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Anshuman Hooda: De ingeniero a estrella del cricket

Anshuman Hooda, el ingeniero que eligió la pelota antes que el portátil

NUEVA DELHI — A Anshuman Hooda se le escapa la risa cuando le piden que elija entre el portátil de la oficina y la pelota de cricket. No duda: la pelota. “Mi pelota de cricket es mi mejor amiga”, le dice a TimesofIndia.com. Y en esa frase cabe toda su vida reciente: un pie en la oficina, otro en la carrera de ritmo alto que acaba de abrirse en la Delhi Premier League.

Su hermano mayor, Vikram Hooda, lo resume con la mirada práctica de la familia india de clase media. Su madre, Prem Lata Singh, maestra de primaria en una escuela de la MCD, siempre quiso verlo con un trabajo estable. Ahora lo tiene. Y, además, 22 wickets en la tercera edición de la DPL y la Purple Cap en la cabeza. “Antes decían que necesitaba un trabajo. Ahora que lo tiene y le va bien, ella está feliz”, cuenta Vikram.

Con 25 años, Hooda acaba de firmar una temporada de irrupción con South Delhi Superstarz, clave en el título del equipo y coronado como máximo wicket-taker del torneo. Un triunfo que parece obvio visto hoy, pero que hace no tanto parecía imposible. Hubo un momento en el que creyó que el cricket se había acabado para él.

El punto de quiebre: dos intentos fallidos y una renuncia en la cabeza

Dos pruebas fallidas para el Under-23 de Delhi lo dejaron frente a una puerta cerrada. Sin cricket de categorías inferiores, sin rastro en el sistema juvenil de Delhi, sin la ruta clásica hacia el Ranji Trophy. En cambio, sí tenía un título de ingeniería en Production and Industrial Engineering por la Delhi Technological University (DTU) y un puesto asegurado en EY.

El plan sensato estaba claro. “Intenté para Under-23 durante dos años, pero no pude entrar. Pensé que sería muy difícil porque no había jugado cricket profesional ni de categorías. Sería muy complicado que me seleccionaran directamente para Ranji Trophy o el cricket de primera clase”, recuerda.

La conclusión, entonces, fue brutalmente lógica: “En ese momento pensé que debía dejar el cricket y seguir mi carrera en ingeniería o algo así”.

Ahí entra en escena la figura que cambia la historia: Harish Dagar.

El entrenador que le pidió un año más

Dagar, que dirige la academia Delhi Cricket Hub en Paschim Vihar y también entrena a jóvenes en la DTU, ya lo había visto de cerca. En 2019, en la universidad, no le llamó la atención un producto terminado, sino el material en bruto: físico, zancada, velocidad de brazo. Anshuman jugaba con pelota de tenis cuando el entrenador le pidió que probara como medium pacer. El resultado fue desordenado, pero rápido. Suficiente para que Dagar creyera que ahí había algo.

En 2023, recién graduado y con un trabajo obtenido por campus placement, Hooda estaba listo para pasar página. Hasta que su entrenador decidió intervenir. “Le supliqué que me diera un año más”, rememora Dagar. El trato fue claro: cuatro días a la semana en la academia durante un año. Si nada salía, podría dedicarse a su trabajo corporativo sin remordimientos.

El acuerdo cambió su vida.

Del patín al leather ball

La historia de Anshuman no arranca en una red de práctica ni en un torneo escolar. Arranca sobre ruedas. De niño fue patinador de nivel nacional. El cricket estaba ahí, en casa, pero no era el centro. Su hermano Vikram había jugado, y él siguió un patrón familiar: ciencia, ingeniería… pero su relación con el cricket tomó otro desvío.

El juego lo atrapó tarde, ya en la universidad. “Empecé a jugar en la universidad y ahí entré al cricket con pelota dura de forma profesional, con el equipo de la facultad y todo. Ahí me enamoré de lanzar rápido, de sacar wickets y de la agresión que conlleva. Me encantó lanzar rápido”, cuenta.

Dagar vio el potencial, pero también las carencias. “Su alineación corporal era natural. Su fuerza era natural y su ritmo también. Pero al principio no tenía suficiente fuerza en el cuerpo. Por eso le dije que si no mantenía su condición física junto con su velocidad natural, tendría problemas”, explica el entrenador.

El problema era el tiempo. El trabajo le ocupaba el día. Los entrenamientos quedaban para la noche, entre sesiones en la academia y gimnasio. Una rutina agotadora. Ahí, Dagar decidió que lo primero no era el brazo, sino la cabeza. “Trabajé su mente en un 80-85%. Lo hice mentalmente fuerte. Le dije que nunca pensara que estaba cansado o cargado. Una vez que su mentalidad cambió y el mapa estaba claro delante de él, supo lo que tenía que hacer: en un momento enfocarse en la condición física, en otro en el trabajo, y luego venir a mis sesiones”.

El cuerpo bajo presión: el precio del ritmo

En 2023, Hooda se graduó de la DTU y se incorporó a una multinacional. El trabajo desde casa le dio un respiro logístico para intentar cuadrar horarios con el cricket. Pero el oficio que había elegido en el campo no perdona. Ser fast bowler exige fuerza, recuperación, repeticiones y una disciplina casi obsesiva.

