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Inglaterra y su nueva cuadrilla de 2025

Marcus Trescothick sabe exactamente cómo suena. Cómo huele. Cómo se siente un ataque que cambia el rumbo de una era. Él estaba ahí en 2005, cuando Stephen Harmison, Matthew Hoggard, Simon Jones y Andrew Flintoff pulverizaron a Australia y recuperaron la Ashes. Y ahora, sentado como seleccionador interino, mira a Ollie Robinson, Jofra Archer, Gus Atkinson y Josh Tongue… y ve ecos muy claros de aquel verano.

No es una comparación que haga a la ligera.

“Tenemos mucha calidad real”, dijo Trescothick, recordando a “Harmy, Fred, Simon y Hoggy”. “Se pueden hacer fácilmente esas comparaciones”. Palabras grandes de alguien que vivió el original desde dentro.

De la crisis al giro de timón

Inglaterra venía de una racha lamentable: solo dos victorias en diez Tests. El final del ciclo de Ben Stokes como capitán dejó un vacío doble. Se marchaba el líder emocional y, con él, el hombre que equilibraba el XI con su presencia como all-rounder. Joe Root regresó a la capitanía, pero la gran pregunta era otra: ¿cómo recomponer el equipo sin Stokes?

La respuesta, por ahora, ha sido brutalmente directa: cuatro seamers puros, sin spinner especialista. Dan Lawrence aporta algo de off-spin ocasional, pero el plan es claro. Cuatro lanzadores rápidos, todos protagonistas.

El resultado inmediato: dos victorias seguidas ante Pakistán, primera serie ganada desde 2024 y una sensación de reseteo que se percibe en cada sesión.

Un cuarteto con contrastes… y colmillo

Archer, Tongue y Atkinson ponen el fuego. Los tres pueden rozar las 92 millas por hora. Son el rugido. La intimidación. El tipo de ritmo que la era Stokes–Brendon McCullum convirtió en seña de identidad.

Robinson es otra cosa. Opera muchas veces por debajo de las 80 mph, con el wicketkeeper subido a los stumps, casi encima. No impresiona por velocidad, sino por precisión quirúrgica y esa capacidad de hacer mover la pelota cuando otros ya han perdido vida en el pitch. Este verano lleva 23 wickets a una media asombrosa de 8,3. No es un complemento. Es el pegamento.

“Tenemos un buen contraste en lo que intentamos hacer ahora mismo”, explicó Trescothick. “Tres tipos lanzando a 92 millas por hora es algo muy agradable de tener en tu arsenal, y te da una gran potencia en lo que buscas”.

La clave, para él, está en el tiempo compartido. Cuanto más jueguen juntos, cuanto más se acostumbren a atacar en bloque, más se parecerá este grupo a aquella unidad de 2005 que funcionaba casi por instinto.

El eco de 2005… y el aviso de Vaughan

El entusiasmo no es solo interno. Michael Vaughan, capitán de aquella Inglaterra campeona de la Ashes, escribió el lunes que este ataque solo puede compararse de verdad con el de 2005 cuando gane una gran serie. El listón está claro.

Pero Vaughan añadió algo más: ve en este cuarteto la capacidad de hacer “algo realmente especial” y de recuperar la Ashes el próximo verano. No es un cumplido menor viniendo de quien gestionó a Harmison, Hoggard, Jones y Flintoff en su apogeo.

Por ahora, Inglaterra se conforma con un objetivo más inmediato: cerrar un 3-0 ante Pakistán.

Edgbaston espera el golpe final

El tercer Test en Edgbaston arranca el 9 de septiembre. En Birmingham se jugará el broche de una serie que ha cambiado el tono alrededor de este equipo. La lista definitiva para ese partido se anunciará en los próximos días, pero la intención de Trescothick es transparente.

“Lo primero es que quiero ganar la serie 3-0”, dijo el técnico, de 50 años. “Si quieres hacerlo, quieres jugar con el equipo más consistente posible”.

En Lord’s hubo siete seamers en la convocatoria. Brydon Carse estaba en la lista, pero fue retirado tras un incidente fuera de una discoteca en Derby. No se espera que vuelva a ser considerado hasta que terminen las investigaciones de la policía y del Cricket Regulator.

Sin Carse, los relevos de la rotación son Sam Cook, Sonny Baker y Matthew Fisher. Entre los tres suman solo cuatro caps de Test. Es tentador darles minutos. Trescothick, sin embargo, dejó entrever que no es el momento de hacer experimentos.

“Tenemos que ver cómo se recuperan todos de este partido”, apuntó. “Ahora tienen cuatro o cinco días de descanso, que no han tenido desde hace tiempo por lo apretado del calendario. Cuando sepamos eso, tomaremos la decisión, pero el énfasis está, de forma enorme, en ganar la serie 3-0”.

Un verano, dos eras

Trescothick, puente viviente entre 2005 y 2025, ha detenido la caída justo antes del relevo definitivo: Stephen Fleming tomará el mando en invierno. Lo que deje este interinato puede marcar el punto de partida de la próxima etapa.

Si este cuarteto se consolida, las comparaciones con Harmison, Hoggard, Jones y Flintoff dejarán de ser un ejercicio de nostalgia para convertirse en exigencia. Porque una cosa es oír los ecos del pasado. Otra, muy distinta, es volver a levantar la Ashes con un ataque que haga temblar a Australia.