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Gasly logra una histórica pole en Monza y termina con 27 años de sequía francesa

En Monza, donde los mitos se escriben a 340 km/h, Pierre Gasly encontró por fin su día perfecto. Nueve años persiguiendo una pole. Nueve años en el pelotón, entre dudas, cambios de equipo y proyectos a medio hacer. Y justo aquí, en el templo de la velocidad, el francés de Alpine detuvo el crono antes que nadie.

Por 0,060 segundos.

Suficiente para dejar detrás a George Russell y a un paddock entero que no había visto venir esto de ningún modo.

Un golpe sobre la mesa… desde el centro del pelotón

Gasly, cuyo único triunfo en Fórmula 1 también llegó en este escenario en 2020 con el equipo junior de Red Bull, volvió a hacer de Monza su territorio. Esta vez, con un Alpine renacido y un giro de guion que nadie tenía en el libreto: pole position por delante de Mercedes y McLaren.

Russell se quedó a un suspiro. Oscar Piastri colocó el McLaren tercero. Detrás, los Ferrari de Charles Leclerc y Lewis Hamilton, cuarto y quinto pese a estrenar motor. Max Verstappen, con una sesión desordenada, no pasó del sexto puesto. Lando Norris, atrapado en el tráfico y en el error ajeno, cayó al noveno lugar.

En medio de todo, otro dato clave: el líder del campeonato, Kimi Antonelli, solo pudo ser séptimo y, con la sanción de 30 posiciones por cambiar motor, saldrá desde el fondo de la parrilla. Una oportunidad de oro para Russell que se convirtió en una pequeña herida deportiva al ver un Alpine por delante.

Un día después del golpe más duro

La pole de Gasly llega, además, en un contexto casi cruel. Veinticuatro horas antes, el francés perdía su tercer puesto del Gran Premio de Mónaco, después de que el Tribunal de Apelación de la FIA confirmara una sanción que arrastraba desde junio. De podio a nada.

La respuesta fue inmediata. Un sábado impecable, una clasificación en la que, desde el primer giro en la Q1, se sintió cómodo, fue puliendo detalles y acabó firmando la vuelta de su vida. Él mismo lo reconoció: llevaba nueve años persiguiendo una pole y la encuentra en el mismo lugar donde logró su primera victoria.

Con esta vuelta, Gasly se convierte en el primer francés en lograr una pole en un Gran Premio desde Jean Alesi con Benetton, también en Monza, en 1997. Casi tres décadas después, el himno francés vuelve a asomarse al primer puesto de la parrilla en Italia.

Russell, entre el ajedrez y el rebufo

Todo apuntaba a Russell. Con Antonelli condenado al fondo por la sanción, el británico de Mercedes era el gran favorito para mandar en la clasificación. El propio equipo había utilizado buena parte de la sesión a Antonelli como liebre, dándole rebufo a su compañero para exprimir la velocidad punta en las rectas de Monza.

Ni con esa ayuda le bastó.

Russell terminó segundo, solo 0,12 segundos por delante de Piastri, y con la sensación de haber dejado escapar algo más. Explicó que arrancó su última vuelta demasiado cerca de Verstappen, que levantó el pie antes de la Parabolica para no ser el coche que tirara del grupo en aire limpio. Ese pequeño desajuste en la coreografía del rebufo terminó costándole caro.

El detalle ilustra el juego fino de Monza: aquí no basta con tener coche, hace falta elegir el metro exacto en el que empiezas la vuelta.

Piastri se reencuentra, Norris paga la factura

Para Oscar Piastri, el tercer puesto sabe a alivio. Tras varias carreras complicadas, el australiano encontró ritmo y confianza, y lo hizo con una vuelta fuerte a la primera. Esa fue la que valió. En el último intento, lideraba el grupo en pista, con Norris detrás, una posición ingrata en un circuito donde todos quieren ir a rueda de alguien.

Llegó a la primera chicane al límite. Demasiado. Bloqueo de frenos, recto y escapatoria. Sesión terminada.