“Fast bowling no es una actividad muy cómoda para el cuerpo. Aceleras, y luego todo tu cuerpo tiene que absorber el impacto antes de soltar la pelota. Definitivamente pasa factura”, admite.

Las molestias llegaron. La fatiga también. Pero la motivación no se movió un milímetro. “Fue simplemente el amor por el deporte y el amor por lanzar rápido lo que me mantuvo motivado y me ayudó a volver más fuerte cada vez”, dice. Esa obstinación se convirtió en la base de todo.

Dagar, mientras tanto, profesionalizó el proceso: periodización, descanso, trabajo de fuerza, control de cargas, dieta, fisioterapia, pulir la técnica. Había que construir un lanzador completo. Un stock ball fiable, leg-cutter, off-cutter. Ritmo, sí, pero sostenido y con control.

No se trataba de fabricar una bola rápida. Se trataba de fabricar un fast bowler.

La DPL como escaparate y punto de inflexión

La primera grieta en el muro llegó con la Delhi Premier League. En 2024, South Delhi le abrió la puerta, aunque al principio las oportunidades fueron escasas. Hasta que un spell cambió la percepción dentro del vestuario y fuera de él.

La temporada siguiente, el papel de Hooda creció. Llegó un five-for, llegaron más overs, llegó la confianza. Y, con ella, las miradas de las franquicias de IPL, primero como posible net bowler, luego como candidato a pruebas.

La transformación fue vertiginosa: de pensar en dejar el cricket a convertirse en un nombre que empieza a circular en el ecosistema de franquicias.

Para Anshuman, la dimensión real de ese salto llegó en un gesto concreto. Shikhar Dhawan, dueño de South Delhi Superstarz, se le acercó tras sus actuaciones en la DPL. “Shikhar Dhawan en persona, el dueño del equipo, me sorprendió. Vino y tuvimos una pequeña conversación. Me dio muy buenos consejos y una dirección hacia la que trabajar desde aquí”, cuenta.

Dhawan también lo elogió públicamente en una de sus historias de Instagram. No era solo una charla. Era validación. Para un jugador que había crecido fuera de los caminos habituales, ser señalado por una figura consolidada tenía un peso especial.

140 km/h y una ambición que va más allá del radar

Hoy, Hooda ronda los 140 km/h. En el mundo de los fast bowlers, esa cifra es una llave. Abre puertas. Llama la atención. Dagar está convencido de que el techo está más arriba. Y el propio jugador no se esconde.

“Definitivamente, la velocidad es lo que quiero. Si puedo, sin duda buscaré lanzar aún más rápido y construir la fuerza y las habilidades para hacerlo, asegurándome de que no haya compromiso en la precisión y la línea”, afirma.

Esa última parte es la que marca la diferencia. La velocidad seduce. La precisión mantiene a un lanzador en el once. Para Hooda, el siguiente reto no es solo hacer saltar el radar, sino sostener ese ritmo en spells largos, especialmente en el cricket de bola roja.

Él ya piensa en ese escenario. “Para eso nos preparamos. ¿Quién lanza en un partido de cuatro o cinco días y mantiene spells largos con el mismo esfuerzo? Eso es lo que estoy preparando. Si tengo la oportunidad, definitivamente lo haré”.

Su hoja de ruta está clara: primero consolidarse en Delhi, luego el cricket de primera clase, después IPL y, algún día, India. “El objetivo final es jugar y ganar partidos para el país. Ese es mi objetivo último”, dice sin rodeos.

Seguridad o sueño: la decisión que se acerca

Mientras tanto, hay otra conversación en su vida. Menos visible que las estadísticas, pero igual de determinante: la que enfrenta seguridad contra posibilidad. De un lado, un título de ingeniería, un puesto en una buena compañía, un ascenso conseguido antes del inicio de la DPL. Del otro, una carrera en el cricket llena de incertidumbre, competencia feroz y la amenaza constante de que todo pueda desvanecerse tan rápido como apareció.

Por ahora, Hooda ha vuelto a su trabajo. “Actualmente, he vuelto a incorporarme. Pero como he visto un progreso sustancial en mi cricket en los últimos meses y en este torneo, puede que, en los tiempos que vienen, cambie todo mi enfoque hacia el cricket y lo dé todo”, admite.

La frase pesa. Viene de alguien que no hace tanto pensaba en abandonar el deporte. Hay una ironía silenciosa: el ingeniero que aprendió a gestionar demandas en paralelo puede verse obligado pronto a elegir solo una.

Su convicción, sin embargo, no titubea. “Lo daré todo. Veamos qué pasa adelante”.

El radar ya marca 140. Las franquicias ya han tomado nota. La pelota, esa “mejor amiga” que nunca soltó del todo, le está abriendo una puerta que ningún título universitario podía garantizarle. Ahora la cuestión es simple y brutal: ¿se atreverá a cruzarla sin mirar atrás?