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Ferrari tropieza en Monza: Gasly sorprende y deja a Leclerc y Hamilton detrás

En Monza, donde cada error se amplifica por el eco de la grada roja, Ferrari volvió a tropezar con lo que más teme: su propia ejecución. Charles Leclerc y Lewis Hamilton arrancarán el Gran Premio de Italia desde la tercera y cuarta posición tras la sanción a Oscar Piastri, pero el mensaje que dejaron tras la clasificación fue inequívoco. El coche daba para más. El muro, no.

El juego del rebufo… perdido

En un circuito como Monza, el rebufo es oro. Las rectas largas convierten la clasificación en un ejercicio de coordinación milimétrica: quién tira, quién se beneficia, en qué vuelta, con qué distancia. Los equipos ensayan trenes, parejas, estrategias cruzadas. Un error de sincronización y la vuelta se esfuma.

Ferrari, delante de su público, no logró encajar las piezas.

Leclerc y Hamilton solo pudieron firmar el cuarto y quinto mejor tiempo en pista, a dos décimas de un inesperado poleman: Pierre Gasly con Alpine. Demasiado margen para un equipo que había apuntado más alto y que, sobre todo, había diseñado la sesión para explotar al máximo el rebufo.

Para colmo, ambos habían coqueteado antes con el desastre. Los dos Ferrari quedaron al borde de la eliminación en Q2. Hamilton pasó por apenas 0,001 segundos frente al Audi de Gabriel Bortoleto. Un suspiro. Un parpadeo. Y el siete veces campeón del mundo se habría quedado fuera.

“Una sesión muy dura, en términos de conseguir consistencia, y al final no lo hicimos”, admitió Hamilton. “No ejecutamos bien”.

Desorden en el garaje rojo

El británico explicó con claridad dónde sintió que se rompió el plan. Su primer intento en Q1 le dejó buenas sensaciones. Lo suficiente como para guardar neumático. El problema llegó después.

“En Q2 tenía que hacer push–cool–cool–push”, detalló. Una secuencia clásica: vuelta rápida, dos de enfriamiento, otro ataque final. Pero el guion saltó por los aires. “Como Charles no quería salir, fueron retrasando, retrasando, así que solo tuve una vuelta de push. Y básicamente esa fue toda la sesión”.

Un simple desacuerdo de sincronización entre compañeros, amplificado por la presión del reloj y el tráfico de Monza, terminó condicionando todo el sábado de Ferrari.

Leclerc, por su parte, fue todavía más contundente. No solo habló de desorden. Habló de problemas, en plural.

“Hemos tenido demasiados problemas”, reconoció. En Q2, el monegasco sufrió un fallo importante en la batería que dejó al equipo a contrapié. “Lo entendimos, lo medio arreglamos para Q3, pero fue una sesión desordenada”.

En un trazado donde las diferencias se miden en centésimas, cualquier tropiezo cuesta caro. “Cuando quieres ir a buscar las últimas centésimas, tenemos que ser perfectos como equipo y no lo hemos sido. Tenemos que mirar qué está pasando”, reclamó Leclerc.

Gasly, la ejecución perfecta

Mientras Ferrari se peleaba con el cronómetro, Alpine clavó la jornada. Gasly, que ya había intercambiado impresiones con Leclerc el día anterior sobre los secretos de las curvas 6 y 7, aprovechó cada detalle.

“Le hablé ayer a Pierre y me estaba preguntando algunas cosas de las curvas 6-7. Pensé: ‘con Pierre puedo compartir cosas’… y hoy nos ha batido a todos por la pole”, relató Leclerc con una mezcla de ironía y admiración.

El francés firmó una de esas poles que sacuden el paddock. “Estoy muy contento por Pierre. Creo que es una gran, gran sorpresa para todos, pero demuestra que con estos coches, especialmente en circuitos como este, si haces todo perfecto puede marcar una diferencia enorme”, subrayó el piloto de Ferrari.

Leclerc no se escondió: no cree que Alpine tenga el mejor monoplaza. Cree que hizo el mejor trabajo. Y en Monza, donde el rebufo, el momento de pista y la coordinación pesan tanto como la potencia del motor, eso basta para cambiar el orden establecido. “No creo que tengan el mejor coche, pero han hecho el mejor trabajo hoy y, en una pista como esta, eso marca una diferencia mucho mayor que en otros circuitos”.

Un consuelo en la parrilla… y una deuda con la grada

En medio de la frustración, Ferrari encontró un pequeño alivio administrativo. La sanción de tres posiciones a Oscar Piastri por molestar a Liam Lawson en la primera curva reordenó la parrilla y pintó de rojo la segunda fila: Leclerc arrancará tercero, Hamilton cuarto.

Sobre el papel, la situación no es dramática. Desde la segunda fila, con una salida limpia y una buena gestión del rebufo en la recta principal, Ferrari aún puede soñar con la victoria ante su Tifosi. La carrera es larga, 53 vueltas, y Monza siempre guarda algún giro inesperado.

Pero el sabor que dejó la clasificación fue otro. El de una oportunidad desaprovechada. El de un coche que apuntaba a la pole y un equipo que no supo rematar.

En un templo como Monza, donde cada error se magnifica y cada éxito se recuerda durante décadas, Ferrari se ha puesto presión extra para el domingo. El margen se ha reducido. La grada ya hizo su parte.

Ahora le toca al muro demostrar que ha aprendido la lección.