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Dallas Mavericks: nueva era con Ujiri y Dusty May

Los Dallas Mavericks ya no son ese proyecto silencioso que se cuece a fuego lento lejos de los focos. Están cambiando de piel. Y lo están haciendo desde arriba, con decisiones que dibujan un plan claro: volver a ser una potencia del Oeste, aunque el camino pase por sacrificar presente para blindar el futuro.

Ujiri llega, Kidd se va, y nace una nueva era

El primer gran movimiento no fue en la pista, sino en los despachos. Patrick Dumont, gobernador de la franquicia, cerró una larga búsqueda con un golpe de efecto: entregar el mando de las operaciones de baloncesto a Masai Ujiri, el arquitecto del anillo de 2019 de Toronto Raptors.

La llegada de Ujiri trajo consecuencias inmediatas. Decidió poner fin a la etapa de Jason Kidd y apostar por Dusty May, recién coronado campeón de la NCAA con Michigan. Un giro rotundo: de un técnico veterano de la NBA a un entrenador que viene del baloncesto universitario en plena cresta de la ola. Un mensaje nítido: este proyecto se construye pensando en la próxima década, no solo en la próxima primavera.

En paralelo, Dallas movió fichas para reforzar su rotación con jugadores listos para aportar desde ya. En un complejo traspaso a seis bandas, los Mavs incorporaron al ala-pívot Santi Aldama, al base Marcus Sasser y al exterior Tarik Biberovic, veterano de Euroliga. Además, la franquicia se hizo con un antiguo número 1 del draft dentro del acuerdo que envió a Luguentz Dort desde Oklahoma City Thunder a Atlanta Hawks.

No son nombres de relumbrón mediático, pero sí piezas que encajan en una misma idea: rejuvenecer, abaratar y abrir espacio para la próxima estrella de la casa, Cooper Flagg.

El elefante en la habitación: ¿qué hacer con las estrellas veteranas?

Ahí aparece el gran debate del verano en Dallas: el futuro de Kyrie Irving, P.J. Washington y Daniel Gafford. Los tres han demostrado que pueden rendir en un equipo con aspiraciones de título. El problema no es el talento. Es el calendario y es el dinero.

La franquicia entra en una fase de transición en la que necesita rodear a Flagg de un núcleo joven y sostenible, al tiempo que aligera una masa salarial que apunta demasiado alto para un equipo que se está rearmando. En ese escenario, Irving ocupa un lugar especial: su condición de superestrella y su capacidad para guiar a un talento adolescente como Flagg hacen que, si hay que elegir, la prioridad sea mover a otros antes que a él.

Todos los focos se posan entonces sobre el juego interior. Gafford y Washington son los candidatos lógicos a salir. Hay demanda de hombres grandes en la liga, y Dallas necesita tanto minutos para sus jóvenes interiores como margen financiero para no encadenar contratos pesados que condicionen el proyecto.

Nueva York mira al interior… y a Dallas

Mientras tanto, en Nueva York, el campeón sufre una baja que duele tanto en la pista como en el orgullo: Mitchell Robinson se marcha a Boston Celtics como agente libre. Se va a un rival directo y deja a los Knicks con un vacío evidente en la pintura, con Karl-Anthony Towns como única referencia fiable en la posición.

En ese contexto surge un escenario de traspaso que encaja necesidades por ambos lados:

  • Mavs reciben: Mikal Bridges
  • Knicks reciben: Daniel Gafford y Caleb Martin

Sobre el papel, Dallas se desprendería de dos veteranos y ganaría flexibilidad futura en el tope salarial, mientras que New York se haría con un pívot de nivel contrastado para explotar el pick-and-roll con Jalen Brunson, además de sumar a Martin, un jugador con historial probado en playoffs.

Para los Knicks, hay un incentivo añadido: están peligrosamente cerca del segundo apron y este acuerdo les permitiría recortar más de 6 millones de dólares en masa salarial mientras incorporan un pívot titular y otro exterior útil en contextos de alta exigencia.

Es un escenario hipotético, sí, pero responde a una lógica clara: Dallas quiere aligerar su frontcourt y New York necesita tamaño y presencia interior sin disparar aún más la factura.

Gafford, en el escaparate… pero con precio de estrella

El nombre de Daniel Gafford lleva meses en conversaciones de despacho. No es casualidad. Los Mavericks tienen más de 300 millones de dólares comprometidos en su juego interior y, aunque no es un problema inmediato, sí lo será cuando Santi Aldama y el novato Morez Johnson Jr. pidan lo que siempre piden los buenos jóvenes: minutos y, con el tiempo, grandes contratos.

Según el insider Brett Siegel, Dallas ya ha tanteado el mercado con Gafford este verano. La franquicia incluso lo incluyó en conversaciones en el contexto de un posible movimiento por Klay Thompson, pero nada llegó a cuajar. Hablaron con varios equipos sobre la posibilidad de traspasar al pívot de 27 años. Tampoco ahí hubo acuerdo.

Una parte clave del bloqueo está en el precio. Siegel informó que los Mavs buscan una primera ronda a cambio de Gafford. En un mercado con escasez de pívots fiables, esa petición no es descabellada. Pero sí eleva el listón lo suficiente como para frenar a varios pretendientes.

La sensación es clara: más pronto que tarde, alguien acabará aceptando pagar por un interior en plenitud física, con impacto inmediato y contrato razonable. Si no ocurre antes del cierre de mercado, Dallas tendrá que decidir si rebaja sus exigencias o mantiene a Gafford, aun sabiendo que cada minuto suyo en pista es un minuto menos para los jóvenes que deben sostener el proyecto de Flagg.

La apuesta ya está hecha: una nueva dirección en los despachos, un banquillo renovado, talento joven entrando por todas las puertas y veteranos asomados a la rampa de salida. La pregunta, en realidad, ya no es si los Mavericks van a cambiar, sino cuán rápido se atreverán a romper con el pasado para acelerar el futuro.