Jai Opetaia se prepara para un combate crucial en Las Vegas
Jai Opetaia llega a Las Vegas con algo más que buenas sensaciones. Llega con el peso de un campamento brutal en Phuket sobre los hombros y con la certeza de que el sábado, en el T-Mobile Arena, frente a Noel Mikaelian, no solo se juega una pelea: se juega el rumbo de toda su división.
El invicto peso crucero australiano comparte cartel con el evento encabezado por Ryan Garcia y Conor Benn, pero su historia viaja por un carril propio. Durante semanas se aisló en Tailandia, entre humedad asfixiante, dobles sesiones y una rutina diseñada para romper límites más que para pulir detalles.
Phuket: calor, golpes y cabeza
Opetaia montó su base en Phuket junto a su padre y entrenador, Tap, el veterano técnico irlandés afincado allí John Hutchinson y el preparador físico Mark “Den” Donovan. El grupo no viajó a Tailandia solo para afinar un plan contra Mikaelian. Fue algo más profundo. Una reprogramación mental.
Tap lo admite sin rodeos. El año ha sido duro, lleno de trabas fuera del ring, pero el objetivo nunca se movió: convertirse en campeón mundial indiscutido del peso crucero. Ni siquiera cuando la política del boxeo empezó a dinamitar el camino.
Hubo un momento en el que el propio padre dudó en voz alta.
“Quizá dejamos esto así, nos vamos y ya está”, le dijo a Jai.
La respuesta del hijo cortó la conversación de raíz: “No, papá. Escucha. No vamos a dejar lo que empezamos solo por política. Vamos a terminarlo”.
Ese diálogo marcó el tono del campamento.
A las 11 de la mañana, en el primer entrenamiento que presenció el periodista, Opetaia ya había completado su carrera matutina y estaba de vuelta en el gimnasio para la segunda sesión del día. Entrenar en pleno mediodía tailandés, con el calor pegando como un rival más, era casi un castigo. Justo lo que el equipo quería.
“Para Jai es todo mental. Todo es mental en el boxeo”, explicó Donovan. “Nuestro objetivo es empujarlo, llevarlo a cierto nivel mental”.
Tap coincide. Ve la mente de su hijo como una de sus mayores armas.
“Puedes tener todo el talento del mundo, ser genial en todo lo que haces, pero si tu mentalidad no sigue lo que hace tu cuerpo, todo se desmorona. El 95% es nuestra mentalidad”, sentencia. “Es como tener un coche que se ve muy bien, pero con un motor malo. Se ve bien, pero no irá a ninguna parte. No va a ninguna parte”.
Durante la semana, la rutina se repitió sin concesiones. En una sola sesión, Opetaia llegó a completar 21 asaltos de manoplas, repartidos en bloques de cuatro con tres diferentes portadores de paos. Donovan apretó la condición física, Tap bajó el ritmo para corregir detalles técnicos, y Hutchinson trabajó con él detrás de la guardia, afinando potencia y precisión. El australiano también compartió guantes y sudor con su hermano menor, Elvis, que se unió al campamento.
Títulos, sanciones y un año enredado
Todo ese trabajo en Phuket llegó en uno de los periodos más enrevesados de la carrera de Opetaia. En marzo, la IBF retiró su sanción para la pelea ante Brandon Glanton, cuando ya estaba claro que también estaría en juego el nuevo cinturón crucero de Boxxer. Opetaia dominó a Glanton a placer, ganó por amplia decisión en 12 asaltos, y poco después fue despojado oficialmente de su título IBF.
Como si no bastara, el enredo con el CMB añadió otra capa de frustración. El organismo había ordenado a Noel Mikaelian defender su corona crucero frente a David Benavidez en mayo. Sin embargo, Mikaelian aceptó antes el combate con Opetaia, dejando en el aire aquel cruce con Benavidez y abriendo un nuevo frente político. A día de hoy, el estatus de Opetaia ante el CMB sigue sin estar del todo claro, incluso con la pelea del sábado a la vuelta de la esquina.
Para Tap, todo este embrollo es la prueba de lo difícil que puede ser convertirse en campeón indiscutido incluso cuando se gana, se convence y se mantiene la racha.
“Hay tanta política en esto que no tenemos control. Solo hacemos lo nuestro. Pelearemos con quien sea, con quien nos pongan delante”, asegura.
Perder el cinturón IBF fuera del ring no ha cambiado lo que significan los títulos en casa.
“Esos cinturones sostienen el peso. Eso es por lo que empezamos”, dice Tap cuando le preguntan si los últimos meses han modificado su visión sobre las correas mundiales. “No, no realmente. Yo lo he visto desde que era un niño. Él lo ha visto desde que era un niño”.
Benavidez en el horizonte y la tentación del peso pesado
Hay un nombre que aparece una y otra vez cuando se habla del futuro de Opetaia: David Benavidez.
Durante una sesión de fuerza en Phuket, Tap sacó el teléfono y mostró un vídeo de Benavidez trabajando el saco pesado. Lo hizo con la naturalidad de quien mira más allá de la próxima campana. Cree que una pelea entre su hijo y el excampeón supermedio podría producirse el año que viene.
“Sí, cien por cien. Si esa pelea ocurre, nos disparará al siguiente nivel”, afirma Tap sin titubeos.
El plan, insiste, pasa por unificar y después subir.
“Tenemos asuntos pendientes aquí. Pero nuestro plan es subir a peso pesado, así que cuando nos movamos a peso pesado, estoy seguro de que será por la unificación”.
Antes de cualquier salto, antes de cualquier Benavidez, antes de soñar con los gigantes del peso pesado, hay un obstáculo claro: Noel Mikaelian.
Y ahí está la clave del campamento. Por más que en las charlas aparezcan escenarios futuros, Tap vio muy claro que el equipo no miraba más allá del 21 de septiembre.
“No pasamos por encima de nadie. Cualquiera con el que peleamos es peligroso”, advierte. “Vamos con un plan, marcamos todas las casillas. Mark hace su trabajo, el preparador físico y de fuerza. Yo hago lo mío, el boxeo”.
Hay algo más que insiste en subrayar: respeto.
“Si algo importa, es el respeto. Respeto al deporte, respeto a los atletas. Están pasando por la misma lucha, intentando alimentar a sus familias”, apunta Tap.
El sábado, en Las Vegas, Jai Opetaia sabrá si todo ese sufrimiento en el calor de Phuket encuentra recompensa inmediata o si la política del boxeo vuelve a interponerse en su camino. Por ahora, su respuesta es sencilla: concentrarse en lo que tiene delante, hacer su trabajo… y luego, moverse. ¿Quién será el siguiente?






