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Alcaraz arrasa en Nueva York: avanza a cuartos del US Open

Carlos Alcaraz volvió a encender Arthur Ashe Stadium como si nunca se hubiera ido. El español derrotó con autoridad al estadounidense Tommy Paul, cabeza de serie número 20, por 6-4, 6-3 y 6-4 para meterse en los cuartos de final del US Open y mantener intacto el camino hacia un segundo título consecutivo en Flushing Meadows.

No fue solo una victoria. Fue una declaración.

El regreso del cañón

Cinco meses fuera por una lesión en la muñeca derecha, dos grandes torneos perdidos, dudas inevitables sobre el futuro. Todo eso quedó reducido a ruido de fondo ante la versión que Alcaraz mostró en Nueva York. Encadenó su 18ª victoria consecutiva en torneos de Grand Slam con una exhibición de pegada y creatividad que recordó al jugador que se adueñó del circuito.

Hubo un golpe que resumió la noche. Un derechazo cruzando la pista a 164 km/h, paralelo, seco, demoledor, para abrir brecha al inicio del segundo set. Un latigazo que habría hecho dudar a cualquiera que conociera su historial reciente con la muñeca. En su caso, fue la prueba de que el brazo vuelve a estar donde él mismo asegura: “a plena potencia”.

Ese misil fue solo uno de los 33 golpes ganadores que dejó sobre la pista. Otro derechazo, otra “bala” desde el fondo, le dio la bola de partido en el escenario donde todo cambió para él hace cuatro años, con su primer grande.

Nueva York, territorio Alcaraz

Hay jugadores que rinden bien en ciertos torneos. Y luego está lo de Alcaraz en Flushing Meadows. Con este triunfo, el murciano ha alcanzado los cuartos de final en cinco de sus seis participaciones en el US Open. Un idilio.

“Se nota lo especial que es este lugar para mí. Cada vez que vengo aquí, juego mi mejor tenis”, explicó tras el partido, dejando claro que esos cuatro meses y medio fuera no pesan cuando pisa Nueva York.

La sensación es que el estadio le pertenece. Aunque buena parte del público empujaba a Paul, deseoso de ver un triunfo local, el segundo cabeza de serie se adueñó del foco con su tenis atrevido, agresivo, casi insolente por momentos. Está a un paso de mejorar su balance ante jugadores estadounidenses en Grand Slam a un impecable 13-0. Un dato que habla tanto de su consistencia como de su capacidad para silenciar gradas hostiles.

Paul corre, Alcaraz manda

El marcador puede engañar. Paul, uno de los grandes velocistas del circuito, no se rindió en ningún momento. Corrió, defendió, contraatacó. Incluso firmó su segundo golpe “alrededor del poste” del torneo, una rareza que arrancó una ovación cerrada del público.

Alcaraz ni se inmutó.

“Jugué mi juego. Intenté imponer mi estilo”, explicó el español. Sabía que el estadounidense es un jugador talentoso, con golpes muy peligrosos, difíciles de controlar cuando llegan pesados y profundos. Venía preparado para una batalla larga.

La clave estuvo en la agresividad constante. Alcaraz tomó la iniciativa en los intercambios, atacó el resto, presionó la segunda pelota de Paul y le negó el tiempo para desplegar su tenis. “Hice un buen trabajo poniendo presión en su resto, eso me ayudó a estar calmado y pensar con claridad”, añadió. Lo que se vio en pista fue exactamente eso: un jugador dominando la escena, sin prisas pero sin concesiones.

Un pequeño titubeo, un gran cierre

Con el partido encarrilado, Alcaraz levantó ligeramente el pie del acelerador. Entró en modo crucero, administrando ventajas, gestionando esfuerzos con la mirada puesta en lo que viene. Al borde de la meta, eso sí, apareció un leve temblor. Un par de errores, una concesión mínima, la sensación de que el partido podía alargarse.

Duró poco.

Se recompuso con la frialdad de los grandes, apretó otra vez desde el fondo y cerró el duelo con ese golpe definitivo que ya se ha convertido en su sello: derecha agresiva, línea abierta, gesto de convicción. Knockout.

Shelton o Tsitsipas, siguiente examen

El triunfo le coloca en cuartos de final, donde le espera un duelo de altura ante el estadounidense Ben Shelton o el griego Stefanos Tsitsipas. Dos estilos muy distintos, dos atmósferas posibles. Con Shelton, un choque eléctrico contra otro ídolo local. Con Tsitsipas, un clásico moderno entre dos nombres llamados a encontrarse una y otra vez en las rondas finales.

En el otro lado del cuadro, Frances Tiafoe se medía a Daniil Medvedev con la opción de provocar unos cuartos de final completamente estadounidenses ante Alex Michelsen, que a sus 22 años viene de derrotar al argentino Tomas Martin Etcheverry, cabeza de serie número 27, por 7-6 (8/6), 6-4 y 6-4.

El torneo se calienta, los nombres grandes se asientan y Alcaraz, después de meses de incertidumbre, vuelve a ocupar el lugar que parecía reservado para él: en el centro del escenario, con Nueva York a sus pies y la sensación creciente de que el campeón ha regresado para quedarse.