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Ben Shelton avanza a cuartos de final del US Open

QUEENS, Nueva York — De madrugada, con el reloj cruzando las 2:00 y Arthur Ashe aún rugiendo, Ben Shelton volvió a dejar claro que el presente del tenis masculino estadounidense tiene nombre y apellido.

El zurdo de 21 años se metió en los cuartos de final del US Open tras imponerse a Denis Shapovalov por 7-6(3), 6-7(5), 6-2 y 6-4, en un duelo cambiante, eléctrico, de esos que separan a los buenos de los que quieren marcar época.

Shelton ya es uno de los cuatro estadounidenses en cuartos, todos persiguiendo el mismo fantasma: convertirse en el primer campeón local en Flushing Meadows desde Andy Roddick en 2003. Han pasado más de dos décadas. El vacío pesa. Y cada victoria como la de esta noche alimenta la sensación de que el ciclo puede romperse.

Un duelo que se encendió en los detalles

El historial anunciaba algo: Shelton llegó al partido con un 4-0 favorable ante Shapovalov. El canadiense conoce bien la frustración de enfrentarse al exjugador de Florida, que este año ya le había remontado en Dallas y le había eliminado en un maratón de cinco sets en Wimbledon.

En Nueva York, la historia volvió a escribirse con la misma tinta, pero con un matiz: esta vez Shelton no dejó que el partido se le escapara a la distancia.

El primer set fue un pulso tenso, sin concesiones. Cuando llegó el desempate, el estadounidense subió una marcha. Se adueñó del tie-break 7-3, golpeando con un servicio que no solo suma puntos, también intimida.

La respuesta de Shapovalov fue orgullosa. Apretó los dientes en el segundo set, sobrevivió a los juegos clave y, esta vez, fue él quien manejó mejor el desempate: 7-5. El partido se equilibraba, pero el desarrollo dejaba una huella clara: cada vez que Shelton conectaba primeros saques en cadena, el canadiense sufría.

El propio Shelton reconoció la montaña rusa emocional de esa manga: “Ese segundo set fue duro. Estaba sacando para el set dos veces y terminé perdiéndolo cuando sentía que tenía el control. Tuve que resetear y reenfocarme. Era importante ganar los dos siguientes y no estar aquí en una guerra de cinco sets. Estoy contento con cómo me recuperé”.

La reacción llegó justo cuando más falta le hacía.

El servicio como martillo, la noche como aliada

En el tercer set, el partido se rompió. El nivel de Shapovalov bajó un escalón; el de Shelton, no. El estadounidense olió sangre y se lanzó a por ella. Su servicio, rápido y profundo, empezó a dictar el ritmo. Los juegos al saque se acortaron, los intercambios se inclinaron a su favor y el 6-2 cayó casi sin que el canadiense pudiera agarrarse a nada.

El cuarto set trajo el golpe definitivo: un quiebre temprano que entregó el control del marcador al estadounidense. Con ventaja en la mano, Shelton manejó los tiempos, eligió bien los momentos para arriesgar y cerró el triunfo poco después de las 2:08 de la madrugada local, con la sensación de que aún tenía gasolina para más.

No fue solo un partido ganado. Fue una declaración de madurez en el escenario más grande del tenis.

Camino áspero hasta los cuartos

El trayecto de Shelton en este US Open no ha sido un paseo.

En primera ronda, bajo los focos del Arthur Ashe Stadium, se midió por primera vez a Tallon Griekspoor. Los nervios se notaron. En apenas 28 minutos, el neerlandés se había llevado el primer set por 6-1 y parecía tener la noche bajo control.

Shelton, sin embargo, cambió el guion. Ajustó, apretó desde el fondo y, empujado por el público, encadenó juegos, se puso 2-0 arriba en el segundo set y, a partir de ahí, manejó el encuentro con una autoridad creciente hasta sellar la remontada.

En segunda ronda, el examen subió de nivel con Hubert Hurkacz al otro lado de la red. El estadounidense arrancó desatado: primer set en 32 minutos y un demoledor 85% de primeros saques dentro. Hurkacz reaccionó, le quebró en el momento justo y se llevó la segunda manga por 7-5, pero Shelton mantuvo el pulso.

En el cuarto set, con 6-5 a su favor, no dudó. Aprovechó su bola de partido y se metió en tercera ronda, consolidando sensaciones y confianza.

Todo eso desembocó en la noche ante Shapovalov, y en el billete a unos cuartos de final que ya no sorprenden a nadie.

Tsitsipas, cuentas pendientes tres años después

El próximo obstáculo tiene nombre ilustre: Stefanos Tsitsipas. El griego, ex número 3 del mundo, espera el domingo en un duelo que llega con las jerarquías invertidas.

La última vez que se vieron las caras fue hace tres años en Cincinnati. Entonces, Tsitsipas era número 4 del ranking y Shelton aparecía como número 41, todavía en fase de irrupción. Ganó el griego en dos sets apretados, con la sensación de estar frenando a un talento emergente.

Hoy el tablero ha cambiado. Shelton es número 9 del mundo, el estadounidense mejor clasificado del cuadro, mientras Tsitsipas pelea desde fuera del top 50 por recuperar terreno y prestigio.

El partido del domingo será el segundo cuarto de final de Grand Slam para Shelton este año, después de alcanzar esa misma ronda en el Abierto de Australia. Allí dio el aviso. En Nueva York, con el público de su lado y una generación entera buscando romper la sequía, el escenario es otro.

La pregunta ya no es si está preparado para estos partidos. La pregunta es hasta dónde piensa llegar en este US Open.