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Japón se convierte en un nuevo foco para el cricket mundial

En los mapas tradicionales del cricket, Japón apenas aparecía. Hoy, sin embargo, se ha convertido en una pieza estratégica para el International Cricket Council (ICC). No por su palmarés, sino por algo que el deporte moderno valora tanto como el talento: la capacidad de organizar grandes eventos.

Un país que ha albergado los Juegos Olímpicos en 2021, el World Aquatics Championship, el World Athletics Championships y que ahora se prepara para los Asian Games no puede pasar desapercibido. El ICC lo sabe y acelera.

El plan del ICC: de invitado exótico a sede potencial

William Glenwright, GM – Development del ICC, lo explica sin rodeos. La apuesta con Japón va mucho más allá de un par de partidos y algunas clínicas de desarrollo. Es un proyecto de fondo.

Parte del plan estratégico es trabajar con las autoridades japonesas para que el país pueda, algún día, albergar grandes torneos del ICC. No se habla de inmediato. Se habla de “años más adelante”, de la posibilidad real de que Japón llegue a ser sede o co-sede de un Youth World Cup dentro de un programa más amplio.

Para eso, hace falta algo más que entusiasmo. Hace falta músculo organizativo, estadios, logística, experiencia con selecciones de élite. Y ahí entra en juego un gesto que, sobre el papel, parece menor, pero que en la práctica es enorme: India viajando a Japón para disputar un T20I ante el equipo número 41 del ranking mundial.

Para el ICC, esa visita es oro puro. Glenwright lo detalla: no solo mejora el nivel competitivo del combinado japonés, también obliga a la Japan Cricket Association (JCA) a operar al estándar que exige recibir a las campeonas del mundo. Gestión de sedes, seguridad, medios, transmisión, todo. Si algún día Japón quiere un gran evento del ICC, tendrá que demostrar que puede manejar ese tipo de exigencias. Y este es un ensayo general.

Japón ya no es un sparring

Los números empiezan a respaldar el discurso. La selección masculina japonesa ha pasado de ser una nota a pie de página a un equipo que compite y gana.

En 2022 disputó siete encuentros T20I: cinco victorias, dos derrotas. En 2023 jugó ocho (cuatro triunfos, cuatro caídas). El salto llegó en 2024: 25 partidos, 18 ganados, solo seis perdidos y uno abandonado. En 2025, 11 choques (seis victorias, cinco derrotas) y, en lo que va de 2026, 10 duelos con un balance de ocho triunfos y dos caídas.

No son solo cifras infladas ante rivales débiles. Japón ha firmado victorias ante Kuwait (23º del ranking), Bahrain (27º) y Papua New Guinea (22º). Señales claras de que ya no se presenta para “cumplir el calendario”.

El equipo femenino sigue una curva similar, quizá aún más llamativa. En 2022 perdió sus cuatro partidos. En 2023, cuatro triunfos en 16 encuentros. En 2024, el punto de inflexión: 10 victorias y solo cuatro derrotas en 14 partidos. En 2025, siete triunfos y cuatro caídas en 11 choques. En 2026, cinco partidos, tres ganados, dos perdidos. De comparsa a rival incómodo en apenas cuatro años.

El efecto pantalla: Japón se asoma al mundo

El ICC también ha movido ficha en el terreno que hoy manda: las pantallas. Por primera vez, retransmitió en directo partidos seleccionados en YouTube y Facebook en mercados emergentes clave. El experimento funcionó.

En Japón, las emisiones superaron los 1,1 millones de visualizaciones entre ambas plataformas. En las retransmisiones en idiomas no ingleses por YouTube, se registraron 201.000 visualizaciones en Japón e Indonesia. De ese total, el 58% (118.000) llegó desde las emisiones en japonés. El resto se repartió entre hindi y urdu.

En Facebook, el patrón fue aún más claro: 252.000 visualizaciones en esos dos territorios, con el 70% consumido en japonés. El mensaje es directo: cuando el cricket se ofrece en su idioma, Japón responde.

Los datos encajan con la percepción de vestuario. Mai Yanagida, capitana de la selección femenina, lo siente en la calle y en el entorno del equipo. Reconoce que Japón “no es una nación de cricket como India”, pero subraya que en los últimos años la conciencia y la popularidad del deporte han crecido. Espera ver más público, más curiosos, más ruido alrededor de su selección. Y, sobre todo, sueña con competir de tú a tú con una potencia.

India, un sueño hecho partido

Ese sueño se hace realidad en los Asian Games. Japón debutará ante India el viernes por la mañana (hora IST). No es un cruce más del calendario. Es un choque que puede marcar una generación.

El vestuario japonés llega al duelo conociendo de memoria a su rival. Han seguido a las indias en la reciente Asia Cup, han consumido la WPL, han visto cómo levantaban el título continental. Saben perfectamente a quién se enfrentan.

Yanagida define el partido con una palabra: irreal. Nunca antes se habían medido a India. Ahora compartirán campo con jugadoras a las que han admirado desde la distancia. Intimidante, sí. Pero sobre todo excitante. Más que miedo, curiosidad por ver de cerca ese nivel, por medir cuánto se ha acortado la distancia.

Asian Games: el laboratorio perfecto

Para el ICC, los Asian Games son mucho más que una medalla en el medallero. Son un laboratorio de desarrollo.

Glenwright lo desglosa en dos grandes ejes. Primero, el acceso. Los Juegos Olímpicos tienen un límite de participantes muy estricto. En cambio, los Asian Games y otros juegos regionales permiten que más miembros del ICC vivan la experiencia de un evento multideportivo de alto nivel. Más selecciones, más partidos de verdad, más roce internacional.

Segundo, el dinero. Estar en un programa multideportivo abre la puerta a financiación pública, recursos de comités olímpicos nacionales y patrocinadores que, sin ese paraguas, no mirarían al cricket. Y, con ello, llegan más oportunidades competitivas.

El impacto ya se ve en el mapa japonés. Gracias a los Asian Games, el país cuenta ahora con un segundo campo internacional. Al histórico escenario de Sano se suma Nagoya. Dos instalaciones de estándar internacional cambian el juego: a partir de ahí, Japón entra en la conversación como sede potencial de torneos importantes del ICC, donde al menos dos sedes de primer nivel suelen ser requisito básico.

Un terreno bajo la lupa… y aprobado

No todo ha sido aplausos. Bajo la órbita del Asian Cricket Council (ACC), los Asian Games han arrastrado informes críticos sobre aspectos de la sede. No sobre el césped, sino sobre las zonas para atletas, vestuarios, áreas de prensa y espacios auxiliares.

El ICC, sin embargo, se muestra tranquilo. Ya organizó allí un clasificatorio de World Cup a principios de año. Los informes internos son claros: el campo y el outfield están en excelente estado. Si no, no habrían llevado allí un torneo de ese calibre.

Las preocupaciones del ACC sobre instalaciones para deportistas y medios, según las últimas actualizaciones que maneja el ICC, están en proceso de ser resueltas. Lo esencial, la superficie de juego, responde al nivel que exige un evento de esta importancia y a las selecciones que participan.

Mientras Japón se prepara para mirar de frente a India en el campo, el ICC observa algo más grande que un marcador: un país que empieza a entender el cricket, a consumirlo, a jugarlo… y a soñar con organizarlo. La pregunta ya no es si Japón puede entrar en el mapa del cricket global. La pregunta es cuán rápido va a escalar dentro de él.