El error arrastró a Norris, que llegó a la zona de frenada justo detrás, se vio condicionado y ya en el primer sector estaba cuatro décimas por detrás. No pudo remontar el tiempo y cayó del séptimo al noveno lugar. Un castigo severo para McLaren, que tenía ritmo para más.

Ferrari, ruido de motor nuevo y pocas nueces

Ferrari llegaba a la clasificación con un arma nueva: motor actualizado, teóricamente capaz de rascar una décima por vuelta. Sobre el papel, suficiente para estar en la pelea por la pole. En la pista, la historia fue otra.

Hamilton se salvó por milímetros en la Q2: solo 0,001 segundos le separaron de Gabriel Bortoleto, que rozó la eliminación del siete veces campeón del mundo con el Audi. El británico soltó un exabrupto por radio al ver la diferencia en la pantalla. Había pasado por la mínima.

En la Q3, los Ferrari no tuvieron respuesta. Leclerc fue cuarto en sus dos intentos, sin margen para atacar a los tres de delante. Hamilton, noveno en su primer giro, mejoró en el segundo, pero solo para quedarse a 0,007 segundos de su compañero. Dos coches en el top 5, sí, pero lejos de la explosión que esperaban con el nuevo propulsor.

Alpine, de la cola al escaparate

La pole de Gasly tiene un contexto que la hace todavía más llamativa. Alpine llegó a 2025 herida. El año pasado terminó última en el campeonato, atrapada en un proyecto que no avanzaba ni en chasis ni en motor. La llegada de Flavio Briatore como asesor ejecutivo removió los cimientos.

El italiano, siempre polémico, convenció a Renault para cerrar su programa de motores al final de la pasada temporada y apostar por unidades de potencia Mercedes como cliente. A la vez, el equipo dejó prácticamente congelado el desarrollo del coche de 2025 para concentrarse en el salto reglamentario de este año.

La apuesta era arriesgada. El arranque de temporada fue prometedor, con Alpine asomando en la zona alta de la zona media, pero con el paso de las carreras otros equipos fueron trayendo mejoras y el equipo francés volvió a descolgarse.

En Zandvoort, hace una semana, estrenaron un gran paquete aerodinámico. El debut fue discreto: Gasly solo pudo clasificar undécimo. Nada hacía pensar en una explosión inmediata. Sin embargo, en Monza el francés se ha mostrado sólido desde los entrenamientos libres, siempre cerca de los mejores, siempre con la sensación de tener algo más en el bolsillo.

Ni siquiera dentro del garaje se creían candidatos a la pole pura y dura en este circuito. Y, sin embargo, aquí están. Gasly lo resumió con una frase simple: el resultado ha superado todas sus expectativas.

Un piloto que se niega a desaparecer

La historia de Gasly en Fórmula 1 ha sido, hasta hoy, la de un talento obligado a remar a contracorriente. Subido a Red Bull en 2019, bajado a mitad de temporada a la estructura junior, condenado a sobrevivir en la zona media con Toro Rosso primero y después con AlphaTauri. Siempre competitivo, casi nunca con coche para más.

El fichaje por Alpine en 2023 parecía la gran oportunidad: un equipo de fábrica, un proyecto a largo plazo. Lo que llegó fue un coche inestable, un motor por detrás de la competencia y un año de frustraciones que terminó con el equipo en el último puesto del campeonato.

Que hoy, en ese mismo proyecto, Gasly firme una pole en Monza, viva a pocos kilómetros en Milán y se dirija en italiano a la grada tifosa, añade una capa emocional evidente. El piloto que nunca terminó de encontrar su sitio en la élite se ha fabricado, a base de paciencia, una nueva puerta de entrada.

Mañana, cuando se apaguen los semáforos, saldrá desde el lugar que todos sueñan. Con Russell respirándole en la nuca, con Piastri al acecho, con Verstappen y los Ferrari esperando su momento. Con Antonelli obligado a remontar desde el fondo, la carrera se abre como pocas veces.

La pregunta ya no es si Gasly merecía una oportunidad más arriba. Es si esta pole puede ser el punto de inflexión que cambie, por fin, el rumbo de toda su carrera.