara con varios de sus opositores en la primera reunión del Consejo de Fifa desde la rebelión por el FFE. Se espera un ambiente cargado, con reproches cruzados y, probablemente, nuevas maniobras de ambos bandos.
En noviembre vence el plazo para presentar candidaturas presidenciales. En marzo está prevista la elección que, si Infantino entra en la papeleta, puede marcar el rumbo del fútbol mundial durante la próxima década.
Hasta entonces, la sensación es de fractura profunda. Una Fifa dividida, una Uefa en pie de guerra y un presidente que, pese a todo, sigue sumando apoyos estratégicos.
La pelota, esta vez, no rueda sobre el césped, sino en los despachos y tribunales. Y la gran incógnita ya no es solo quién ganará esta batalla, sino si el fútbol será capaz de evitar que la próxima crisis sea aún mayor.






