Bayern Munich avanza en la DFB-Pokal: goleada sin brillo
El marcador dice 1-4. El cuerpo, no tanto. Bayern Munich pasó por encima de VfL Osnabrück en el resultado, pero dejó una sensación extraña: partido resuelto, sí, pero lejos de ser una exhibición. Un duelo que, para muchos, se pareció más a un entrenamiento largo que a una noche copera vibrante.
Un inicio de locos y un Bayern aturdido
El choque arrancó con caos. En el minuto 5, una cadena de despropósitos en la zaga bávara abrió la puerta al 1-0 local. Jonathan Tah defendiendo blando, Kim Min-jae mal posicionado, un resbalón de Tah, Jonas Urbig demasiado agresivo en su salida… y entonces apareció Robin Meißner con un disparo tremendo para desatar la locura en las gradas.
Golazo. Y cara de póker en los jugadores del Bayern.
El ambiente en el estadio acompañaba: grada encendida, energía desbordada, un tifo espectacular. Osnabrück se jugaba la noche de su temporada y se notaba. El problema para ellos era otro: sostener ese nivel durante 90 minutos ante un Bayern que, aunque sin lucir, impuso su jerarquía con el paso de los minutos.
Thomas Tuchel no tiró de rotación masiva. Kim por Dayot Upamecano, Josip Stanišić por Konrad Laimer, Nathaniel Brown por Alphonso Davies. Nada revolucionario. En el medio, la gran novedad: Tom Bischof por Aleksandar Pavlović. El ex de Hoffenheim respondió como se espera de un chico que pide paso.
Ismael Saibari, en cambio, sufrió. Se movió, pidió balón, intentó asociarse, pero no terminó de conectar con el resto del ataque. Buenas intenciones, poca ejecución.
Kane en modo depredador, Bischof aprovecha su oportunidad
El empuje del Bayern era constante, aunque sin demasiada claridad. Osnabrück cerraba líneas, mordía, hacía incómodo cada pase entre líneas. Hasta que el talento decidió.
Minuto 18. Joshua Kimmich lanza un balón picado hacia Harry Kane, que ataca el espacio en línea recta. El defensor local intenta despejar, pero solo consigue elevar la pelota. Error fatal. Kane, olfato absoluto, se perfila y conecta una volea seca para el 1-1. Un toque, un gol. Castigo inmediato.
Cinco minutos después, la remontada. Michael Olise filtra un pase delicioso a Luis Díaz, que define, pero se topa con Jonas Krumrey. El rebote cae muerto en el área y Bischof, llegando desde segunda línea, no perdona: 1-2. El joven centrocampista se ganó el foco con su intensidad y su lectura de los espacios. Incansable, siempre cerca de la jugada, siempre ofreciendo línea de pase.
Mientras tanto, atrás, el panorama era menos convincente. Tah y Kim mostraron una química muy verde. Desajustes, dudas en las coberturas, movimientos laterales lentos. Tah, en particular, se vio falto de ritmo y algo pesado en los giros. No es un drama en septiembre, pero sí una alerta temprana.
Por la izquierda, Brown dejó una actuación discreta con balón, correcta sin él. Seguro atrás, casi invisible en ataque. El desarrollo del partido no le favoreció: poco espacio para incorporarse, pocas ocasiones para desbordar. Nada que decida la batalla con Davies, pero tampoco nada que la rompa a su favor.
Antes del descanso, Krumrey voló para negarle el gol a Olise con una gran estirada. Osnabrück seguía vivo, aferrado a su portero y a su orgullo.
Un segundo tiempo espeso y un Bayern a medio gas
Tras el descanso, el guion se volvió más plano. Bayern controlaba, Osnabrück resistía. El ritmo cayó varios escalones. Se notó la carga de una English Week tan temprana en la temporada: piernas pesadas, menos chispa, menos agresividad.
En el 62’, Tuchel movió el banquillo: Brown y Saibari dejaron su sitio a Davies y Lennart Karl. El impacto fue limitado. El partido seguía en esa especie de letargo competitivo en el que Bayern manda, pero no acelera.
Olise, ya instalado como mediapunta tras la salida de Saibari, terminó por romper la monotonía en el 73’. Controló en la frontal, se ayudó con el brazo en la disputa —una acción que con VAR probablemente no habría superado la revisión— y definió para el 1-3. Gol y punto final al suspense. También al sopor del propio Bayern, que hasta entonces arrastraba la segunda parte sin demasiada convicción.
Osnabrück, eso sí, nunca bajó los brazos. Intensidad, duelos, piernas al límite. El marcador no reflejó del todo el desgaste de los locales. Se dejaron todo.
Kane sentencia y las dudas defensivas quedan apuntadas
En el 84’, Pavlović fue derribado dentro del área. Penalti claro. Harry Kane tomó la pelota, respiró y la colocó con calma. 1-4. Sin discusión, sin temblar. El inglés volvió a demostrar por qué es una garantía absoluta en el punto de penal.
El tramo final fue casi un trámite. Bayern moviendo el balón, Osnabrück sin fuerzas para presionar arriba. Partido resuelto, grada visitante satisfecha, pero sin esa sensación de gran noche copera.
No será un triunfo para enmarcar en la historia reciente del club. No hizo falta. Era una eliminatoria que podía complicarse por contexto —rotaciones parciales, piernas cargadas, defensa nueva, rival ultra motivado— y se resolvió con suficiencia, aunque sin brillo.
Quedan apuntes claros: la pareja Tah–Kim necesita tiempo y trabajo; la pugna Brown–Davies en el lateral izquierdo seguirá siendo uno de los duelos internos más interesantes del curso; Bischof se ha ganado más minutos; Olise pide balón en zonas interiores.
La temporada apenas arranca. El Bayern todavía está aprendiendo a jugarse de memoria. El resultado ya está en el bolsillo. La verdadera prueba llegará el fin de semana, cuando toque medir el pulso liguero frente a Schalke 04. Ahí no bastará con ganar: habrá que convencer.






