Alexandra Leclerc y el icónico vestido periódico de Dior en el Gran Premio de España
En una grada donde suelen dominar los monos ignífugos y los polos de equipo, apareció un clásico de la moda que parecía sacado directamente de Manhattan. Alexandra Leclerc, esposa de la estrella de Fórmula 1 Charles Leclerc, llevó al Gran Premio de España uno de los vestidos más reconocibles de la historia reciente de la moda: el vestido periódico de Christian Dior diseñado por John Galliano.
La pieza, que debutó en la colección Otoño/Invierno 2000, saltó definitivamente a la cultura popular cuando Sarah Jessica Parker la lució como Carrie Bradshaw en la tercera temporada de Sex and the City y más tarde en Sex and the City 2. Desde entonces, cada reaparición del diseño se convierte en noticia. Esta vez, el escenario no fue una alfombra roja ni un rodaje, sino el asfalto vibrante del Mundial de F1.
En Madrid, Alexandra, de 26 años y embarazada de su primer hijo con el piloto de Ferrari, fue fotografiada con el mini vestido vintage, acompañado por su inseparable perro Leo. Completó el look con un bolso a juego, sandalias negras de tacón abierto y gafas de sol oscuras. Una estampa que mezcló glamour de front row con olor a gasolina y neumático caliente.
El vestido, con más de un cuarto de siglo a sus espaldas, vive una segunda juventud. En 2025, Jenna Ortega lo rescató para la premiere de Hurry Up Tomorrow, confirmando que el diseño de Galliano sigue siendo un imán para las cámaras. No siempre fue así. En su estreno en pasarela, el modelo llegó rodeado de polémica: formaba parte de la llamada colección Hobo, inspirada, según recogió CNN, tanto en las personas desplazadas que el diseñador veía mientras corría como en el inquietante fenómeno del “Tramp Ball” de los años 20 y 30, cuando la élite adinerada se disfrazaba de personas sin hogar para acudir a fiestas de lujo. El contexto encendió el debate. El tiempo y la televisión lo convirtieron en icono.
Ahora, el icono cambia de escenario. Con la temporada de F1 acelerando, Alexandra está transformando cada fin de semana de Gran Premio en una pasarela itinerante y, de paso, en un manual de estilo premamá de alto voltaje.
Su tour de moda sobre ruedas no empezó en Madrid. En los entrenamientos libres del viernes 4 de septiembre, en el Autodromo Nazionale Monza, al norte de Italia, ya había marcado el tono. Llegó con un vestido negro de corte ajustado con abertura tipo “keyhole”, estampado de lunares blancos y escote halter rematado en lazo. Remató el conjunto con sus características gafas de sol pequeñas de montura negra y el cabello peinado hacia atrás en un moño tirante, nítido, casi arquitectónico.
Al día siguiente, cambió de registro sin abandonar el negro. Apostó por un vestido hasta la rodilla, completamente liso, con un profundo escote halter. En los pies, kitten heels negros; en el rostro, de nuevo gafas mínimas. Sencillez calculada, pensada para el paddock, pero con la misma intención que una aparición en la primera fila de una maison.
Ese olfato para lo que se vuelve viral no ha pasado desapercibido en la industria de la belleza. Su estilo captó la atención de Hailey Bieber, cuyo sello Rhode la eligió como primera “muse-ambassador”, según contó Vogue. La colaboración no se quedó en una campaña puntual: Alexandra terminó firmando su propia colección con la marca, alineada con una filosofía clara que ella misma resumió para la revista: le interesa un maquillaje que se vea y se sienta como piel.
Entre boxes, cronómetros y estrategias de carrera, Alexandra Leclerc ha encontrado su propio carril rápido: el de una figura que usa el circo de la Fórmula 1 como escaparate global para la moda, el maquillaje y ahora también la maternidad. Si así arranca la temporada, la pregunta ya no es si volverá a marcar tendencia en el próximo Gran Premio, sino hasta dónde puede llevar ese estatus de icono en un paddock que, de repente, parece también una front row permanente.






