Dane Sweeny y su viaje en el US Open: Dolor y Oportunidad
El viaje de Dane Sweeny en el US Open terminó antes de lo que él mismo imaginaba, pero no antes de cambiarle la carrera. El australiano cayó en tercera ronda ante el italiano Luciano Darderi, cabeza de serie número 21, por 6-4, 6-3, 6-3, en un duelo marcado por las molestias de cadera y por la amarga sensación de haber dejado tenis sobre la mesa.
Sweeny, número 123 del mundo, fue atendido por un problema en la cadera durante el partido y nunca encontró el ritmo que lo había impulsado hasta la segunda semana virtual del torneo. Frente a un Darderi sólido, sin estridencias pero implacable, el australiano se quedó sin respuestas.
“Ha sido una semana increíble, una semana que me cambia la carrera, pero no puedo evitar sentirme un poco decepcionado con la actuación de hoy”, reconoció después.
No habló de excusas. Habló de sensaciones. De una sincronía que no apareció. “No estaba sintiendo el timing ni el ritmo como venía haciéndolo. Cometí muchos errores baratos y eso fue bastante frustrante”.
No era solo perder. Era cómo. Sweeny quería llevar a Darderi al límite, obligarlo a sufrir cada punto. “Estaba bien con perder un partido, pero realmente quería ponerlo a prueba y traer un buen nivel para hacer de esto una auténtica batalla. Ganara o perdiera, quería hacerle trabajar de verdad por la victoria y no pude hacerlo”.
De invitado de última hora a protagonista
Su presencia en el cuadro principal ya era una historia en sí misma. Sweeny entró al US Open casi por la puerta de servicio: dos bajas de última hora permitieron a Tennis Australia reasignar el wildcard recíproco que inicialmente había ido a parar a Alexei Popyrin. De estar fuera, a colarse entre los 32 mejores de un Grand Slam por primera vez en su carrera.
El contexto australiano amplificaba aún más su papel. Tras la sorprendente derrota de Alex de Minaur en segunda ronda ante Botic van de Zandschulp, Sweeny se quedó como el último representante del país en individuales en Flushing Meadows. La derrota ante Darderi dejó a Australia sin un jugador en la segunda semana del US Open por primera vez en cinco años. Un dato que pesa.
Aun así, el balance es contundente: primera aparición en cuadro principal en Nueva York, tercera ronda y un cheque de 402.500 dólares que le cambia el mapa profesional. Más entrenadores, mejor equipo de trabajo, más margen para planificar una temporada completa sin mirar cada factura.
“El aspecto financiero ayudará con el coaching y con la gente con la que viajas”, explicó. No son palabras vacías: para un jugador que pelea desde fuera del top 100, ese dinero es combustible puro para seguir en la carretera.
Los puntos también cuentan. Con esta actuación, Sweeny subirá de forma provisional hasta el puesto 109 del ranking. El siguiente objetivo es evidente: romper la barrera del top 100 antes de final de temporada. Si lo consigue, entrará de forma directa en el cuadro del Australian Open por primera vez en su vida.
“Eso también es emocionante. Pero eso se cuidará solo”, apuntó, tratando de desviar el foco de la clasificación. “Es difícil no preocuparse por eso porque estamos adoctrinados para querer ese número bajo al lado de nuestro nombre, pero puedo centrarme en trabajar duro, en mejorar. Sobre todo en ser muy amable conmigo mismo y tratar de disfrutar del viaje”.
El resultado duele. El camino, no. Y ahí se construyen carreras.
Golpe a la ilusión local en Nueva York
Mientras Sweeny cerraba su aventura, el US Open vivía un giro brusco para el tenis estadounidense. La jornada dejó fuera a tres finalistas pasados del torneo y encendió las alarmas entre los aficionados locales.
En el cuadro masculino, Taylor Fritz, noveno cabeza de serie y finalista el año pasado, pareció tenerlo todo bajo control. No había perdido un solo set en el torneo y arrancó con autoridad ante Francisco Cerúndolo: 6-3, 6-4 y sensación de trámite. Pero el argentino cambió el guion a base de golpes pesados y convicción. Se llevó los tres siguientes parciales por 6-3, 6-4, 6-4 y firmó la remontada de su vida en Nueva York.
Para Fritz, fue su eliminación más temprana en cuatro años en el US Open. Para Cerúndolo, el premio mayor: primera clasificación a octavos de final en este Grand Slam.
En el cuadro femenino, el panorama no fue mejor para las locales. Madison Keys, finalista en 2017, llegó a tener el partido en la mano ante Zheng Qinwen. Dominó el primer set por 6-1 y en el tercero se escapó 5-0. La historia parecía escrita. Pero el tenis tiene memoria corta y margen para lo imposible.
Zheng, que pelea por salir de un bache en su carrera, encadenó una reacción descomunal: remontó ese 0-5 en el set definitivo y acabó ganando 1-6, 7-6 (7/3), 7-5. Se desplomó sobre la pista, desbordada por la emoción. No era solo una victoria. Era una declaración de que sigue ahí.
Su próximo obstáculo será máximo: la campeona de 2022 y ex número uno del mundo, Iga Świątek. La polaca superó a Marie Bouzková en un duelo tenso, decidido por un doble 7-6 (7/3, 7/3), y mantiene su candidatura viva en un cuadro cada vez más abierto.
Tampoco pudo salvar la jornada Amanda Anisimova. Décima cabeza de serie y finalista el año pasado, volvió a chocar contra un 2024 áspero en los grandes escenarios. Cayó 6-2, 7-5 ante Anastasia Potapova y se despidió sin encontrar el giro de guion que tanto busca esta temporada.
Entre tanto golpe, una sola luz para el público estadounidense: Coco Gauff. La campeona defensora del US Open cumplió con autoridad, sin adornos pero sin temblores, ante la española Cristina Bucșa: 6-3, 6-4 y billete a la tercera ronda sellado con solvencia.
Nueva York se queda sin varias de sus caras más reconocibles antes de tiempo. Entre decepciones, remontadas imposibles y carreras que se reinventan como la de Dane Sweeny, el torneo vuelve a recordar una verdad sencilla: en Flushing Meadows, nadie tiene garantizado el mañana.






