Antonelli logra una remontada épica en el GP de Italia
En Monza, delante de su gente, Kimi Antonelli convirtió una carrera imposible en una de esas historias que se cuentan durante años. Salía 19º. Terminó en lo más alto del podio, por delante de George Russell y Max Verstappen, en un Italian GP que se deshizo bajo las ruedas y que acabó siendo un examen de nervios, talento y sangre fría.
El italiano no solo ganó. Deslumbró. Y amplió su ventaja al frente del campeonato con una actuación que mezcla arrojo juvenil y madurez de veterano.
Un asfalto que se rompe y un campeón que no tiembla
La pista fue un personaje más. El asfalto empezó a romperse, especialmente en la zona de la Curva 2, y la carrera se convirtió en una trampa para cualquiera que se atreviera a forzar al límite. Antonelli lo hizo… y casi lo paga.
“Era bastante aterrador porque el asfalto se estaba rompiendo, pero aún así pensé que podía hacer la curva”, explicó el ganador.
Se lanzó, se fue recto, vio escaparse lo que parecía su gran oportunidad. “Pensé que quizá había perdido mi opción”, admitió. Pero no. Le quedaba ritmo. Y mucho.
Tras el segundo reinicio, Antonelli ya sabía que estaba en la pelea grande. “Sabía que estaba ahí arriba y que podía tener una oportunidad de ganar. Creía en ello, sobre todo cuando estaba detrás de George”, confesó. La dificultad estaba en algo tan clásico en Monza: el rebufo. “Era muy difícil escaparse con el rebufo siendo tan fuerte”.
Aun así, encontró la forma.
Russell aguanta… hasta que el coche deja de acompañar
George Russell hizo casi todo bien. Arrancó fuerte, se colocó en posición de controlar la carrera y gestionó una apuesta arriesgada: completar toda la prueba con un único juego de neumáticos duros.
“Parecía una carrera bastante sólida por nuestra parte”, valoró.
Pero el precio llegó al final. “Estaba sufriendo con los neumáticos, hicimos toda la carrera con ese duro”. El británico notó cómo el coche empezaba a abrirse de atrás, a deslizar más de la cuenta. “Se están empezando a abrir”, reportó por radio, con las gomas demasiado calientes y gastadas.
Mercedes decidió dividir estrategias y jugar a dos cartas. Russell lo aceptó, aunque con un punto de resignación: “Tenía la sensación de que los dos íbamos a quedarnos fuera. Al final era lanzar la moneda de las dos maneras. Tenía sentido dividir los coches, pero Kimi tuvo un gran ritmo”.
Ese ritmo acabó por devorarlo.
Antonelli, con vuelta objetivo en 1m24.5s, empezó a recortar. Primero a golpes pequeños. Luego, vuelta a vuelta, de forma contundente. Desde el muro le pidieron más velocidad para cazar a su compañero. Él respondió. Russell, con el neumático duro al límite, ya no podía.
El adelantamiento que cambió la carrera
El duelo entre los dos coches plateados definió el gran premio. Primero, Russell se defendió con uñas y dientes. En la frenada de la primera chicane, logró mantener a raya a Antonelli en una maniobra dura, al límite, que obligó a su compañero a pisar la suciedad en la Curva 2 y a rozar la grava. Un pequeño respiro para el británico. Solo eso.
Mercedes intentó intervenir por radio, pedir calma, contener la batalla interna para evitar que Verstappen se acercara gracias al ahorro de energía de ambos. Pero cuando huele una victoria en casa, un piloto no levanta el pie. Y Antonelli no lo hizo.
Russell empezó a sufrir incluso para mantener el coche recto en las Lesmo. Ahí olió la sangre el italiano. Menos conservador, más agresivo en el apoyo, salió mejor colocado en la zona rápida y lo ejecutó en la aproximación a la Variante Ascari. Lo adelantó por fuera, con decisión, para ponerse líder. El público explotó. 19º a 1º. En Monza. Un guion de película.
Verstappen, sin punta, se agarra al podio
Max Verstappen tuvo que pelear cada metro. Su coche no brilló en velocidad punta. “La velocidad máxima no fue nuestra amiga hoy”, reconoció. Lo compensó con agresividad y lectura de carrera.
Tuvo que “mandarse” por fuera, como él mismo describió, para buscar adelantamientos mientras sufría con la entrega de potencia entre las curvas 2 y 4 frente a sus rivales. Tiró del modo de adelantamiento siempre que pudo, hasta que lo perdió y tuvo que centrarse en su propia carrera. Incluso vivió un momento delicado en la Curva 2, cuando el asfalto roto y la falta de agarre le dieron un susto serio.
Intentó pasar a Oscar Piastri en la primera chicane, pero un bloqueo de frenos lo mandó a la escapatoria y le dio un respiro al australiano. No se rindió. A la larga, su constancia le dio el tercer puesto, beneficiado también por la pelea entre los McLaren en las últimas vueltas.
“Una vez que los adelanté, estaba contento con el P3”, resumió.
No era un día para ganar. Sí para minimizar daños. Y lo hizo.
McLaren, duelo fratricida hasta el último metro
La batalla entre Lando Norris y Oscar Piastri fue otro de los grandes focos de la tarde. Primero, Piastri se defendió con autoridad. Norris lo intentó en Curva Grande, por fuera, apurando el espacio, pero el vigente campeón no dejó un hueco real.
La tensión fue subiendo. Norris superó antes a Lewis Hamilton para ponerse a tiro del podio y se lanzó a por su compañero. En uno de esos intentos, ambos tuvieron un pequeño momento de tensión que permitió a Verstappen abrir un margen clave.
La resolución llegó en la vuelta final. Norris encontró la tracción y el rebufo justo para lanzarse hacia la Variante Ascari. Esta vez sí. Tomó la trazada, se deshizo de Piastri y se quedó con la cuarta plaza. Piastri, que había peleado duro, tuvo que conformarse con el quinto puesto.
El pelotón: adelantamientos a cuchillo y remontadas silenciosas
Mientras los focos apuntaban a la cabeza, la zona media vivió su propia carrera caótica. Franco Colapinto protagonizó una secuencia de adelantamientos llamativa: se deshizo de Oliver Bearman y Gabriel Bortoleto “como si no estuvieran ahí”, para volver al top 10 y lanzarse a por los dos coches de Racing Bulls. Incluso llegó a colocarse a menos de un segundo de Yuki Tsunoda.
Más atrás, Pierre Gasly y Norris protagonizaron una lucha intensa por la sexta posición en distintos momentos de la prueba, rueda a rueda, exprimiendo el rebufo de Monza.
Antonelli, en su escalada hacia la cabeza, fue tachando nombres con una frialdad impropia de su edad. Gasly fue uno de ellos: lo superó para regresar al quinto lugar antes de lanzarse definitivamente a por Russell.
Una victoria que pesa más que 25 puntos
Cuando Antonelli cruzó la meta, la estadística ya era brutal: victoria saliendo 19º, en casa, ampliando su liderato en el campeonato y domando una carrera sobre un asfalto que se deshacía. Pero más allá de los números, el mensaje fue otro: está preparado para ganar de cualquier manera.
Russell se queda con el sabor agridulce de un segundo puesto que pudo ser más, pero que también pudo escaparse del todo con esos neumáticos al límite. Verstappen, tercero, se marcha con un podio trabajado en un día en el que su coche no mandaba en las rectas.
Monza ya tiene una nueva historia para su colección. Y el campeonato, un punto de inflexión claro: si Antonelli es capaz de ganar así, desde tan atrás y con este temple, ¿quién se atreve ahora a apostar contra él en la recta final de la temporada?






