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Aryna Sabalenka y el extraño olor en el US Open

El US Open encontró por fin algo capaz de incomodar a Aryna Sabalenka. No fue una rival. Fue un olor. A marihuana.

La número uno del cuadro femenino, campeona de las dos últimas ediciones en Nueva York, interrumpió su tercer juego del partido ante Kamilla Rakhimova en la pista Louis Armstrong, molesta por un aroma tan penetrante que la obligó a parar el ritual del saque.

Se lanzó a sacar, lanzó la pelota al aire… y la dejó caer. Repitió el gesto en el siguiente punto. Algo no cuadraba. Miró alrededor, hizo una mueca clara de incomodidad y caminó directa hacia la silla arbitral en busca de ayuda.

Nunca, dijo después, había olido la marihuana con tanta intensidad en un partido de Grand Slam.

No estaba claro de dónde venía. El viento cruzaba el estadio y empujaba el olor hacia la pista. Sabalenka lo explicó con franqueza tras el encuentro: no sabía si procedía de las gradas o del exterior del recinto, pero sí tenía claro que le estaba afectando mientras intentaba competir al máximo nivel.

Su mensaje fue tan simple como contundente. Según relató, lo que pensaba en ese momento era algo muy concreto: que la gente puede hacer lo que quiera para relajarse, pero no alrededor de una pista de tenis. Gestionar ese olor mientras se intenta jugar al límite, dijo, es “complicado”.

No es un episodio aislado en Flushing Meadows. Nick Kyrgios y Maria Sakkari ya habían alzado la voz en ediciones anteriores por el mismo motivo. Detrás de las instalaciones del US Open se extiende un parque público que suele señalarse como origen habitual de ese olor que, con determinadas condiciones de viento, se cuela en las pistas.

Esta vez, pese a la queja de la bielorrusa, nadie fue localizado fumando en el interior del USTA Billie Jean King National Tennis Centre. No hubo expulsiones de aficionados ni incidentes mayores en las gradas.

La organización, sin embargo, se vio obligada a pronunciarse. Un portavoz de la USTA, Brendan McIntyre, recordó en un comunicado que el torneo no puede controlar lo que ocurre fuera del recinto, pero insistió en que el centro se mantiene como un espacio libre de humo. Subrayó que los equipos de seguridad y de atención al público actúan cuando se les avisa de alguien fumando, y que, aunque el consumo sea legal en el estado de Nueva York, no está permitido en las propiedades de parques, incluido el complejo tenístico.

Con el tema ya fuera de la pista, Sabalenka terminó por quitarle hierro en la sala de prensa. Ganó su partido de tercera ronda y, con la clasificación en el bolsillo, incluso se permitió bromear con la situación. Llegó a deslizar, entre risas, que quizá el juego va demasiado rápido para algunos espectadores y buscan “frenarlo un poco” a su manera.

No entró a valorar efectos ni sensaciones. Se limitó a remarcar lo obvio: en un torneo donde cada punto pesa, cualquier distracción cuenta. Y en Nueva York, a veces, el rival más inesperado viene con el viento.